El esclavo

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Summary

una alta señorita de sociedad en tiempos de esclavitud, aunque teniendo un prometido con el que pronto se casará, al visitar un burdel sin querer se queda colada de un exclavo, ¿qué pasará en esa relación?

Genre
Drama
Author
sophie
Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Mientras el sol acariciaba su delicada piel esa mañana, la señorita Vera, con sombrilla en mano daba un paseo por la ciudad, acompañada de su dama de compañía.

Ella no solía mucho salir de casa, pero ya se estaba aburriendo de estar encerrada, y todo por su prometido , el joven Dante.

Embobada entre escaparates por las bellezas de vestidos que se exhibían en ellos, otra cosa a parte llamo su atención.

Leyendo en letras grandes, Burdel's Marie, se preguntaba que lugar sería ese.

—karina ¿Qué es ese lugar?

Karina voltea de inmediato, una casona pequeña pintada en color rosa, sonrojandose al leer su nombre también.

— Se...señorita ese es un lugar prohibido.

— ¿Lugar prohibido?—intenta entender aún en su inocencia.

—Es un lugar donde los señores como su padre se relajan— intentaba explicarle de una manera sutil.

— ¿Cómo  un club o  una sala de masajes?— intenta entender.

—No es algo más...

Pero de pronto ella sale corriendo hacia dicho lugar, la puerta estaba abierta , al parecer realizaban limpieza, una especie de escenario, algo lujoso para ella hace que abra los ojos de par en par, deteniéndose de golpe, choca con uno de los que limpiaban, quedando aún más sorprendida.

Un joven alto, musculoso de piel morena, de tez fina, se le asemejaba a un exclavo de los que trabajaban para su padre, pero este era diferente, su tez oscura con sus contrastados ojos celestes la atraparón.

— ¿Se encuentra bien señorita?— le pregunta al verla en el suelo, extendiendole la mano.

—Señorita— karina la llama intentando respirar, al correr tras de ella con algunas compras.

—¿pero que tenemos aquí? Una extraña visita—observandola de pies a cabeza, una mujer mayor, que vestía de manera elegante y seductora—¡Oh! Señorita Vera Olmeda.

— ¡Disculpe! ¿La conozco?— pregunta un poco confundida, aún en el piso , ignorando al hombre que aún le extendía la mano.

Cuando el joven cansado de esperar y verla , se acerca a ella tomandola de la cintura, para levantarla.

—¿Qué estas haciendo?— se sonroja al sentir sus grandes manos en ella.

— Tengo cosas que hacer y no puedo ser descortés delante de mi ama.

— ¿Ama?

— Retírate un momento Bruno, luego sigues tu trabajo.

Èl  obedece de inmediato.

—¿Qué la trae por aquí? Una señorita como usted, no debió entrar a un lugar asi.

— ¿Lugar así?

— Señorita este lugar es...

— Un burdel, señorita Olmeda, un lugar donde los hombres sacian su apetito sexual.

Las mejillas de Vera entonces se tornan rojas, recordando algo que había visto cuando tenía menos edad, que pensó haber olvidado, sabiendo que era eso a lo que se refería la señora.

— ¡Oh! Pero este lugar es diferente, a menudo vienen también señoritas como usted con curiosidad y se quedan—sonríe de forma maliciosa.

— ¡Disculpe! Madame, mi señorita no...

— ¡Oh! Ya entiendo, mil disculpas, pero entonces debería de marcharse, la gente en este lugar tiene la lengua muy larga — le sonríe.

Vera sin decir una sola palabra solo da la vuelta y sale de prisa, con karina tras de ella.

— Señorita, espereme, estas bolsas pesan.

— Date prisa— le ordena, mientras intenta controlar los latidos de su corazón.

Regresando en coche a casa de nuevo al bajar le advierte a karina que no dijese nada de lo ocurrido.

— Así sera—karina asiente.

Dirigiéndose de inmediato a su habitación, tirándose a la cama, cerrando los ojos, de nuevo recuerda lo que vio hace años y lo que su cuerpo ahora sentía a los 19 años, ya no era tan inocente como pensaban.

Su prometido Dante unos meses atrás le había dado una prueba de placer, sin terminarla, ya que ella reaciono recordando que debía de acostarse con él solo hasta ser su esposa.

Pero en ese momento lo deseaba, encerrandose en el baño, bajo el chorro de agua, intentaba calmar ese deseo sola.

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Bruno no se había ido muy lejos y desde donde estaba ,pudo apreciar a aquella joven, cabello rizado, piel fina y delicada, labios carnosos, ojos avellana.

Cuando la tomó por la cintura para levantarla del suelo, una extraña sensación se apodero, sintiendo una fuerte corriente eléctrica.

—Bruno, sigue en lo que estabas— le ordena su ama, minutos después de que aquellas dos visitas se hubiesen marchado.

—Si, señora.

— Tal parece que dejaste enamorada a la señorita Olmeda.

— Solo es una chica curiosa al parecer.

— La curiosidad mato al gato, y quizás en un tiempo la tengas en tus brazos, pagando por tus servicios.

Diciendole esto se acerca a él, tomándolo del mentón, para que la viese a la cara.

— Debieròn de ser tus ojos , o el color de tu piel — mientras le dice roza su brazo—si la embarazas un día sin querer podría ser tu boleto de salida, por que su familia si es importante, no como las otras que vienen.

—Alguien como ella entonces no se fijaría en mi , y debe de tener un prometido, como todas las de su clase.

— Ahora que lo recuerdo creo que si, pero a veces nuestro hombre no nos satisface, por lo que buscamos otro, ahí puedes entrar tú.

— Eso hace el padre de ella también.

— El señor Olmeda — lo nombra recordandolo —uno de mis amantes.

Sonriendo como sintiendose que gano algo, se marcha tarareando.

— ¿Y ahora por que estará felíz?

Se pregunta en voz alta tras verla irse.