CAPITULO 1-EL NACIMIENTO
Apenas el sol dejaba esconder lo último de sus lomos y la luna dejaba ver su corona brillante y blanca como los campos de algodón que se daban al norte del país cuando de la Hacienda "Airuza" salieron dos llantos uno de la casa principal en la que las luces de los candelabros dejaban ver las transparentes gotas de la señora Albenia gran señora de la hacienda quien acababa de dar a luz a un pequeño varón de ahí provenía el primer llanto pero en lo mas profundo de las tierras de la hacienda en un jacal de madera cerca de las montañas entre mezquitales Rufina daba al calor de las velas a luz a una preciosa niña, desde esa noche entre los cuentos tazas de café de los peones se corría el rumor de que ahí comenzaba el fin de la hacienda "Airuza".
Los viejos peones contaban que al nacer dos criaturas en la misma tierra uno de ellos sentiría celo del otro por sentirse invadido, pero Bruno el capataz interrumpió diciendo déjense ya de cuentos y a dormir que mañana va a haber mucho trabajo y habrá fiesta en la casa grande por el nacimiento del niño, así que ya holgazanes a dormir y apaguen las velas.
En una gran ventana de la hacienda entre luz tenue estaba don Artemio el dueño de "La Airuza" en honor a su apellido, con un puro en la mano y una taza de café en la otra, cuando le llaman a la puerta, era Remedios el ama de llaves quien traía al doctor y las enfermeras que atendieron el parto de la señora Albenia.
-Que novedades me tienes Remedios
-Con su permiso señor, me acompañan el doctor las enfermeras que atendieron a la señora hay que pagarles
-Si, si por supuesto aquí tienen el cheque y pueden cobrarlo a la brevedad y muchas gracias por su servicio.
Siempre es un placer Don Artemio expresó el doctor y se retiró.
Pero algo más inquietaba al gran señor, y el viento parecía querer atormentarlo puesto que de entre las tierras le trajo hasta sus oídos el llanto de la niña que había nacido en el jacal, y desconociendo el por qué esto inquietaba a don Artemio, Remedios intento sacar sus conclusiones, será que el patrón también tiene miedo de los cuentos de los peones o será que no quiere que una criatura le quite tiempo a una trabajadora, sin más se retiró pensativa del despacho.
Pasados unos minutos se acerco hasta esa ventana un galope fuerte pero a la vez silencioso puesto que nadie se percató de su llegada.
-Buenas noches patrón, expresó el jinete quien iba cubierto hasta las botas por una capucha azul obscuro que apenas se distinguía
-Buenas noches veo que ya ha nacido.
-Así es señor, que quiere que haga?
-Toma págale a la partera y que se largue lo más lejos que le alcance.
-Se hará como ordena patrón, permiso.
Aquel misterioso jinete se regreso por dónde había llegado, y llegando debajo de la copa de un sauce salió una mujer no mayor a 40 años.
-Aquí tienes tu pago ahora lárgate lo más lejos que puedas
-Gracias y dile a don Artemio que no se preocupe que el secreto del trabajito esta a salvo y muere conmigo, mira nomás los ricos creen que con oro se les borra lo podridos que están, pero pues a mí me conviene y como te dije el secretito de la hija bastarda del patrón muere junto conmigo.
-Ya lo creo que si exclamó el jinete.
Y cuando aquella mujer se dio la vuelta, del revólver del jinete salieron dos tiros que impactaron en la espalda de la partera seguido de un galope a toda marcha.
Aquellos estruendos cimbraron de principio a fin las tierras de la Airuza y partió el viento como un machete bien afilado con el que cortaban los racimos de plátano en aquel lugar.
Don Artemio dio un salto en su despacho, los peones como presas asustadas levantaron su mirada hacia donde provinieron los disparos.
Artemio corrió a las caballerizas y salió a todo galope hacia el campamento de los peones, en el trayecto paso cerca del jacal de Bruno y vio las velas encendidas y escuchó la radio en la estación que Bruno acostumbraba.
-Bruno! Bruno! sal de prisa no has escuchado o que rayos te pasa.
-Patrón! exclamó Bruno acomodándose su pistola en la cintura, claro que los escuché justo me dirigía a la casa grande a ver si estaba usted bien.
-Si yo estoy perfectamente, pero como que apenas ibas, si te acabo de mandar a pagarle a la partera.
Un frío recorrió la espalda de Bruno y con los ojos llenos de sorpresa dijo.
-Pero patrón yo no he salido de aquí desde que regrese de apagar el campamento.
-Que acaso me quieres tomar por juguete o piensas que estoy loco?
-No para nada señor pero se lo juro por mi madre que esta en el cielo que yo apenas ahora me he movido de aquí.
Y viéndose el uno al otro corrieron hasta de dónde provinieron los disparos y al llegar ahí la encontraron ahí estaba, aún con las últimas bocanadas de aire y sangrando sin parar.
-Mujer que fue lo que pasó?
-Artemio te desconozco, balbuceo la mujer, desde que te recibí del vientre de tu madre no vi venir esto.
-De que hablas Rogelia?
-Matarme para guardar tu sucio secreto de una hija bastarda con otra mujer que no es Albenia, tu padre se volvería a morir si te viera, pero hasta para eso mandaste a tu capataz a matarme no tuviste el valor de hacerlo tú mismo.
Pero escúchame bien Artemio de hoy en adelante esa niña vengará mi sangre y la descendencia de ella hará sufrir a la tuya y la Airuza quedará estancada y no crecerá más.
Artemio no entendía el por qué aquella mujer quien era partera y chamana del pueblo lo acababa de maldecir si el no tuvo nada que ver.
Con los ojos llenos de confusión y enojo volteo la cara hacia Bruno
-Si tu no fuiste por el dinero entonces quien?
-Lo desconozco patrón apenas iba a salir a revisar por que la partera ya se había tardado y después escuche los disparos.
-Aqui hay algo raro Bruno y tenemos que saber que paso, por lo pronto hay que darle digna sepultura a Rogelia y que nadie sepa que paso.
-Se hará como ordene patrón, si preguntan los peones diré que fueron para espantar un intruso.
En aquella región tanto Bruno, Don Artemio y algunos trabajadores de la Airuza eran conocidos por ser temidos ya que a sus enemigos siempre desaparecían de forma misteriosa y nunca eran encontrados.
Bruno envolvió el cuerpo y se lo llevo lejos de la Hacienda nadie supo mas de Rogelia ni su lugar de descanso, después de todo era la loca del pueblo nadie la extrañaría.