Condéname solamente a mí

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Summary

Cambié mi locura por tu Ley,Liliana Blackwood.Ahora, condéname solamente a mí." En la Universidad de Moscú, Liliana Blackwood es la estudiante que intenta ser prodigio que inspira con ansias graduarse para ir a un bufete para ser una gran abogada y dar justicia a las injusticias. Hasta que se cruza con Erick Salazar. Él es una obra de arte pálida y cruel, un heredero que se cree superior a los demás. Ella quiere ser una buena persona. Él es el pecado. Mientras Liliana intenta dominar sus clases.Erick la sigue con la mirada desde las sombras del edificio de Comercio con una obsesión que no conoce límites. No importa cuántos escenarios ella tenga que imaginar, él ya ha comprado todos los caminos hacia una salida. Esta es la historia de cómo la mente más brillante de Rusia terminó encadenada al único hombre que no la considera una amiga, sino su obsesión pura. (Es un libro con temas como el abuso,infidelidad,acoso,suicidio,violencia y temas como la mafia,sexo. +16)

Genre
Romance
Author
💫
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

PRIMER DÍA

El día solo tiene 24 horas… y aun así, nunca me alcanzan.

Siete horas en la universidad. Cinco trabajando. Dos limpiando un departamento que apenas siento mío.

El resto lo reparto entre tareas, comida rápida y un cansancio que ya se volvió parte de mí.

Me llamo Liliana, y si sigo este ritmo no es porque quiera… es porque es mi única opción si quiero graduarme y ser abogada.

Conseguir una beca en la Universidad de Moscú no es algo que pase dos veces en la vida.

Aquí solo entran los mejores… y no pienso ser la que se quede atrás.

Mi primer día empezó a las cuatro de la mañana.

El agua caliente cayendo sobre mi piel desnuda fue el único momento donde estaba tranquila.

Frente al espejo, mientras me maquillaba, me observé unos segundos más de lo necesario.

—No puedo fallar —murmuré para mí misma.

Me puse lo primero que me hizo sentir segura: una chaqueta de cuero marrón, pesada, con forro de borreguillo que contrastaba con el frío de Moscú. Debajo, una blusa negra de satén y una falda del mismo tono, con unas botas que me llegaban hasta las rodillas, igual de color negro.

Miré la hora.

Tarde.

—Perfecto… —susurré, tomando mi bolso Longchamp ya preparado desde la noche anterior.

Salí casi corriendo.

El aire frío me golpeó en cuanto puse un pie fuera del edificio.

Caminé rápido hasta el metro, intentando ignorar el nudo en el estómago por no haber desayunado.

Primer día. Nueva vida. Ningún error; al final de cuentas, no soy de este país.

Mientras esperaba el metro, me puse los audífonos.

El metro estaba lleno y tuve que meterme entre cuerpos, sosteniéndome apenas para no caerme; todos estábamos apretados, ni siquiera había espacio.

Ni siquiera había empezado la universidad y ya estaba agotada.

—Qué fastidio… —susurré para mí.

Cuando por fin llegué, me quedé unos segundos inmóvil. La Universidad de Moscú era incluso más grande de lo que imaginaba.

Cuando entré al edificio, en la pared  estaban los horarios ya establecidos y en qué edificio les tocaba a cada uno.

Le tomé foto al horario y mientras buscaba el salón, abrí la puerta de otro salón, esperando encontrar a alguien que pudiera ayudarme.

Y entonces… me detuve.

Un chico y una chica estaban besándose sobre una de las mesas.

No era un beso cualquiera… era uno intenso, descuidado, como si en el mundo no existiera nada alrededor.

Sentí algo raro en el pecho.

¿Envidia?

Desvié la mirada, incómoda.

nunca había sentido algo así.

—¿Necesitas ayuda? —dijo él, separándose apenas, como si yo estuviera allí no le importara en lo más mínimo.

Levanté la mirada 

Y por un segundo, olvidé lo que iba a decir.

No era solo atractivo… era el tipo de belleza que resultaba casi irreal.

Cabello rubio platino, perfectamente acomodado hacia un lado, contrastando con una piel pálida que parecía de porcelana.

Sus ojos azul hielo se clavaron en los míos con una calma inquietante, enmarcados por pestañas tan claras que casi se confundían con su piel.

Era alto. Muy alto . Y su complexión… imposible de ignorar bajo la ropa elegante que llevaba.

Una chaqueta negra de invierno con un cuello de borreguillo claro rodeaba su cuello, dándole un aire sofisticado… pero frío.

Demasiado perfecto.

Demasiado tranquilo para alguien que acababa de ser sorprendido besando a alguien sobre una mesa.

Me quedé callada sin saber si salir corriendo o disculparme por la interrupción 

—lo siento—dije rápidamente—.Me equivoqué de lugar.

—ya me di cuenta—respondió él,con una mirada enojada y fastidiada.

Fruncí el ceño 

—ja,perdón estaba buscando el edificio de derecho—. Dije con una punzada en la cabeza,el.. me irrita.

—Pues estás en otro edificio—dijo mirando a la mujer que todavía estaba en la mesa.

—jaja,si ya me di cuenta me podrías decir dónde está el edificio de derecho—mencioné ya perdiendo la paciencia.

—Tercer edificio. a la izquierda.

Asenti,enojada.

—jaja,Gracias.

Estaba apunto de irme cuando me habló otra vez:

—oye

Me detuve y me giré.

—cierra la puerta.

Apreté mi bolso con fuerza.

—No me lo tienes que repetir.

—Entonces deberías irte ya,¿no crees? o acaso quieres llegar tarde—añadió sonriendo.—no creo que deberías empezar tu primer dia haci.

No respondí nada solamente me fui.

Al llegar al salón me senté en una de las sillas desocupadas al lado de una chica 

—también eres de primer ingreso verdad?—.Pregunto la chica al lado mío.

—Ah.. si.

Asentí,dejando mi bolso sobre la mesa.

—jajaja yo también—respondió—. Soy Ágatha.

—me llamo Liliana.

La clase transcurrió con normalidad conversé mucho,con varias personas y logré hacer amigos en poco tiempo gracias a Ágatha.

Salí de la universidad para ir directo a mi trabajo en una cafetería pequeña.

Me cambié rápido a mi uniforme y empecé a atender, intentando no pensar en nada más que en terminar el día.

Hasta que la puerta se abrió.

Levanté la mirada por costumbre…

Y lo reconocí al instante.

Era él.

Entró como si nada, acompañado de una mujer diferente a la del salón.

Serio. Tranquilo. Como si el mundo no le interesara.

Apreté la bandeja con más fuerza de la necesaria.

—¿Por qué justo hoy…? —murmuré para mí misma.

Y entonces, como si sintiera mi mirada…

Él levantó la mirada.

Y me vio.