Capítulo 1. PRIMER ASALTO
OLIVIA
No debería estar aquí.
Y, desde luego, no debería estar viéndolo a él.
Pero una vez más mi hermano me había convencido para venir a una de esas estúpidas peleas a las que tanto le gustaba acudir, como no, a ver al arrogante de su mejor amigo.
Una insufrible pelea más a la que asistir ya que Mía, mi mejor amiga, que está irremediablemente colada por mi hermano, no desaprovechaba ni el más mínimo plan para poder acercarse a él. Aunque mi hermano está interesado en otro tipo de mujeres... más, como decirlo... experimentadas y sin compromisos.
Pero allí estaba yo,una vez más, observando cómo dos hombres se golpeaban en un aparcamiento, cargadode un aire denso donde se mezclaba el olor a sudor y a gasolina.
¿Y esto iba a hacerme sentir mejor? Pues no, después de haber tenido una discusión más con Paul esto era lo último que necesitaba. Pero ya estaba cansada de quedarme siempre en casa en un ambiente deprimente después de todas y cada una de las veces que discutíamos. Me sumergí en mispensamientos dejándome llevar por las numerosas peguntas que se me pasaban porla cabeza... ¿Qué habíamos hecho mal? ¿Cuándo habíamos dejado de entendernos? ¿En qué punto habíamos dejado de ser nosotros?...
En ese momento un clamor de victoria me sacó de mis cavilaciones y pude ver como alzaban a Mateo vencedor entre la multitud. Con esa sonrisa socarrona y su pelo negro enmarañado por la previa pelea.
En ese momento sus ojos grises se cruzaron con los míos y sentí que se detuvo el tiempo por un segundo, hasta que de repente Mía, emocionada, tiró de mi dejándonos llevar por la marabunta de gente que sedirigía en manada con el campeón, todavía en brazos, a otra zona del aparcamiento la cual estaba preparada con un pequeño escenario y una barra para abastecer al gentío.
Nos abrimos paso a la barra, como pudimos, entonces Mía levantó la mano al camarero y gritó...
- Dos cervezas, por favor. – Sonrió y el camarero asintió de lejos.
- Me tomaré una y me iré a casa, es tarde y mañana tengo que trabajar.
- Venga Oli no seas sosa –Dijo Mia con voz de decepción. – No te vendrían mal un par de copas y distraerte un poco, trabajas mucho y tienes los estudios controlados. Es viernes y mañana hasta las 15:00 no entras a trabajar. – Intentó convencerme con cara de súplica, juntando las manos como si estuviera a punto de rezar.
- Está bien...pero no me iré tarde, y solo me quedaré para asegurarme de que estas bien y no haces nada de lo quepuedas arrepentirte mañana.
Entonces Mía se puso a saltar como si el destino, por una vez, hubiera decidido ponerse de su lado.
Mia era mi mejor amiga desde que nos conocimos en nuestra primera clase de primaria. También ayudó que viviéramos en el mismo barrio de Málaga y, casi sin darnos cuenta, con el paso de los años terminamos volviéndonos inseparables.
Ella había llegado a mi vida como un torbellino de locura, inesperada e imposible de ignorar. Con su melena larga y rojiza y unos ojos verdes esmeralda que desafiaban al mundo con una mezcla de fuego y ternura, parecía caminar siempre un paso por delante de todo y de todos. Admiraba esaparte de ella, siempre tan segura de sí misma, sin miedo a que puedan pensar los demás.
Brindamos con las cervezas y no dirigimos a la pista de baile donde se encontraban mi hermano y Mateo rodeados de mujeres y alcohol. Y allí estaba él con esa sonrisa arrogante, ocupando el centro de todo, como si el mundo le debiera atención, cosa que yo nunca estuve dispuesta a darle.
Se me acercó mi hermano dando tumbos por la pista, me pasó el brazo por los hombros y me dedicó una sonrisa.
- Hermanita, relájate y disfruta, es viernes, hemos ganado la pelea y con ella un buen pellizco de dinero –. Dijo tambaleándose mientras alzaba la copa que llevaba en la mano.
- Hugo, no me gusta que apuestes en peleas, no siempre se gana y un día de estos vas a conseguir meterte en problemas.
Me pasó un billete de cien euros con una sonrisa pícara y me animó.
- Para que te tomes algo y te diviertas–. Me revolvió el pelo y desapareció entre la multitud.
Mientras tanto Mía coqueteaba en la barra con un chico alto, moreno y de aspecto elegante, nada común en ese ambiente. A Mia no había nada ni nadie que se pudiera resistir a ese encanto tan arrollador.
Noté como un calor se apoderaba de mi espalda sintiendo que se acercaba alguien detrás de mí, entonces un ardiente susurro se acercó a mi oído en forma de reto.
- ¿Has disfrutado de la pelea, o solo has venido para asegurarte de que sigo siendo mejor de lo que crees? –Dijo Mateo con voz irónica.
- Que seguridad tan encantadora – vacilé–.Pero no sabía que necesitaras público para convencerte de ello – Añadí girándome lo justo para encontrármelo de frente.
- Se de lo que soy capaz, cariño – Una media sonrisa apareció, sutil, casi provocadora.
- Entonces no deberías de ir por ahí comprobándolo–respondí sin apartar la mirada–. Podrías llevarte una sorpresa, y no de las que te gustan.
Di un paso más cerca, dejando un segundo antes de continuar.
- Aunque no me importaría ser esa persona que te desvele la verdad.
Mateo dio un paso más acortando el pequeño espacio que había entre nosotros, sonrió burlón y añadió.
- ¿A si, y cuál es tu verdad?– Dijo fijando sus ojos grises en los míos.
El aire entre los dos se volvió más denso, cargado de una tensión casi difícil de ignorar, su sonrisa, aún presente, había cambiado sutilmente, ya no solo era una sonrisa burlona, sino también escondía algo de curiosidad... e incluso algo más difícil de descifrar.
- Mi verdad... – repetí en voz baja como si el peso de las palabras no quisiesen salir de mi boca. Estábamos tan cerca que era capaz de notar el ligero aroma a alcohol y al perfume tan idéntico que le encantaba utilizar.
En ese momento volví en mí y lo aparté de un empujón, ¿Que me había pasado? me erguí y le espeté:
- ¡Mi verdad es que no te soporto! – Me di media vuelta y lo dejé con su sonrisa burlona suspendida en el aire.
Salí apresurada en busca de mi amiga, la cual seguía interesada hablando y riendo con el moreno de vestimenta elegante. Me acerqué a ellos y me pedí otra cerveza con objetivo de olvidar lo que había pasado hacía un segundo con Mateo.