El Lirio Morado

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Summary

La vida de una joven guerrera, cuyo destino no le permite ser feliz y la condena a perder todo aquello que ama, cansada de esto decide jugar con las reglas del mismo destino para poder liberarse de su trágico destino incluso si eso significa enfrentarse a ella misma...

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo: El inicio de la tragedia (Parte I)

En el universo existieron 6 grandes razas, cada una se destacaba por diferentes cosas, pero pronto una guerra estalló entre ellas, duró por varios años, hasta que la reina de los celestiales decidió dejar el trono y pelear para terminar con la guerra. Como resultado de esto, dos razas fueron aniquiladas en una sola noche. tras varios años después se destacó una raza más, aquella raza era la llamada “Elemental”, la paz había regresado después de mucho, si bien la reina de los celestiales había desaparecido nadie culpo a nadie y no hubo conflictos, ya que se sospechaba que había muerto por naturalidad.

La raza elemental era pacifica, solo se alzaba en armas cuando era en extremo necesario, pero los seres vivos temen a aquello que no logran dominar, por miedo y ambición al poder, las cuatro razas decidieron atacar para darles dos opciones: la muerte o la esclavitud militar…

Una isla flotaba en el espacio. Un gran reino destruido se observaba, casas derrumbadas, cuerpos por casi todos lados, el olor a sangre y metal inundaba el ambiente, algunas piedras se escuchaban caer entre las ruinas, pisadas ligeras resonaban en el ambiente... Aquella era una joven de apariencia de 18 años, su cabello negro le llegaba a la cintura, las puntas moradas de su cabello reflejaban la poca luz de la luna, su vestido largo color negro resaltaba su figura, sus ojos morados parecían brillar, su pupila estaba ligeramente rasgada como si de un gato se tratase.

A diferencia del ambiente, ella estaba tranquila, casi distraída, pese a estar en una zona de alto riesgo, pateaba piedras como si nada, miraba las pocas flores que sobrevivieron al gran ataque, usando su poder las fortalecía para que aquellas pudieran sobrevivir al ambiente de la guerra.

Aquella joven vio una flor marchita, agachándose tocó la flor y regresó a la vida... antes de pudiese levantarse, una flecha atravesó la flor haciéndola añicos... Aquella joven suspiró, levantándose delicadamente miró en dirección de quien había disparado. “Espero que no vuelvas a dañar mis flores, no les queda mucho tiempo.” — La dulce y calmada voz de la joven resonó.

Sin responder a las palabras de la joven el ser oculto entre escombros disparo una segunda flecha, su dirección era clara: La cabeza de la joven, cuando la flecha estaba por impactar su ojo aquella chica desapareció dejando humo negro donde antes había estado. Aquella que se escondía entre los escombros palideció al ver como su objetivo desaparecía, su mano temblaba, pero logró tomar su daga oculta, mirando de un lado a otro intento buscar a su alrededor, pero de un momento a otro el dolor se hizo presente, bajo la vista y observó como una espada había atravesado su estómago.

La sangre salpicó el piso, sus piernas dejaron de responder poco a poco vio cómo iba cayendo, solo por instinto usó sus brazos para evitar caer de cara, la daga que portaba término lejos de ambas. “Tranquila haré de tu muerte algo indoloro e incluso después de la muerte podrás descansar.” — Tras aquellas palabras todo se volvió negro para la cazadora.

Que mi poca luz te envié a tu pleno descanso.” — La joven dijo en voz baja, una pequeña luz salió del cuerpo de la joven que acababa de caer en batalla, soltando su espada tomó la luz entre ambas manos y con delicadeza soplo a la luz, poco a poco subía al cielo estrellado, sin mirar atrás continuó su caminó hacia el castillo.

Pasaron solo unos minutos hasta que llegó a la entrada del castillo, sus pasos eran firmes, caminó sin mirar al jardín lleno de escombros, sin más entro a la torre de homenaje, después de una mirada rápida a los lados vio que estaba vacío, sonriendo con ligera malicia se sentó en el trono, su expresión tranquila paso a felicidad absoluta y comenzó a mecer sus pies.

— Tus hermanas no mentían cuando me dijeron que estabas feliz por anunciarte como futura reina. — Dijo un hombre alto, parecía tener 30 años.

Bueno padre, no negaré que la idea realmente me emocionaba, siempre conviví con el pueblo y más con la fuerza militar, pero ahora la idea de convertirme en reina es obsoleta en su totalidad... — Sus manos se tensaron ligeramente, su voz era triste y cargada de melancolía.

— Te comprendo hija mía, pero hoy no hay tiempo de mirar al pasado, es hora. — La voz de aquel hombre pasó de ser calmada a la de un líder innato, su mirada se fijó en la mirada de su hija.

Entendido padre, no fallaré. — Tras sus palabras, se levantó del trono, con un ligero movimiento de mano invoco una espada completamente diferente, en lugar de una guarda normal tenía una taaffeita morada ovalada, su hoja resplandecía gracias a la luz de la luna que se filtraba por las paredes y el techo en ruinas, sin titubear se posó detrás de su padre y con un movimiento limpio aquel hombre fue decapitado. Su cuerpo y cabeza cayeron limpiamente, la sangre comenzó a manchar el piso y poco a poco el olor de esta se impregnaba en aquel lugar.

Aquella joven dejó escapar un suspiro cansado “Duele... después de tantas veces... aún duele, pero no es tiempo de lamentos.” Pese a la tristeza en sus palabras dio media vuelta, de su sombra emergieron tres figuras y sin palabra alguna se fueron en direcciones diferentes. Mientras tanto aquella joven vio su espada, la sangre recorría el filo, blandiendo la espada firmemente quitó la sangre de ella. Dio un paso hacia adelante, en cuanto la punta de su pie tocó el suelo desapareció en lirios color morado.

“¡Vamos, no podemos dejar que pasen!” un hombre gritó, detrás de él guerreros se abalanzaron contra los invasores de su isla, aquellos atacantes no se quedaron atrás y continuaron con su ataque, pese a ser menos numéricamente lograban mantener a los invasores a raya. “¡¿Dónde están los refuerzos?!” una joven gritó a aquellos médicos que veían por sus compañeros heridos. “La hija del rey no debe tardar en llegar” alguien respondió a lo lejos... En medio del campo de batalla aquella joven por la que imploraban apareció entre lirios.

Los invasores palidecieron al verla, el miedo se apoderó de ellos, sus manos temblaban, pero entre todos ellos, un valiente se abalanzó sobre ella, su espada estaba a centímetros de herirla, pero son un solo movimientos de dedos un enorme haz de luz lo calcinó, muchos intentaron correr al verlo, pero aquel haz no tuvo piedad con nadie. La celebración no se hizo esperar, pero antes de poder alabarle como era costumbre entre ellos, les espero el mismo destino, la joven soltó un suspiro, poniéndose de rodillas juntó las palmas de sus manos, “Lamento su temprana muerte a mi mano, juro en mi nombre que descansaran en paz total

Con delicadeza se levantó, y miro como la luna aún estaba sobre ella... “Odio hacer esto... Aún así, terminé con todos los campamentos... ahora viene lo peor...” dando un suspiro comenzó a caminar hacia una montaña, mientras caminaba no podía evitar ver las estrellas, noto como algunas de ellas ya no estaban iluminando el gran abismo de la noche, antes de poder decir algo sobre ello, noto como una niña de no más de 9 años corría en su dirección, aquella al ver a la joven no dudó y salto para abrazarla.

— ¡Señorita Yuriko! — Su voz claramente estaba desesperada, se aferraba a la joven, en respuesta correspondió el gran abrazo.

¿Qué sucede mi niña? — Pregunto, reconoció a la niña al instante que la vio, era imposible no reconocerla si intentaba copiar el estilo de Yuriko sin importarle, la niña usaba sus poderes para mantener el color morado de sus ojos, el mismo tono que el de su maestra Yuriko.

— Es mi madre, prometió que volvería tras curar a los heridos... pero no ha regresado... — Las lágrimas brotaron, era joven, pero aun así ya conocía la muerte, temía que su madre hubiese muerto o incluso peor, quedar herida sufriendo sin que nadie la pudiera ayudar.

Tranquila, tu madre es fuerte, sé que pronto se reunirán, vamos, no puedes estar fuera del refugio. — Soltándola fijó su mirada frente a la suya, con su dedo pulgar limpió las lágrimas del rostro de la niña, poniéndose de pie la tomó de la mano y juntas caminaron hasta llegar al refugió, por cada paso que daba internamente se le clavaba una daga en el corazón, le dolía saber que sus esfuerzos para intentar protegerlos nuevamente fracasaban...

Tiempo después ambas se encontraron frente a la gran montaña que destacaba en la enorme isla, al acercarse a una pared ambas la atravesaron sin más, se encontraron dos guardias, quienes al verlas las dejaron pasar, normalmente las cuestionarían, pero había algo en su futura reina que si bien no sabía de qué se trataba, confiaban en ella ciegamente.

Yuriko navegaba entre las habitaciones que se habían construido dentro de la montaña, era un laberinto, “Mierda, como se supone que haga esto si el patrón siempre cambia...” internamente pataleaba, era mala con los laberintos, pero para su suerte aquella niña la guiaba a su habitación. Al llegar ambas se despidieron, esperó a que aquella niña entrase y al verla entrar comenzó a caminar hacia el comedor. “Lo gracioso es que el centro siempre es el comedor...

Al llegar se sentó en la mesa más centrada, sacó un pequeño libro, lo abrió por la mitad y continuó su lectura, mientras leía observó cómo un joven le dejó un vaso de agua y sin más se retiró, paro oído y efectivamente ya no había nadie en el comedor, regresó al principio del libro y arrancó la primera hoja, se mordió el dedo índice, una pequeña gota de sangre broto, comenzó a dibujar diferentes símbolos con demasiada precisión, al terminar infundo la hoja con un poco de su poder y la pego debajo de la mesa, rápidamente bebió el agua y se fue del refugio.

Al estar a más de 500 metros levantó su mano y se dispuso a chasquear los dedos, antes de poder hacerlo recordó el rostro de su joven alumna, la daga se clavó más su mano libre se apretó, a su mente llegaron los recuerdos de su joven alumna.

Yuriko se encontraba recostada en el pasto, mirando el cielo despejado, para su suerte por fin había tenido un momento de relajación, había terminado de una misión de asesinato, miro sus manos, a sus ojos estaban manchadas de sangre, cuyos dueños eran innumerables vidas, fue sacada de sus pensamientos al escuchar que alguien se acercaba, bajo sus manos y las puso detrás de su nuca dispuesta a reposar su cabeza. — Sé que hay alguien ahí, sal por favor. — Dijo calmada con una voz dulce y relajante, de los arbustos salió una niña, su cabello era castaño y sus ojos verdes como el jade, aquella niña estaba sonrojada al ver a la princesa de su reino.

— Usted es la Señorita Yuriko... — Sus ojos se iluminaron por completo, una sonrisa se extendió por su rostro. Al verla Yuriko sonrió, sin querer hacerlo se levantó del pasto y comenzó a caminar en dirección de la joven.

Por supuesto que lo soy. — Respondió con una sonrisa, poco a poco se acercó a la niña y se agacho para estar frente a frente. — ¿Necesitas algo de mí?

— Sé que es irrespetuoso de mi parte, pero me encantaría pedirle que me enseñe a pelear. — Sus ojos verdes brillaron de determinación al encontrarse con los de Yuriko, al ver esto sonrió y asintió, al ver la respuesta positiva la niña sonrió y abrazó fuertemente a la princesa de su reino.