Entre la espada y la pared

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Summary

La historia de dos jóvenes q inesperadamente en el peor momento se dieron cuenta de q estaban enamorados y tendrían q afrontar su destino o luchar por estar juntos en una constante guerra familiar y peligros constantes descubrirían q el amor es lo único q les quedaría uniendose para enfrentar la vida q se les impuso para poder estar juntos

Genre
Romance
Author
Jhostyn
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Recuerdos


La primera vez que sentí paz… no supe llamarla así.

En mi mundo, las palabras no estaban hechas para cosas como esa.

Crecí entre nombres que pesaban más que las personas. Vladimiro. Valkov. Apellidos que no se pronunciaban sin tensión en la mandíbula. Desde antes de entender qué era un arma, ya sabía que había enemigos. Antes de aprender a leer, ya sabía a quién debía odiar.

Nunca nos explicaron el origen con claridad. Lo llamaban “tradición”, “deuda”, “respeto”. Pero con los años entendí la verdad: poder. Territorio. Dinero. Control. Rutas que no aparecían en mapas. Vidas que se compraban y se vendían como si no significaran nada.

Nos enseñaron a continuar la guerra antes de enseñarnos a vivir.

En mi familia, el afecto también tenía jerarquías. Mi hermano mayor era el heredero, el orgullo, la promesa del apellido Vladimiro. A él lo miraban. A él lo escuchaban. A él lo formaban para liderar.

Nosotros… solo existíamos en los márgenes.

Aprendí pronto a guardar silencio. A no hacer preguntas. A ocupar el menor espacio posible.

Pero ese día… no pude.

La reunión era una farsa elegante. Los hombres hablaban de negocios con la calma de quien discute cifras sin rostro. Decidían destinos ajenos como si fueran cifras en una libreta. Las mujeres sonreían, servían, asentían… como si no escucharan, o como si hubieran aprendido a sobrevivir fingiendo que no lo hacían.

El aire me pesaba.

Salí sin pedir permiso. Sin mirar atrás. Solo necesitaba alejarme de todo eso… aunque fuera por un momento.

Y entonces la vi.

Por un segundo pensé que no era real.

Estaba junto a la fuente del jardín, quieta, como si el mundo no pudiera tocarla. Como si no perteneciera a ese lugar.

Cabello negro, largo, cayendo en ondas suaves. La luz atrapada en su piel clara. Y sus ojos… no recuerdo su color exacto, pero sí lo que provocaban: silencio. Profundidad. Algo que no hacía daño.

No sonreía.

Y aun así… era lo más cercano a la calma que había conocido.

No hablamos.

Pero por primera vez, el silencio no era una amenaza. No era una orden. No era miedo.

Era… descanso.

No sabía su nombre. No sabía quién era. No sabía que debía odiarla.

Y por un instante… tampoco fui un Vladimiro.

Fui solo un niño… mirando a otra niña.

Ese fue el error.

Porque cuando finalmente escuché su apellido… cuando todo cobró sentido… fue como si ese instante se rompiera en mil pedazos.

Valkov.

El enemigo.

La guerra.

El odio que me habían enseñado antes de tener elección.

Pero ya era demasiado tarde.

Porque ese día… sin darme cuenta… cambió algo dentro de mí.

En medio de un mundo hecho de violencia… encontré algo que no debía existir.

Y desde entonces… nunca volví a pertenecer del todo al lugar que llevaba mi nombre.