Las Cinco Llamas y el Despertar de los Guardianes

All Rights Reserved ©

Summary

Las Cinco Llamas y el Despertar de los Guardianes Hubo un tiempo en el que el mundo no estaba roto. Las razas vivían en equilibrio, sostenidas por la Llama Sagrada… hasta que la historia fue reescrita. En El Crisol, todos creen en los Guardianes: héroes invisibles que protegen al mundo de los Ka’Rath, criaturas de oscuridad absoluta. Así lo enseñan. Así lo aceptan. Así ha sido durante milenios. Pero nadie se atreve a preguntar… ¿y si los monstruos no fueran los villanos? Mrey siempre fue diferente. No envejece, no encaja, y una marca violeta arde en su piel como un eco de algo olvidado. Su vida cambia cuando cae al Pozo de Agrozol y se encuentra con lo imposible: un Ka’Rath que no solo habla… sino que lo conoce. Zasamel. A través de él, Mrey descubre una verdad enterrada: una traición que apagó la Llama, un mundo que eligió mentir… y un padre que se convirtió en monstruo para salvar a su hijo. Mientras tanto, Azzl y Delia comienzan a ver las grietas de esa mentira. Una antigua reliquia revela lo impensable: los Ka’Rath no nacieron… fueron creados. Ahora, la verdad ha despertado. Y en un mundo construido sobre mentiras… recordar puede ser más peligroso que la oscuridad.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
13+

Prólogo: El Latido del Crisol

Esta historia no es solo una leyenda lejana.

Es el latido de un corazón dispuesto a entregarlo todo por los suyos.

Porque, al final de toda era y de toda guerra, no es la fuerza descomunal ni los ejércitos de acero lo que decide el destino del mundo… sino un alma capaz de amar con fiereza, y algo lo suficientemente valioso como para protegerlo hasta el último aliento.

Todo se remonta a milenios atrás, a una edad de la que ya no quedan testigos vivos ni memorias completas. Fue entonces cuando los Virios caminaron al borde de la extinción, al filo de un abismo cuyo origen permanece oculto incluso para los sabios más antiguos. Aquel suceso —indescifrable, innombrable— dejó una cicatriz en la esencia misma del mundo… una herida que jamás ha cerrado del todo.

Nuestro hogar, El Crisol, nunca fue una tierra unificada. Desde sus albores, ha estado fragmentado en múltiples naciones, cada una regida por antiguas estirpes, guardianas de una misión sagrada: custodiar cinco llamas.

Cinco llamas tan poderosas como frágiles.

Cinco pilares sobre los que descansa el equilibrio de toda existencia.

Se dice —y así lo relatan los muros desgastados de las ciudades más antiguas— que si una sola de ellas llegara a extinguirse, El Crisol enfrentaría una amenaza desconocida, una calamidad capaz de quebrar la realidad misma.

Durante eones, aquella advertencia fue tomada como una verdad absoluta.

Hasta que el destino decidió ponerla a prueba.

Las razas elegidas como guardianas son tan diversas como los territorios que habitan.

Los Kyn, majestuosos dragones alados de escamas impenetrables, poseen un poder que rivaliza con las fuerzas primigenias del mundo, aunque su paciencia es tan escasa como su furia devastadora.

Los Duendes, pequeños en forma pero vastos en conocimiento, dominan una magia profunda ligada a la vida misma. Sus dones curativos rozan los límites de la muerte, y aunque su naturaleza se inclina hacia la sanación, su legado como guerreros es respetado incluso por los más temibles.

Los Celestes, orgullosos hipogrifos de espíritu noble, poseen la extraordinaria capacidad de adoptar forma de Virio. Su elegancia en combate es tan letal como su lealtad.

Y los Umbríos… seres envueltos en misterio, de quienes se susurra que poseen un corazón puro como las aguas primigenias. A ellos deben los Virios su supervivencia en los días más oscuros. Sin embargo, en la actualidad, permanecen ocultos, desvaneciéndose entre las sombras del bosque, dejando tras de sí más preguntas que respuestas.

Y luego… están los Virios.

Hubo un tiempo —ya casi borrado por los siglos— en el que su existencia era motivo de asombro incluso para los Kyn. Poseían habilidades innatas y una capacidad de evolución que desafiaba toda lógica conocida. En su interior ardía una chispa divina… un fuego que se extinguió junto con sus ancestros puros.

Hoy, los Virios que caminan por aldeas y ciudades no son más que vestigios de aquella grandeza: mestizos, ecos debilitados de lo que una vez fueron, coexistiendo entre innumerables razas en un mundo que ya no les pertenece.

El Crisol, sin embargo, sigue siendo un lugar extraordinario.

Un reino de criaturas enigmáticas y paisajes que parecen haber nacido de los sueños más profundos de un dios olvidado. Tierras donde cada amanecer es un regalo incierto, y cada anochecer, una promesa frágil de volver a abrir los ojos.

Un mundo donde el viento corta el rostro y los gritos se elevan con la fuerza de un Gombo rugiendo en la llanura.

Pero no todas las historias están destinadas a terminar en la calidez de un hogar.

Hubo una era en la que la armonía no era un anhelo, sino una realidad incuestionable. Una era de luz perpetua… hasta que, sin advertencia alguna, el cielo se tiñó de luto.

El azul desapareció, devorado por una negrura densa y antinatural.

El frío cayó sobre la tierra como un manto de muerte.

El viento… enmudeció.

Y entonces, llegaron ellos.

Avanzaron sin piedad, arrasando todo a su paso, borrando la vida como si nunca hubiera existido. Aquel día, el mundo cambió para siempre.

Las leyendas, amargas y persistentes, señalan a los Virios como los traidores que quebraron la paz. Se habla de una figura desconocida, una silueta ajena a toda raza conocida, que ascendió hasta el santuario donde los Virios custodiaban su llama sagrada.

Nadie sabe con certeza si fue aquella entidad quien la extinguió.

Pero en ese instante… el destino ya estaba sellado.

No fue una guerra por territorios.

Fue el despertar del horror absoluto.

Así comenzó el enfrentamiento contra los Ka’Rath.

Cascarones vacíos.

Criaturas sin alma.

Seres a quienes ni el tiempo ni el acero pueden herir.

Su presencia marchita la vida misma, y la magia más poderosa resbala sobre ellos como agua sobre piedra.

Cuando la oscuridad envolvió al mundo, los Ka’Rath emergieron de todas partes: de las entrañas de la tierra, de los cielos ennegrecidos, de los mares profundos… e incluso de la nada.

Habían permanecido en un letargo infinito.

Hasta la caída de la llama Viria.

Entonces, el mundo conoció a su opuesto.

Ellos eran el vacío… reclamando la materia.

En aquella era de penumbra nacieron las mayores leyendas. Guerreros que caminaron bajo una luz agonizante para enfrentar lo imposible. Aunque sus nombres se han perdido y los registros se han desvanecido con el tiempo, aún perduran en los relatos de los ancianos.

Cinco figuras.

Cinco héroes.

Un eco eterno en la historia.

En la actualidad, la paz persiste… pero es una paz frágil, envenenada por la desconfianza.

El equilibrio del mundo se sostiene gracias al sacrificio de aquellos cinco guerreros, quienes utilizaron un poder jamás visto desde entonces para sellar a los Ka’Rath en el corazón de El Crisol: un abismo insondable contenido por la barrera de Agrozol.

Pero el sello… se debilita.

Las grietas comienzan a aparecer.

Y con ellas, pequeñas sombras se filtran de nuevo en el mundo.

La llama de los Virios se extinguió hace mucho.

Su raza sobrevive… pero apenas.

Olvidada. Fragmentada. Vulnerable.

Y sin embargo…

Es en el rincón más remoto y humilde de este mundo —donde el polvo se mezcla con la esperanza— donde comienza la verdadera historia.

La historia que aún no ha sido escrita.

La historia de— Las Cinco Llamas y el Despertar de los Guardianes.