Isabella Lowell
1 diciembre (año 97)
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Me llamo Isabella.
Años atrás cuando mis padres se marcharon hacia la República Dominicana, me quedé a vivir con mi tía Janet (quien era la hermana de mi padre Frank) para estudiar aquí en Los Estados Unidos.
Lamentablemente, ha fallecido, ya que estaba muy entrada de edad y afectada por la hipertensión; ella luchó por años contra este padecimiento y esta vez no pudo sobrevivir a ello.
Una vez termina el funeral, decido regresar e ir a vivir al lado de mis padres, quienes han venido para la ceremonia fúnebre.
Posteriormente, ellos se marchan al país, mientras yo lo haré después.
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Días después, he comprado el boleto y ya me encuentro en el avión.
Horas después, estoy en el aeropuerto esperando por mi hermano, Andrew Lowell.
Al poco tiempo, él llega y sale ágilmente del auto.
Me recibe con gran entusiasmo, pues hace mucho tiempo que yo no regresaba al país y que no nos vemos.
—¡Hola, hermanita bella, que bueno que está aquí! —Exclama él con gran regocijo, abriendo sus brazos mientras se acerca a mí.
—Hola, Andrew, ¿extrañaste mis peleas?
Enseguida pregunto de forma irónica y en broma, extendiendo mis brazos hacia él.
Nos abrazamos como todos buenos hermanos, él es mayor que yo y le gusta molestarme.
—Por supuesto, querida. —Responde Andrew, mientras el chófer se apresura a tomar las maletas y luego la acomoda en el baúl.
Seguimos conversando mientras abordamos el auto.
Luego, nos marchamos de ahí.
Mientras hablamos, he notado que el chófer no deja de mirarme desde que este llegó al aeropuerto junto a mi hermano, Andrew.
Me pregunto qué le sucede, porque no lo conozco, ya que lo han contratado en el tiempo que no estuve aquí.
Tiempo después
Llegamos a la mansión y me reciben mis padres, muy contentos. Luego nos sentamos en la sala.
Conversamos mucho tiempo, ellos están emocionados por mi retorno.
De pronto, mi madre cambia de tema.
—Hija, haremos la fiesta de compromiso de tu hermano en la villa.
Enseguida me exalto.
—¡Ay, no, mamá, no iré, porque es un lugar muy lejos y apartado!
Andrew le reitera lo mismo, con evidente desilusión moviendo las manos hacia arriba.
—Se lo he dicho a mi madre, pero sigue insistiendo que haga la fiesta de mi compromiso con Sara, allá.
Mi madre suspira y junta sus manos par respondernos.
—Está bien, hijos, falta más de un mes así que piénsenlo bien.
De todos modos, hay tiempo para organizar dicho evento, ella ha cedido para que podamos decidir donde celebrar la fiesta.
Luego, mis padres se levantan del sofá y se marchan de la sala, tomados de las manos.
Los miramos curiosos y sonriendo hasta que ambos se pierden de nuestras vistas.
Andrew, torna la mirada con firmeza hacia mí y empieza a agobiarme con sus indagaciones.
—¿Cuántos novios dejaste allá, eh Isabella? —Indaga él con una sonrisa maliciosa.
Me molesta la pregunta, porque a veces él se pone necio y lo hace solo por fastidiar cuando está aburrido.
—¡Ninguno Andrew, deja de “joderme”!
Cruzo mis piernas luego los brazos en señal de que no me gusta hablar del tema.
—No te “jodo”, solamente te pregunto, hermana.
Él se queda sereno y sonriendo de medio lado mientras yo me agobio.
—Bueno si deje uno, porque terminamos.
De cierto modo, Andrew me hace confesar sobre mi poca vida romántica allá, aunque me sienta molesta.
—¡Ves, que sí dejaste un novio! ¡Ja, ja! —Exclama él a carcajadas.
Andrew, parece disfrutar de volver a vivir aquellos viejos tiempos, donde nos peleábamos normalmente como dos buenos hermanos.
De repente, cambio de tema.
—¿Oye Andrew, y ese chófer? —indago con curiosidad, ya que estoy intrigada sobre el hombre que conduce el auto de la familia.
—Se llama, Gonzalo. Él tiene algunos años trabajando con nosotros, y es hermano del ama de llaves que trabaja en la villa. ¿Por qué pregunta? —Finalmente indaga extrañado
Miro a un lado, porque me siento algo avergonzada al hablar esto con él.
—Es que me miraba mucho, lo noté cuando llegó contigo al aeropuerto.
—Porque te sorprende, no solamente él, sino todos los hombres de alrededor te miraban de reojo, hermanita. Ja, ja.
Me exalto al escucharlo decir esto, toda ruborizada.
—¡Ay, no me digas, qué gracioso eres!
—Hermana, eres muy bonita, así que acostúmbrate a que te miren los hombres aquí. Ja, ja.
Andrew disfruta de mi compañía, pero también me hace fastidiar.
Nuevamente, deseo indagar, pero ahora sobre algo que me sorprende de él.
Me incorporo y decido encararlo para hablar sobre otro tema.
—¿Qué extraño, que te vayas a comprometer con Sara? ¡Ya que eres un mujeriego empedernido!
Finalmente, me rio porque le estruje en su cara su problema.
A él, obviamente, no le gusta que le haya recordado esto y expuesto esta conversación.
—¡Ay, no que tema este! Si me comprometo, es porque ella no seguirá conmigo si no hacemos el compromiso para casarnos.
Miro que se ha molestado bastante, entonces dejo de conversar sobre esto.
—Está bien, ya no hablemos de ese tema… Iré a descansar, hermano.
Ambos nos levantamos del sofá, ahora Andrew está cabizbajo, entonces voy a mi habitación para dejarle espacio a él.
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Transcurren los días, celebramos mis 20 años el 19 de diciembre y la pasamos genial.
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Tiempo después, compartimos en familia la cena de Navidad y año Nuevo con mucho entusiasmo.