Capitulo 1
Valeria y Luna entraron al colmado de la esquina como siempre: pegadas la una a la otra, sin importar quién las mirara. Valeria, con su larga melena roja cayendo en ondas salvajes sobre su espalda musculosa, llevaba un top negro ajustado que apenas contenía sus pechos firmes y sus abdominales marcados. Luna, con su cabello azul corto y desordenado, caminaba con el brazo alrededor de la cintura de su novia, sus bíceps hinchados rozando la cadera de Valeria a cada paso. Sus leggings negros se pegaban a sus culos redondos y duros como piedra, el resultado de años levantando pesas juntas.
El señor del colmado, un hombre mayor de bigote canoso, las miró por encima de las latas de bebida isotónica mientras ellas buscaban las proteínas y las aguas con electrolitos. Estaban tan cerca que sus caderas se tocaban, y Valeria tenía la mano metida en el bolsillo trasero del legging de Luna.
—Muchachas… ¿son pareja o qué? —preguntó el hombre con una sonrisa pícara, entregándoles el cambio.
Valeria giró la cabeza, sus ojos verdes brillando con descaro.
—Sí, señor. Es mi novia —respondió sin titubear, y antes de que Luna pudiera decir algo, le dio una nalgada suave pero firme en ese culo perfecto y redondo que tanto le gustaba. El sonido seco resonó en la tiendita. Luna soltó un gemidito de sorpresa y se mordió el labio, sus mejillas poniéndose tan rojas como el cabello de Valeria.
—Valeria… —susurró Luna, pero su voz ya sonaba cargada de deseo.
Pagaron, salieron riendo y se subieron al carro directo al gimnasio 24 horas que quedaba a tres cuadras. El aire acondicionado del auto no podía enfriar el calor que ya les corría por las venas.
Llegaron al gym pasadas las once de la noche. El lugar estaba casi vacío, solo un par de chicos en las pesas libres al fondo. Las dos se cambiaron rápidamente en el vestuario, pero ya se miraban con hambre. Valeria no pudo resistirse y, mientras Luna se ponía el top deportivo, le apretó las tetas por detrás y le mordió el cuello.
—Quiero follarte ya —le susurró al oído.
Entrenaron duro durante casi una hora. Pesas, sentadillas, hip thrusts… cada repetición hacía que sus cuerpos sudados brillaran bajo las luces fluorescentes. Los músculos de Valeria se marcaban como cuerdas bajo su piel, sus abdominales formando un six-pack perfecto. Luna flexionaba los brazos mientras hacía curls, sus venas hinchadas y sus hombros anchos. Cada vez que se miraban, sus coños palpitaban dentro de los leggings empapados de sudor.
No aguantaron más.
—Al baño —ordenó Valeria, agarrando la mano de Luna con fuerza.
Cerraron la puerta del baño de mujeres con seguro. Era un espacio amplio, limpio, con espejos grandes y un banco largo contra la pared. Apenas entraron, Valeria empujó a Luna contra la puerta y la besó con violencia. Sus lenguas se enredaron, calientes y húmedas, mientras sus manos grandes y fuertes se recorrían los cuerpos musculosos. Valeria le apretó las tetas por encima del top, pellizcándole los pezones duros hasta que Luna gimió dentro de su boca.
—Quítate esa mierda —gruñó Valeria.
Le arrancó el top a Luna y bajó el legging de un tirón hasta las rodillas. El coño de Luna estaba completamente depilado, hinchado y brillando de humedad. Valeria se arrodilló sin perder tiempo, separó esos muslos gruesos y musculosos y hundió la cara entre sus piernas. Su lengua larga y experta lamió el clítoris hinchado de Luna en círculos rápidos mientras dos dedos gruesos se metían hasta el fondo en su coño empapado.
—Ahhh… Valeria… sí, así, córrete en mi boca —jadeó Luna, agarrando la cabeza roja de su novia y empujándola más fuerte contra su sexo.
Valeria chupaba con hambre, sorbiendo los jugos dulces que le corrían por la barbilla. Metía y sacaba los dedos con fuerza, curvándolos para golpear ese punto G que sabía que volvía loca a Luna. Los gemidos de Luna rebotaban en las paredes del baño. Sus piernas temblaban, los músculos de sus muslos se contraían alrededor de la cabeza de Valeria.
—No pares… me voy a correr… ¡me voy a correr en tu cara!
Luna explotó en un orgasmo violento. Su coño se apretó alrededor de los dedos de Valeria, soltando un chorro caliente de squirt que le bañó la boca y el pecho. Valeria siguió lamiendo hasta que Luna dejó de temblar.
Ahora le tocaba a ella.
Se levantaron y Valeria se sentó en el banco, abriendo las piernas como una reina. Luna se arrodilló entre ellas, le bajó el legging hasta los tobillos y admiró ese coño perfecto, grueso y rosado, ya chorreando. Le separó los labios con los dedos y hundió la lengua lo más profundo que pudo, follándola con la boca mientras su pulgar le masajeaba el clítoris hinchado.
—Cómemelo todo, mi puta… —jadeó Valeria, agarrando el cabello azul de Luna y moviendo las caderas contra su cara.
Luna metió tres dedos de golpe, follando a Valeria con fuerza mientras le chupaba el clítoris como si fuera un caramelo. El sonido húmedo y obsceno de los dedos entrando y saliendo llenaba el baño. Valeria arqueó la espalda, sus abdominales marcándose aún más, sus tetas grandes rebotando con cada embestida.
—Más duro… méteme cuatro… ¡así! ¡Joder, me voy a correr!
Valeria se corrió gritando, apretando la cabeza de Luna contra su coño mientras le inundaba la cara de jugos calientes. Su cuerpo musculoso se sacudía sin control.
Pero no habían terminado.
Se pusieron de pie, se abrazaron y empezaron a frotar sus coños mojados uno contra el otro, de pie, besándose con desesperación. Sus clítoris hinchados se rozaban, sus jugos se mezclaban, sus tetas sudorosas se apretaban. Luna metió un dedo en el culo de Valeria mientras seguían frotándose, y Valeria hizo lo mismo con ella. Se corrieron otra vez casi al mismo tiempo, gimiendo en la boca de la otra, sus cuerpos temblando y sus músculos contrayéndose.
Se quedaron abrazadas un rato, recuperando el aliento, besándose suavemente ahora, con cariño.
—Te amo, mi roja —susurró Luna, mordiéndole el labio inferior.
—Y yo a ti, mi azul —respondió Valeria, dándole otra nalgada suave en ese culo que tanto le pertenecía.
Se limpiaron, se vistieron y salieron del baño como si nada, pero con las mejillas sonrojadas y la promesa de que, apenas llegaran a casa, la noche iba a continuar… mucho más fuerte y sin interrupciones.