La partitura del silencio en el amor
Cuando a alguien le salía de la boca la palabra amor, me venían a la mente mil chicos, guapos, mariposas en el estómago… Esa era mi yo de antes, me costò trabajo entender que el amor va más allà de todo eso,el amor es tan simple, el amor se trata de encontrar a esa persona con la cuàl puedes estar en silencio clavando vuestra mirada en vuestro paisaje favorito sin sentir que tienes que buscar un tema de conversación para llenar ese silencio. Antes de salir con un chico siempre buscaba en internet temas de conversación por si nos quedamos en silencio, no estar incómodos, pues no, con la persona correcta no hará falta esa tontería, con la persona correcta disfrutaras cada silencio que compartes con él, donde puedes escuchar como vuestra respiración se sincroniza, donde puedes escuchar el latido de su corazón, creía que el amor siempre se trataba de sentir mariposas cuando haces contacto visual, o se acerca alguien que te gusta, pero me costó demasiado entender que el verdadero amor no se mide por lo rápido que ha ido cada latido de tu corazón con él, se trata de la paz y tranquilidad que sientes con la otra persona,sin la necesidad de llenar ningún vacío…
No ha sido muy fácil para mi entender esto y más, pero gracias el chico que llego a mi vida que me ordeno todo ese caos que yo era en persona, lo entendí, y entiendí a disfrutar cada pequeño momento con las personas que amo,el amor no siempre se trata de hacer mil aventuras…es simplemente ver la sonrisa de la persona que amas y que él/ella pueda ver la tuya, con él entendí que el amor te buscará a ti en el momento adecuado, la vida te regala la persona adecuada en el momento adecuado, pero mientras esperas, en vez de desesperarte, tú también tienes que convertirte en la persona adecuada de la otra persona, todos aquellos momentos que me regaló esa persona, y la forma en que me ha hecho cambiar radicalmente mi percepción de las cosas, siempre me va a tocar el corazón, y llenar cualquier vacío que haya en mi corazón con mis recuerdos junto a él, su manera de ver la vida desde que lo conocí se volvió mi propia adicción, mi droga.
El timbre del instituto siempre sonaba a libertad, pero para nosotros era el inicio de una cuenta atrás. Caminábamos despacio, estirando los metros como si así pudiéramos detener el reloj. Al llegar a la esquina donde nuestras calles se separaban, siempre hacíamos lo mismo, nos dábamos la espalda, dábamos diez pasos y, sin aviso, nos girábamos a la vez.
Ahí estábamos, riéndonos de nuestra propia incapacidad de marcharnos. Yo era un caos de hormonas y decisiones impulsivas; él era la calma que yo aún no sabía que necesitaba.
Y así, entre silencios y miradas que lo decían todo, fue como empezamos a escribir nuestra propia partitura. Una que empezó en la puerta del instituto y que pretendíamos terminar una década después.