PRÓLOGO
“La humanidad no evolucionará hasta que un ser superior lo haga…”
El Comandante Supremo.
Día cero - Washington D. C. 2076
En un pabellón militar, alguien dejó su celular prendido con música clásica, acompañada de una voz gloriosa que parecía hacer eco en la habitación… Sin embargo, las alarmas en el cuartel empezaron a sonar, los militares corrían por todos lados y el piso temblaba.
En el cuartel principal, un hombre no se despegó de su escritorio, sudaba tanto que tenía que tener una toalla al lado.
—¡Oye!, ¡tenemos que evacuar! ¡El impacto es en un minuto! —dijo su compañero.
—¡Sigan sin mí!
Su compañero dudó por unos segundos, pero el piso volvió a moverse y se fue sin dudar.
El hombre siguió en la pantalla, conteniendo el aliento, intentó con lo más rápido que podía mover los dedos en el teclado, poner unos códigos en la computadora.
—Acceso denegado —dijo el monitor.
Golpeó la mesa tan fuerte que la hizo sonar, y cuando vio que en el contador en frente suyo decía 30 segundos, empezó a escuchar las alarmas de la ciudad, mientras la gente corría y gritaba, decidió llamar a su jefe.
—Vamos ¡Contesta!
—Lo siento, su llamada ha sido corrida al buzón de voz…
—¡Mierda!
Tiró su teléfono al piso, lo único que pudo ver, fue el horizonte de la ciudad, mientras seguía sonando la canción con esa majestuosa voz, un poco opacada por las alarmas y gritos.
Al final, se sentó en su silla, y esperó a que el contador diera cero.
10…
8…
5…
3… 2… 1… 0.
Al horizonte de la ciudad lo cubrió un gran destello cegador. Y después, la imponente nube de hongo se formó, el hombre terminó vaporizado en un par de segundos.