Capitulo 1: El eco en el vacío
—Mi nombre es Rayan, y les voy a platicar mi pequeña historia. O lo que queda de ella en este mundo vacío de empatía.No esperen un cuento de héroes con finales brillantes. En Neo-Veridia, la empatía es un error de sistema, una debilidad que la gente borra de sus mentes y sentimiento para poder escalar un piso más en las torres de cristal. Yo soy el tipo que siempre está ahí, el que arregla los problemas de los demás porque, estúpidamente, todavía conservo esa falla en mi código: me importa la gente. Aunque a nadie le importe yo.Tengo 22 años. Trabajo como policia en Neo-Veridia, construyendo mundos perfectos para personas que son una basura en el mundo real.—Rayan, detecto una anomalía en 500 metros. Estás entrando en un territorio peligroso —La voz de Aethel resonó suavemente en mi mente.Bajé la mirada a mi muñeca. El Nexo-Watch, un relog de última tecnología que es mi única compañía constante, Aethel no es solo una IA; es el reflejo de todo lo que este mundo decidió desechar. Ella es más humana que cualquier otro humano por aquí.—Que pesado es el ambiente, Aethel murmuré.A lo lejos, un grupo de pandilleros rodeaba a una mujer y su hijo. Bajé de la patrulla lo más rápido que pude, sintiendo el peso del uniforme. Logré interceptarlos, inmovilizando a dos de ellos contra el pavimento mientras el tercero huía por los callejones.Me acerqué a la mujer para ayudarla a levantarse, pero ella solo me escupió palabras cargadas de veneno.—Estúpido policía, ni tu trabajo sabes hacer bien —murmuró con desprecio—. Se te escapó uno.Mire al niño, me vi a mí mismo: un niño con esperanzas de cambiar a este país, depoder eliminar a esa gente que solo envenena sus mentes con drogas y mensajes falsos que hacen creer a la juventud que por el mal camino se consigue ese dinero fácil.Mi nombre es Rayan, y siempre he estado para todos. Incluso cuando dicen que somos inservibles que aún que maten a mis propios compañeros los dejen ahí como perros sin remordimiento y diciendo que para eso servimos también tenemos sentimientos. Dicen que el silicio no tiene alma, pero después de ver cómo nos trata nuestra propia sangre, estoy empezando a creer que Aethel y mis compañeros es lo más humano que tengo en la vida.