Bajo la luz de la luna #1

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Summary

Leonardo, un mafioso acostumbrado al control y los secretos, se ve atrapado en un enigma cuando, en una aislada hacienda, conoce a Sofía, una mujer con un aura de inocencia y misterio que sólo aparece bajo la luz de la luna. Fascinado por su fragilidad y su extraña conexión con el entorno, pronto descubre que Sofía guarda un oscuro secreto: por las noches, deja de ser lo que parece y se convierte en algo que desafía toda lógica.

Genre
Drama
Author
SLSEVEN
Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

1

La noche era más oscura de lo habitual, y el aire en la hacienda estaba quieto, casi denso, como si ocultara un gran secreto bajo su manto silencoso.

Leonardo ajustó su abrigo mientras caminaba hacia el borde de la propiedad, donde los establos se mantenían en penumbras. La tierra bajo sus pies estaba fría y húmeda, y el leve crujido de sus pasos parecía desentonar en la calma reinante.

Había algo especial en esta noche, una tensión inexplicable que lo mantenía inquieto desde que llegó. Miró a su alrededor, sus ojos acostumbrados a escrutar la oscuridad, buscando amenazas que se querian ver invisibles.

Leonardo no era un hombre que disfrutara de la vida en el campo. La encontraba demasiado abierta, demasiado lejana a los callejones y a los edificios grises de su territorio, donde cada rincón estaba bajo su control. Pero había cerrado un acuerdo con uno de los dueños de esta hacienda; un negocio que, aunque lejano, le prometía buenos beneficios.

Mientras esperaba los últimos detalles de la transacción, había decidido dar un paseo. El aire fresco le aclaraba la mente y le ayudaba a mantener el control que tanto apreciaba.

A lo lejos, una figura se movía bajo la pálida luz de la luna llena, justo al borde de los establos. Leonardo frunció el ceño; no esperaba ver a nadie ahí a esas horas, y menos a una mujer.

Avanzó hacia ella, intrigado y cauteloso, sus manos instintivamente preparadas para cualquier eventualidad. A medida que se acercaba, pudo ver con más claridad. La mujer estaba parada sola en el campo, envuelta en un aura de extraña inocencia.

Observaba las estrellas con una expresión casi infantil de asombro en su rostro, como si nunca antes hubiera visto el cielo nocturno. Llevaba un vestido sencillo, algo anticuado, que parecía absorber el brillo de la luz lunar, y sus cabellos caían en mechones sueltos sobre sus hombros, desordenados pero de una manera encantadora.

Leonardo detuvo sus pasos a una distancia prudente, observándola con cautela.

Algo en su postura despreocupada lo desconcertaba, como si estuviera frente a alguien que no entendía el peligro que le rodeaba. Él conocía la zona; sabía que no había otras mujeres viviendo cerca.

Su piel parecía brillar bajo la luz plateada de la luna, y en sus ojos grandes y oscuros había una chispa de inocencia que lo desconcertaba.

Finalmente, ella notó su presencia y se volvió para mirarlo, sus labios curvados en una sonrisa despreocupada, sin el menor rastro de miedo.

-¿Quién eres? -preguntó Leonardo, su tono bajo y serio, reflejo de la desconfianza que llevaba consigo siempre.

Ella ladeó la cabeza, observándolo como si él fuera el ser extraño, con una curiosidad inofensiva pero profunda.

-Me llamo... -hizo una pausa, como si estuviera buscando su propio nombre en algún rincón de su mente- Sofía. Estoy aquí porque... bueno, me gusta el pasto, y el cielo se ve más lindo desde aquí, ¿no crees? -dijo con una risa baja, como si estuviera compartiendo una broma que solo ella comprendía.

Leonardo la miró en silencio. Había algo peculiar en su manera de hablar, en su modo de reírse. Era raro encontrar a alguien tan despreocupado en un lugar como ese y, sobre todo, a esas horas. No entendía por qué, pero había algo inquietante en ella.

Aunque había estado cerca de la hacienda por unos días, no recordaba haber visto a ninguna mujer por los alrededores, y, además, estaba casi seguro de haber visto un animal en ese mismo lugar hacía solo media hora. Ahora, aquí estaba esta mujer, como si hubiese aparecido de la nada.

-¿Sabes qué hora es? -preguntó él, intentando indagar más en esa extraña aparición.

Sofía se encogió de hombros y miró hacia el cielo. Parecía tan ajena a la normalidad, tan perdida en su propio mundo.

-Es la hora en que la luna es grande y bonita. ¿No lo ves? -respondió, señalando el cielo con una expresión de genuino asombro- A veces es lo único que importa.

Leonardo, frustrado por las respuestas evasivas, sintió un impulso de alejarse de ella. No quería involucrarse en algo tan extraño, ya tenía suficientes misterios en su vida. Pero, mientras daba la vuelta, un leve aroma flotó en el aire, algo terroso y dulce, similar al olor del heno fresco. Volvió a mirar a la mujer, quien continuaba observando la luna con una expresión casi devocional.

-¿Vives aquí? -preguntó finalmente, en un intento de hallar algún sentido en esta situación.

-Vivir... no lo sé. ¿Qué significa realmente vivir en un lugar? -respondió Sofía con aire soñador, sumiendo la pregunta en un pensamiento profundo- Pero sí, podría decirse que paso mis noches por aquí. -Sonrió nuevamente, y Leonardo notó una chispa de algo inusual en sus ojos; inocencia y misterio que resultaba difícil de comprender.

Decidió que no obtendría nada más de ella esta noche. Mientras se alejaba, la curiosidad seguía palpitando en su mente.

Había conocido a muchas personas en su vida, pero esta mujer era diferente. La pureza en su expresión, la despreocupación y esa sonrisa enigmática parecían desafiar todo lo que él conocía del mundo. No había ninguna explicación lógica para lo que acababa de ver, y eso lo inquietaba.

Cuando estaba a punto de alejarse por completo, Sofía lo llamó:

-Oye, ¿te gustan las noches de luna llena?

Leonardo se detuvo, sin volverse hacia ella. No respondió, pero en el fondo sabía que esta noche se quedaría grabada en su memoria.

Había algo en esa mujer, algo que lo hacía sentir expuesto, vulnerable. En su mundo de secretos y penumbra, ella parecía ser el reflejo de un misterio que, aunque no quería admitirlo, lo atraía como un imán.

A lo lejos, Sofía volvió a mirar la luna, sus labios curvados en una sonrisa que parecía albergar todos los secretos del mundo.

Mientras Leonardo se alejaba, su figura se desvaneció en la oscuridad, pero en su mente, esa imagen quedaría grabada.

Sin saberlo, esa noche él se había cruzado con un enigma que alteraría el rumbo de su vida...