PRรLOGO
William Anderson habรญa estado esperando mรกs de una hora en su Lexus, en la esquina de esa calle que le resultaba tan familiar.
Una maldita hora y todavรญa no habรญa reunido el valor para salir del coche.
Sus ojos habรญan permanecido fijos en la hilera de viejas casas victorianas durante cada doloroso segundo.
Habรญa evitado esta parte de la ciudad durante mรกs de veinte aรฑos, y sรณlo hizo una excepciรณn: para llevarlo a casa.
Pero ahora tenรญa que enfrentarse a su pasado.
Tenรญa que salir del coche.
Tenรญa que llamar a esa puerta.
Y temรญa el momento.
No tenรญa otra opciรณn, aunque se habรญa estado devanando los sesos para buscar una en su mente turbulenta, sin รฉxito.
โHa llegado la hora de dar la cara, Will โdijo para sรญ mismo mientras salรญa del vehรญculo.
Cerrรณ la puerta con suavidad y se aproximรณ hacia la casa, frustrado por ser incapaz de controlar los fuertes latidos de su corazรณn, que vibraban en su pecho y resonaban en sus oรญdos.
A cada paso que daba, su rostro se iba volviendo mรกs y mรกs blanco hasta que el dolor lo obligรณ a cerrar los ojos.
โMaldito seas โmascullรณ, temblando.
Se encontrรณ frente a la casa mucho antes de lo que le habrรญa gustado y se quedรณ mirando la puerta.
En su pobre mente se agolpaban demasiados malos recuerdos.
Se sentรญa dรฉbil.
Y eso que William Anderson se cuidaba mucho de que aquรฉlla fuera una sensaciรณn que experimentase muy a menudo.
Despuรฉs de lo que habรญa pasado, se aseguraba por todos los medios de que asรญ fuera.
Inclinรณ la cabeza hacia atrรกs, cerrรณ los ojos brevemente e inhalรณ mรกs profundamente que nunca.
Despuรฉs levantรณ una mano temblorosa y llamรณ a la puerta.
Su pulso se acelerรณ al oรญr las pisadas, y casi dejรณ de respirar cuando la puerta se abriรณ.
No habรญa cambiado nada, aunque ahora debรญa de tenerโฆ ยฟcuรกntos?
ยฟOchenta aรฑos?
ยฟTanto tiempo habรญa pasado?
La mujer no parecรญa sorprendida en absoluto, y รฉl no sabรญa si eso era bueno o malo.
Reservarรญa ese juicio para cuando se marchara de allรญ.
Tenรญan mucho de que hablar.
Sus cejas, ahora grises, se enarcaron con frialdad, y cuando empezรณ a sacudir suavemente la cabeza, William sonriรณ un poco.
Fue una sonrisa nerviosa.
Estaba empezando a temblarle todo el cuerpo.
โVaya, mira lo que nos ha traรญdo el gato โdijo ella, y lanzรณ un suspiro.