La hija de Jason tood

Summary

Lía todd una niña de 8 años que paso su vida en la calle apostando y metida en peleas callejeras conoce a su padre y su familia llena de superhéroes, ella también quiere ser una heroína llamada outcast

Genre
Action
Author
Aletxa
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
13+

Y aquí estamos

Hola, soy Lía. Esta es la historia de cómo conocí a mi familia llena de superhéroes y logré ser una heroína de Gotham... Pero antes de llegar a los trajes de kevlar y las bati-computadoras, les contaré un poco de lo que hago actualmente.

Después de pasar la noche en vela para que no me robaran lo poco que tengo, escondo la caja de cartón en la que duermo. Me pongo la chaqueta de mezclilla que era de mi madre y salgo a los muelles a probar suerte con las apuestas. Los drogadictos de por aquí son muy tontos y me dan ventaja; en vez de jugar en serio, suelo apostar algunas galletas o encendedores.

Pero esta vez decidí apostar el poco dinero que tenía en los bolsillos: cinco monedas de un céntimo. Qué molesto... debí guardar un poco más en vez de comprar esas galletas amargas de la loca del callejón. Pero esta es la estrategia: lo único que hay que hacer es ver sus reacciones.

El hombre que tengo al frente se ha fumado dos cigarrillos desde que llegué; los usa para calmar la ansiedad, lo que me dice que tiene una buena mano, pero no sabe qué tienen los demás. El que está a mi derecha tiene un tic en el ojo; eso me grita que su mano es horrible, pero subió demasiado la apuesta porque no quiere perder su valioso dinero. Y, por último, el de mi izquierda revisa sus cartas cada 5.4 segundos; está analizando las jugadas ajenas.

Pero yo ya gané esta partida. Tengo un trío de reyes. Vamos a hacerlos pensar un poco.

—Oiga, señor, hasta aquí me llega el olor del cigarro. Le doy un 3/10 porque son de los baratos —le digo al jugador de enfrente.

Él reacciona con molestia mientras los otros dos sueltan unas risitas. Pobre gente.

—Señor, no se ría mucho, que usted tiene miedo de perder su dinero porque tiene una mano espantosa. Lo demuestra su tic en el ojo... pero le doy un 6/10, porque yo también tendría miedo de perder cinco dólares.

A lia le encanta hacer entrar en tensión con la gente, sobre todo con esta "pobre alma en desgracia". El señor se puso pálido cuando vio que una niña de ocho años lo descubrió.

—Y por último, usted —miro al de la izquierda—. No hace falta que se esfuerce pensando qué hacer para ganar, porque ya gané yo. Si me disculpan, me llevo mi dinero. Tranquilos, no fueron muy evidentes, solo tuvieron la mala suerte de jugar contra mí.

Qué ego se carga la niña, ¿no crees? Pero bueno, ¿qué más se puede hacer?

Luego de jugar un rato y cobrar mis ganancias (que no fue mucho), voy a comprar un jugo y más galletas de la señora del callejón. Son malísimas, pero es para lo que me alcanza, así que me aguanto. Mientras como mi almuerzo —que también será mi cena porque volví a quedarme sin blanca—, paso por la "casa" de un señor que me enseña defensa personal. Bueno, más que una casa es un callejón, pero me gusta llamarlo así.

Desde hace más de tres meses un tipo me sigue. Tiene una máscara roja que parece un tomate y una chaqueta de color marrón... o bueno, yo creo que es marrón. Me sigue de un lado a otro, pero no le digo nada porque, cuando no me va bien en las apuestas, me lanza galletas de las caras o un pan. Él cree que no lo noto, pero siento su mirada. A veces me da miedo que me quiera llevar...

Tres años atrás

(Pensamiento de Lía)

No hables. No te muevas. No veas. Haz lo que te pidan o te volverán a golpear. La última vez fue con un bate de béisbol y no quiero que vuelva a pasar. Me quiero ir de este sótano... Pero ese señor me quiere vender y, además, si huyo y me encuentra, me hará lo mismo que a mamá. No quiero morir de esa forma. No sé qué hacer. Escucho unos pasos... ya viene para acá. No quiero que venga, me hará daño. ¿Y si me pide que lastime a alguien? Tengo miedo.

De vuelta al presente

—¡León! ¿Estás aquí o te fuiste a robar? —grito entrando al callejón de mi amigo.

Yo no sabía que se llamaba León, pero qué se le va a hacer... supongo que hasta los informantes necesitan un nombre.

—¡Niña, cierra la puta boca! ¡Hoy no pienso jugar contigo!

Qué grosero cómo trata a Lía, pero la niña parece masoquista.

—Jeje, sí estás, lo sabía. ¿Qué estás desarmando? ¿Un celular?

—Lía, eso es lo que deberías robar, no unas galletas —dice León suspirando—. No sé si eres demasiado inteligente o increíblemente estúpida, no sé ni cómo estás viva todavía. Sí, niña, necesito la tarjeta SIM para revenderla y ganar más.

Este tipo sí tiene experiencia. Qué bien, Lía, aprende de él.

—Um, entiendo. Pero lo puedes hacer después. ¿Qué tal si me enseñas a defenderme un rato? —le pido.

Yo creo que ese señor tiene mejores cosas que hacer que enseñarle a pelear a una pulga, pero bueno.

—Lía, te pondré una misión para que la hagas mañana —dice León de repente—. Sabes que hay una pandilla en los muelles donde sueles jugar. Mañana van a jugar unas personas peligrosas; quiero que juegues contra ellos y les quites todo el dinero que puedas. Y si puedes, algo de la mercancía que tengan, ¿ok?

No creo que sea buena idea, pero yo no tengo voz ni voto en esta historia, así que sea lo que Dios quiera.

—Bien, lo haré. ¿Ellos a qué hora estarán allá? —Al fin una buena pregunta, Lía.

—Deben estar entre las cinco y las siete de la noche, así que pásate por ahí a esa hora.

León, más te vale que no le pase nada a la niña, ¿no ves que está chiquita?

—Bueno, ¡hasta mañana! Tengo que ir al puente antes de que me quiten el puesto —lia dijo saliendo disparada. No le dio ni tiempo a León de despedirse porque salió corriendo como el Rayo Mc... no puedo decir ese nombre porque me demandan.

Y bien, logré llegar a tiempo. No me quitaron el puesto. Mañana será entretenido.

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