Prólogo
Era mi cumpleaños número dieciséis, estaba bastante contenta a pesar de las circunstancias en la que vivíamos, tuve un padre hasta los seis, no recuerdo mucho de él, ha pasado mucho desde que nos abandonó y no deseo saber el porqué, sin embargo, viendo lo que he vivido creo que puedo hacerme una idea.
Me levanté como todos los días para hacer el desayuno de mi hermana y el mío. Ella tenía 10 años, me enteré de su nacimiento un poco después de nos dejaran solas. La verdad ha sido una bendición, sin su compañía no sé qué fuese sido de mí, la veo asomarse en la puerta de la cocina restregándose los ojos aún, era bastante floja para levantarse por las mañanas.
—¡Buenos días, hermanita! —indiqué acercándome a ella abrazándola y darle un beso en su pequeña cabeza.
—¡Feliz cumpleaños, vie! —Me decía ella mirándome con sus ojos verdes parecidos a los de nuestra madre, pero aquí había bondad y amor.
—Gracias mi pequeña, anda a cambiarte mientras hago el desayuno.
—No, hoy me toca a mí consentirte, así que siéntate y mira a tu pequeña gran chef.
Me reí, y mucho, porque sabía que cocinar no era lo suyo, y tuvimos que hacerlo entre las dos, pero fue una linda experiencia para variar. Estábamos haciendo panqueques y terminamos llenas de harina. Hasta que escuchamos la puerta.
—¡Son un auténtico desastre! —Nos gritó desde la entrada—. Limpia toda esta mierda, no quiero este desastre, necesito que todo esté impecable, en la noche tengo visitas.
Y sin más se largó. Sin una felicitación, y sin nada. Anne Lisse, me miró con el dolor impregnado en sus facciones, me dolía mucho como los años transformaron al ser que decía ser nuestra madre, nunca supe cómo explicarle que ella no tenía la culpa, que las cosas eran solo porque sí, pero era algo que yo no podía curar.
Sin más, la poquita felicidad que habíamos experimentado se fue en un instante convirtiendo el momento en algo totalmente incómodo y sin sentido. Estaba cansada de estas sensaciones, de no sentirme a gusto con nada, mi sueño era ser diseñadora, quería crear muchas cosas, pero estaba tan sumergida entre ser madre, ama de casa y estudiante.
Que sentía que cada día, todo se iba perdiendo para mi…
No lo esperaba, de verdad jamás imaginé que mis compañeras me armaran esta sorpresa, el salón estaba adornado con globos, serpentinas y una hermosa pancarta de feliz cumpleaños. Nunca había celebrado mi cumpleaños, solo gracias a Sebas tenía una pequeña torta donde la compartíamos con su familia quienes realmente fueron mi familia y por quienes sabíamos lo que era el amor, aunque supiéramos que no era lo mismo.
El día había mejorado muchísimo, sin decir que el chico nuevo era todo un bombón. Su cabello era todo platinado de un rubio casi blanco, junto con sus ojos marrones con destellos verdes que te dejaban hipnotizada. Solo nos miramos unos segundos, pero lo que sentí, fue algo más allá de lo que soy capaz de explicar.
Pero ya debíamos ir a casa, aunque no quisiera. Allí toda la magia se terminaría, íbamos los tres de camino a mi hogar, Sebástian y yo éramos vecinos, íbamos charlando de lo que había pasado hoy y se lo agradecía muchísimo.
—No tienes nada que agradecer, siempre he lamentado no poder hacer más por ustedes.
—Eres la persona menos indicada para poder sentirte así, cuando prácticamente son ustedes quienes nos han ayudado en todo. Tenemos educación porque también nos incluyeron en su núcleo familiar.
Sabíamos que gran parte de lo que nos daban a nosotras era porque no sé por qué, papá les daba a ellos para que cubrieran nuestros gastos. Mas no sabía el motivo de su ausencia física. Y realmente tampoco me iba a matar por averiguarlo.
—Te voy a pedir un favor, lleva a la niña a tu casa, voy a recoger las cosas para mañana. —Le pedía a Sebas.
—¿Otra vez? —Ya sabía lo que preguntaba. Solo asentí.
Los miré mientras se alejaban, pero algo en mi interior se sentía mal, algo no estaba bien y eso me daba miedo. Caminaba con mucho pavor e inseguridad, no comprendía lo que estaba pasando sin siquiera llegar. Al parecer solo era yo imaginando cosas, porque la casa estaba vacía.
Subí a la habitación, para recoger los uniformes limpios, y los cuadernos del día siguiente, sin embargo, un escalofrío recorrió toda mi columna cuando escuché un portazo.
— ¿¡Dónde está la zorra de tu madre!? —gritaba el nuevo novio de mi mamá. Mientras iba bajando las escaleras para marcharme.
—No lo sé, acabo de llegar —respondí lo más calmada que pude, aunque por dentro me estaba muriendo del terror, hoy no se veía nada bien.
—¡Así que estamos solos!, no te imaginas cuantas veces había esperado este momento —exclamaba él acercándose peligrosamente a mí.
En ese momento lo tenía demasiado cerca, mis fosas nasales estaban impregnadas de alcohol y drogas, ese era su aroma desde que lo conocí, me tomó por el brazo arrastrándome hacia la sala, lanzándome en el mueble, agradecía el haberle pedido a Sebas que se llevara a la niña.
— ¡Por favor no me hagas daño! —pedía intentando razonar, sabiendo que era imposible.
—Tranquila querida, no te hare daño. Al contrario, solo sentirás placer —afirmaba él.
Se acercó a mí acariciando mi cara con sus cochinas manos recorriendo mi cuello hasta llegar a mis pechos, desabrochó mi blusa provocándome escalofríos y repulsión.
Trataba de taparme, este me apartó las manos de un solo golpe. Mis lágrimas caían sin reparo por lo que sabía que iba a ocurrir, y eso cambiaría mi vida.
Hubo un momento en que se tambaleo y aproveché para deshacerme de su agarre, pero fue imposible me tomó por los cabellos para echarse encima de mí quitándome la blusa y el sujetador al mismo tiempo.
Yo gritaba pidiendo ayuda y tapándome, él me golpeaba dejándome mareada, estaba a punto de desmayarme, pero si lo hacía, no podía evitar la desgracia, así que como pude me mantuve consiente; lo empujé con la poca fuerza que tenía tratando de correr por las escaleras, este me alcanzó tomándome del pie y haciendo que me golpeara de nuevo, botando sangre por la nariz.
—Quédate quieta muchachita, yo sé que me deseas, así como yo a ti, crees que no me daba cuenta cómo me provocabas —aseguraba él cerca de mis labios y acostado encima de mí tocándome como demente—. Bueno, ya es hora para que tomes lo que te corresponde.
— ¡Mentira! —exclamé—. ¡Yo jamás haría semejante cosa, eres un cerdo asqueroso, déjame en paz! —Grité mientras le golpeaba el rostro lanzándolo al suelo.
— ¡Eres una zorra como tu madre, maldita!, ya me harté de ser condescendiente, ahora vas a saber quién soy de verdad.
Sacó su correa del pantalón y empezó a golpearme por la espalda, gritaba de dolor pidiendo ayuda, este me silenciaba dándome patadas en el estómago, lloraba como nunca, él jamás había demostrado ser esta clase de persona, me gritaba, pero nunca imaginé este resultado.
Me tomó por el cabello arrastrándome por la sala lanzándome en el mueble cayendo al piso, gateé como pude para poder huir, llegué hasta la puerta la abrí gritando por ayuda, este me haló fuerte por el cabello lanzándome chocando contra la pared.
— ¡Cállate maldita!, serás mía y nadie podrá evitarlo.
Se posó encima de mí, abofeteándome de nuevo yo lo golpeaba con fuerza logrando que me pegara más fuerte, con una mano tomó la mías colocándolas por encima de mi cabeza, me besaba por todos lados, mi cuerpo se estremecía de asco y dolor no soportaba tenerlo cerca, gritaba sin saber si me escuchaban o no, igual necesitaba que me ayudaran.
Sin más subió mi falda rompiendo la licra que usaba siempre de bajo y mis bragas dejándome como Dios me trajo al mundo, sintiéndome totalmente expuesta.
—Eres mucho más hermosa de lo que esperaba, no sabes cuánto nos vamos a divertir —señalaba este con un brillo malicioso en sus ojos.
—Por favor, no me haga daño. Me portare bien, pero no lo haga por favor —pedí entre sollozos, estaba ronca de tanto gritar.
Mi cuerpo estaba sin fuerza, no pararía de luchar, aunque sabía en el fondo que era inevitable lo que pasaría. Él se quitó sus pantalones dejando expuesto su miembro ya erecto, aparté la mirada.
— ¡Mírame!, quiero que veas lo que te hará sentir mujer —gritaba él colocando mi cabeza al frente, tenía los ojos cerrados.
Jamás olvidaré este dolor, esta vergüenza. Su miembro entró en mí sin ninguna contemplación, grité por tal profanación a mi cuerpo, nunca sería la misma, mi primera vez siendo ultrajada de esta manera tan cruel.
Este se movía encima de mí como un desquiciado, seguía gritando por los dolores que mi cuerpo sentía, él golpeaba mi cara, mis pechos, no sé en qué momento, pero me giró y me penetró alzando mi pelvis y tomándome por los cabellos, agarró de nuevo el cinturón y el escozor lo sentí por las nalgas, yo sollozaba y pedía auxilio, pero ya no tenía fuerzas, nadie me escuchaba. Y ya era demasiado tarde.
—Eso es pequeña grita más, grita más, no sabes lo bien que se siente estar dentro de ti.
Su boca besaba mi cuerpo, lamia y succionaba, sentía asco. Mis lágrimas seguían cayendo sin intención de parar, dejé de luchar ya no podía más. Cuando terminó su tortura, volvió a golpearme, esta vez no lo detuve quería morir que vivir con este maldito recuerdo, jamás me enamoraría como Mulan, mi cuento favorito.
No sé cuánto tiempo pasó ni mucho menos cómo, pero a lo lejos escuché que gritaban mi nombre, alguien llegó hasta a mi intentando abrazarme, me tapaba y arrinconaba más, no quería que me siguieran haciendo daño.
—Genevieve, no tengas miedo soy yo, Sebástian he venido a ayudarte.
Cuando escuché el nombre, lo miré y simplemente no supe más de mí…