PRÓLOGO
En el museo de Hailing Cove, el lugar en el que me crie, hay un cuadro escondido de las miradas de los turistas.
Está en la planta baja a la derecha, detrás del pasillo que conduce al jardín interior.
Cuando era pequeño, solía sentarme a mirarlo durante horas.
Intentaba dibujarlo en mis cuadernos.
Recuerdo que una vez conseguí sacar a mamá del recorrido habitual para que me acompañase a verlo.
Y ella arrugó la nariz y me condujo de nuevo ala sala principal mientras decía: «Jungkook, el arte no es arte si la gente no lo entiende».
Yo tampoco descifré lo que el artista quería transmitir hasta años después.
Pero me di cuenta de que sucedía lo mismo con las personas.
La primera vez que lo vi, fue justo eso lo que pensé.
Era como el arte.
Pocos lograron entenderlo, pero quienes lo hicieron saben que nunca encontrarán a nadie que los haga sentir igual.