Reflejos que el tiempo no borro

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Summary

Una chica sobrevive a un accidente… pero lo único que recuerda… es el rostro de alguien que nadie más vio. Ese recuerdo se convierte en obsesión, arte… y esperanza. Seis años después… el destino la pone frente a ella otra vez. Pero hay un problema:....

Status
Ongoing
Chapters
23
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Chapter 1- El rostro que no debería existir

Dicen que hay recuerdos que no pertenecen a esta vida.

Que llegan sin permiso…

y se quedan como si siempre hubieran sido parte de ti.

Aura nunca creyó en eso.

Hasta aquella noche.

La lluvia caía con una violencia casi absurda, como si el cielo estuviera intentando borrar algo.

Las gotas golpeaban el vidrio del auto con furia, distorsionando el mundo exterior en luces alargadas y sombras que parecían moverse solas.

—Deberíamos detenernos —murmuró Aura, mirando hacia el frente sin apartar la vista.

Su voz era baja, casi perdida entre el sonido constante de la tormenta.

Su padre no respondió de inmediato.

Tenía las manos firmes en el volante, pero sus nudillos estaban tensos.

—Ya casi llegamos —dijo finalmente, sin mirarla.

Aura apretó ligeramente los labios.

No insistió.

Nunca insistía.

El silencio entre ambos no era incómodo…

pero tampoco era cálido.

Era de esos silencios que existen porque nadie sabe qué decir.

O porque ya se dijo todo… y nada cambió.

Un relámpago partió el cielo.

Por un segundo, todo se volvió blanco.

Y entonces—

El sonido.

Un golpe seco.

Metal contra metal.

El mundo girando.

El cinturón clavándose en su pecho.

El vidrio rompiéndose como si fuera agua.

Y luego…

Nada.

Pero no fue oscuridad.

No completamente.

Porque entre ese vacío…

hubo algo.

Una sensación.

Un calor.

Unas manos temblorosas sujetando su rostro.

Una voz.

Lejana… rota… desesperada.

—Oye… oye, mírame… por favor… no te duermas…

Aura no podía moverse.

No podía hablar.

Pero podía ver.

Y lo que vio… no tenía sentido.

Era ella.

Como salida de otro mundo.

Cabello suave cayendo sobre su rostro, ligeramente mojado por la lluvia.

Sus ojos… brillaban, pero no de miedo…

sino de algo más profundo.

Algo que Aura no supo nombrar en ese momento.

Preocupación.

Dolor.

Como si… le importara demasiado.

—Quédate conmigo… —susurró aquella voz.

Las manos que la sostenían eran cálidas.

Delicadas.

Irreales.

Aura intentó decir algo.

Pero su cuerpo no respondió.

Su visión comenzó a desvanecerse.

Las luces se apagaban lentamente.

Y lo último que vio…

fue ese rostro.

Perfecto.

Imposible.

Inolvidable.

Cuando despertó…

todo era blanco.

El sonido de un monitor marcaba el ritmo de algo que aún seguía vivo.

Su respiración.

Su cuerpo se sentía pesado.

Extraño.

Como si no le perteneciera.

Parpadeó lentamente.

Una… dos veces.

El techo del hospital la recibió sin emoción.

—¿Aura? —una voz conocida rompió el silencio.

Giró ligeramente la cabeza.

Su madre.

Con los ojos rojos.

Cansada.

Aliviada.

—Despertaste… —susurró, acercándose.

Aura la observó en silencio.

Algo no encajaba.

Había una sensación…

como si algo faltara.

Como si hubiera dejado algo importante atrás.

—¿Dónde…? —su voz salió quebrada.

Le dolía hablar.

—Tranquila, estás en el hospital —respondió su madre rápidamente—. Tuviste un accidente… pero estás a salvo…

Aura frunció levemente el ceño.

No.

Eso no era lo que quería preguntar.

Había algo más.

Algo urgente.

Algo que no podía ignorar.

—La chica… —susurró.

Su madre se quedó quieta.

—¿Qué chica?

Aura tragó saliva, sintiendo la garganta seca.

—La que… me ayudó…

Silencio.

Un silencio incómodo.

Pesado.

—Aura… —la voz de su madre cambió—. No había nadie.

El mundo se detuvo.

—Sí… —insistió, con un hilo de voz—. Ella estaba ahí…

—No —repitió su madre, esta vez con más firmeza—. Cuando llegaron los paramédicos, tú estabas sola.

Sola.

La palabra cayó como algo frío dentro de su pecho.

No tenía sentido.

Ella la vio.

La sintió.

La escuchó.

No fue un sueño.

No pudo haber sido un sueño.

—Cabello claro… —murmuró Aura, ignorando lo que le decían—. Ropa… rosa…

Sus dedos temblaron levemente sobre las sábanas.

—Me habló…

Su madre la miró con preocupación.

De esa forma en la que los adultos miran cuando creen que algo está mal… pero no saben cómo decirlo.

—Fue el golpe, cariño… —dijo suavemente—. A veces la mente crea cosas para protegernos…

Aura no respondió.

No porque creyera en eso.

Sino porque sabía…

que estaban equivocados.

Esa noche, cuando todos dormían…

Aura no lo hizo.

Miraba el techo.

Pero en realidad…

estaba viendo otra cosa.

Ese rostro.

Cerró los ojos.

Y ahí estaba otra vez.

Más claro.

Más real.

Más presente.

Se incorporó lentamente, ignorando el dolor en su cuerpo.

Buscó algo.

Lo que fuera.

Un papel.

Un lápiz.

Lo encontró.

Y sin pensarlo…

comenzó a dibujar.

Líneas inseguras al inicio.

Trazos torpes.

Pero poco a poco…

su mano comenzó a recordar.

Los ojos.

La forma de su rostro.

La caída del cabello.

La suavidad de su expresión.

Pasaron minutos.

Tal vez horas.

No lo supo.

Cuando terminó…

se quedó en silencio.

Mirando el dibujo frente a ella.

Ahí estaba.

Exactamente como la recordaba.

Perfecta.

Real.

Imposible.

Aura apoyó su frente contra la hoja.

Cerró los ojos.

Y por primera vez desde que despertó…

sintió algo claro.

No estaba loca.

Y no estaba sola.

Porque esa chica existía.

Y algún día…

la iba a encontrar.

Aunque el mundo entero dijera que nunca estuvo ahí.