Albus Potter y el legado maldito. Lo que ocurrió entre las sombras

Summary

"¿Y si no todos estamos destinados a caminar en la luz, sino a pertenecer a las sombras?" Explora la historia de El Legado Maldito como nunca antes se había contado. Olvida los resúmenes y los guiones apresurados; vuelve a recorrer los pasillos de Hogwarts y camina junto a Albus Potter, descubriendo los secretos que la historia oficial decidió callar. Para Albus, ser el hijo del "Niño que sobrevivió" significa calzar unos zapatos imposibles de llenar. Cargar con el peso asfixiante de una leyenda es su mayor condena, y al llegar al colegio, se enfrenta a un destino que nadie esperaba: el Sombrero Seleccionador lo reclama para la casa de Slytherin. En esta primera parte, "Las corrientes del agua", nos sumergiremos en su primer año. No solo serás testigo de sus clases, sino de sus miedos más profundos, sus retos más crudos y una aventura que nace en lo más oscuro del Lago Negro. Aquí, cada detalle cuenta, cada mirada de desprecio duele y cada descubrimiento cambia el rumbo de la magia para siempre. Porque ser un Slytherin es mucho más que un estigma; es entender que la ambición, cuando nace del dolor, puede convertirse en la magia más poderosa de todas. Acompaña a Albus en el pacto que lo cambió todo. Porque la lealtad tiene un precio... y la oscuridad nunca se queda sin cobrar.

Genre
Fantasy
Author
RoigRoger
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

La estación de King’s Cross hervía como una olla a punto de desbordarse. El aire vibraba con el choque de maletas, el silbido lejano de los trenes y el murmullo incesante de despedidas apresuradas. El suelo de piedra resonaba bajo el golpeteo de cientos de zapatos, y el olor metálico del hierro y el humo se mezclaba con el perfume de la multitud.

En medio de aquella marea humana, dos carritos rebosaban de equipaje y jaulas que traqueteaban con cada bache.

James Potter empujaba el suyo con entusiasmo despreocupado. Había en su andar una arrogancia inconsciente, la certeza de que ser un Potter bastaba para conquistar cualquier espacio, y la estación no era excepción.

—Sabes que es completamente posible —murmuró James en tono bajo y burlón, con una sonrisa que parecía hecha para irritar a su hermano.

Albus, en cambio, caminaba junto al su carrito con pasos más pesados, como si cada metro lo acercara a un destino que no estaba seguro de querer enfrentar.

Detrás de ellos, Ginny avanzaba con calma, los ojos atentos a cada gesto de sus hijos. Harry, con Lily subida sobre los hombros, no apartaba la vista de Albus, percibiendo en su postura una tensión que le resultaba demasiado familiar.

—¡Papá! —soltó Albus de pronto, con un deje de frustración—. ¡No para de repetirlo!

Harry suspiró suavemente.

—James... déjalo ya.

James sonrió, con cara de quien pretendía parecer inocente.

—Solo dije que podría tocarle Slytherin. Y la verdad es que...

Ginny lo miró de reojo, con esa mirada que bastaba para cortar cualquier comentario. James levantó las manos de inmediato.

—Vale, vale.

Albus bajó la mirada, incapaz de responder. El miedo, creciente en su interior, le susurraba una pregunta que no se atrevía a formular: ¿y si James tenía razón?

Ginny lo notó al instante y se inclinó hacia él con ternura.

—Todo va a estar bien —dijo con suavidad—. Ya verás que vas a disfrutar mucho tu tiempo en Hogwarts.

—¿Me van a escribir, verdad? —preguntó Albus, con una súplica en la mirada.

—Claro que te escribiremos —respondió Ginny con calidez—. Todos los días, si quieres..

Albus negó con la cabeza rápidamente, con un gesto brusco que revelaba más de lo que quería admitir.

—No... todos los días no. James dice que lo normal es que tus padres escriban una vez al mes. No quiero que...

Harry frunció el ceño, recordando las cartas que habían llenado la casa el año anterior.

—El año pasado le escribíamos a tu hermano tres veces por semana.

Albus levantó la cabeza, sorprendido, y lanzó una mirada acusadora a James.

—¿Qué? ¡James!

James soltó una risa baja, claramente satisfecho consigo mismo. Ginny negó con la cabeza, divertida pero firme.

—No todo lo que dice tu hermano sobre Hogwarts es verdad.

—¿Podemos irnos ya? —interrumpió James, impaciente, tamborileando los dedos sobre el carrito.

Pero Albus no se movía. Miró primero a su padre, luego a su madre, y por un instante el ruido de la estación pareció desvanecerse, como si todo el bullicio se hubiera detenido para esperar su decisión.

Ginny le sostuvo la mirada con suavidad.

—Lo único que tienes que hacer es caminar recto hacia la pared entre los andenes nueve y diez.

—¡Qué emoción! —exclamó Lily desde los hombros de Harry, agitando los brazos como si ya estuviera volando hacia Hogwarts.

Harry apoyó una mano firme sobre el carrito de Albus.

—No te detengas —dijo en voz baja—. Y no tengas miedo. Si dudas, podrías chocar.

Albus tragó saliva. El muro, sólido e imposible, lo esperaba al fondo, y por un instante se sintió más alto y más pequeño al mismo tiempo.

—Estoy listo —dijo, aunque no estaba seguro de que fuera verdad.

Harry apretó ligeramente el carrito, transmitiéndole fuerza. Ginny hizo lo mismo con el de James. Y entonces, como si se lanzaran juntos a un secreto invisible, toda la familia avanzó hacia la pared, decidida a atravesar lo que para los demás no era más que ladrillo y piedra, pero que para ellos significaba el comienzo de un nuevo capítulo.