Prólogo
Gina
Dicen que todo en la vida es cuestión de control. Yo nunca tuve demasiado de eso.
No controlo la lluvia que arruina mi ropa en el peor momento.
Ni los imprevistos que me obligan a correr cuando ya voy tarde.
Ni la vida, que siempre parece ir un paso por delante de mí.
Pero sí controlo algo importante: A mí misma.
Mis decisiones.
Mis límites.
Mis prioridades.
El amor no es una de ellas.
Porque cuando apenas estás sosteniendo todo lo demás… enamorarte no es un lujo, es un riesgo.
Y yo no puedo volver a cometer ese tipo de errores.
Lo que no sabía… era que algunos errores no se pueden evitar.
Te encuentran.
No sabía su nombre.
No sabía quién era.
Y sinceramente… no me importaba.
Adriano
El control no es una opción. Es una necesidad.
En mi mundo, cada movimiento está calculado.
Cada palabra tiene un propósito.
Cada persona… un lugar.
No creo en las coincidencias.
No existen los accidentes.
Solo decisiones mal ejecutadas.
O variables que aún no han sido analizadas.
Por eso, cuando algo se sale del esquema… no lo ignoro.
Lo estudio.
Lo corrijo.
O lo hago mío.
No suelo detenerme.
No suelo repetir miradas.
No suelo interesarme.
Pero hay excepciones.
Breves. Inesperadas. Peligrosas.
Y cuando aparecen… no las dejo ir.
Ella no sabía quién era… Y eso lo cambió todo.
Porque ese fue el momento exacto…
en el que el juego empezó.