La familia Saravia

All Rights Reserved ©

Summary

El apellido Saravia siempre fue un escudo. Durante años, abrió puertas, apagó problemas y mantuvo a Zain lejos de cualquier peligro. Ser un Saravia significaba poder… pero el poder nunca viene sin consecuencias. A los dieciocho años, mientras intenta vivir como un estudiante normal en la universidad, Zain empieza a descubrir que el mismo apellido que lo protegió toda su vida también lo convierte en un objetivo. Porque detrás de las empresas, el dinero y la reputación de su familia, existe un mundo mucho más oscuro. Uno donde los errores no se perdonan. Y cuando alguien que no debería formar parte de su vida aparece, Zain entiende que hay verdades que no solo salen a la luz… Sino que te obligan a jugar bajo tus propias reglas.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: La universidad

Para mi familia, mi nombre es Zain Saravia.

Para la universidad, me llamo Zain García.

Una manera de protegerme según mi papá.

Yo sospecho que también quiere probar si puedo moverme sin el apellido que abre puertas... Y resuelve conflictos.

Apago el motor del auto.

Un BMW negro que mi papá me regaló junto con un penthouse para tener más "independencia".

Traducción del señor Saravia: vas a moverte solo hasta donde queramos, porque hay ojos por todos lados.

No encontré cámaras en el baño, al menos puedo cagar tranquilo. Creo...

Abro la puerta y bajo del vehículo.

La brisa cálida de la mañana me recibe junto con las risas y charlas de alumnos entrando a la universidad.

Mi primer año estudiando finanzas y llego tarde.

Cuelgo la mochila sobre mi hombro.

Empujo la puerta de cristal y comienzo caminar con una mano en el bolsillo del pantalón holgado, que cae apenas por debajo de la cintura.

Mis pasos suenan sobre el suelo pulido mientras me acerco al salón de clases; ya no tiene sentido darme prisa.

— Llegas tarde, García —dice el profesor viéndome serio y se quita las gafas con la mano arrugada.

— Ya lo sé.

Respondo sin frenar el paso buscando mi asiento. Última fila. Perfecto para ver ventanas y puertas.

Cuelgo la mochila en el respaldo y me dejo caer con la espalda apoyada en el asiento. Una mano sube alborotando el flequillo que cae encima de mi frente.

— Bien... —continúa el profesor Horn y vuelve a ponerse las gafas.

Encima del escritorio coloco el cuaderno y al costado el lapicero con movimientos precisos.

— Parece que no le caíste bien —dice la voz a mi lado.

Silencio breve antes de responderle.

— ¿En serio? Si parece hasta más feliz —señalo con el mentón al señor Horn escribiendo en el pizarrón.

Él sonríe ampliamente.

— Tal vez es por tu apariencia.

— ¿Qué tiene mi apariencia? —pregunto girando apenas el cuello para verlo con una expresión serena.

— Ya sabes, tatuajes en los brazos y cuello, piercing en el labio...

Se encoje de hombros.

— En su mente se ve a problemas.

Me quedo en silencio al oírlo mientras garabateo en mi cuaderno con la vista fija.

— Hay gente más problemática que viste traje y tiene la piel limpia —contesto serio sin frenar mi escritura.

— Sos de esos que observan más de lo que hablan, ¿no?

Detengo el movimiento de muñeca y volteo para verlo directamente.

Sonríe, con la cabeza apenas ladeada. Su actitud me hace pensar que no es alguien que busca ser el centro de atención.

— Algo así.

Él asiente corto.

— Me llamo Luca —extiende su mano y la manga de su chaqueta retrocede apenas dejando a la vista una pulsera roja.

— Zain.

Respondo y estrecho su mano; el agarre es firme y eso me hace sentir más relajado. Al menos ya conozco a alguien que no me mira buscando joder mi paciencia.

Luego ambos volvemos a poner atención a la clase mientras la luz del sol ingresa por las ventanas.

Las horas pasan lento entre gráficos de estadísticas y números que el profesor explica como si estuviera en un velorio. El muerto sería él.

El timbre suena indicando que terminó la clase.

Horn deja el borrador sobre su escritorio con un ruido seco y frota sus manos quitándose el polvo.

— Para la próxima semana quiero el ejercicio tres y cuatro terminados —dice y pasa una mano por su cabello corto canoso, con claras señales de que una visita a Turquía no le vendría mal. —Pueden retirarse —agrega con voz seca.

Las mochilas se cierran y los murmullos junto con las risas se oyen.

Cuelgo la mía al hombro mientras espero a Luca que arroja sus cosas en la mochila como si estuviera igual de harto por la clase.

— Vamos al comedor —habla y se pone de pie ajustando las correas en sus hombros. — El café es una mierda, pero la comida es decente.

Salimos al pasillo junto a los demás estudiantes.

Puertas abriéndose y cerrándose junto con pasos acompañados de murmullos.

— Solo fue un par de horas y ya quiero irme a casa—dice él.

— Recién empezamos.

—Para fin de año no llego.

Sonrío a penas por su comentario, dejando ver los hoyuelos en mis mejillas.

Lucas saluda a dos chicos que pasan cerca nuestro con un gesto de su mano.

El aroma de comida junto con café quemado llega a mi nariz.

— Allí hay una mesa libre —dice señalando con el dedo. — La de rulos es Nina, es amiga de una amiga.

Sigo la dirección a la que apunta con mis ojos oscuros.

Veo dos chicas.

Nina. Sostiene con una mano su sándwich y con la otra su teléfono deslizando el pulgar sobre la pantalla.

La otra tiene cabello castaño claro atado en un moño desprolijo. Lleva gafas y no despega la mirada del libro que parece ser de anatomía, por el cráneo en la portada.

Después de buscar nuestras bandejas; nos acercamos a ellas.

— Nina, ¿podemos sentarnos aquí? —pregunta Luca.

La chica de gafas sigue perdida en la página con palabras subrayadas e imágenes de huesos; probablemente estudia medicina.

— Si, claro —responde Nina y guarda su teléfono en el bolsillo de sus jeans.

— Solo no hagan ruido —comenta la otra y levanta la mirada observándome.

Noto como se fija en los tatuajes de mis brazos, la ropa e incluso el piercing del labio inferior. Se detiene unos segundos en los hombros antes de regresar al libro.

— Luca habla por los dos —respondo y tomo asiento colocando mi bandeja en la mesa.

Nina sonríe y niega con la cabeza.

—¡Ey! —protesta Luca riendo y se desliza a mi lado. — Solo no vivo en modo ahorro.

Tomo la hamburguesa con mis manos y doy un mordisco.

— ¿Viste a Evelyn? —pregunta Nina con la boca media llena viendo a Luca.

Giro el cuello para observarlo mientras mastico.

— Desde que está de novia no hablamos mucho —su voz se vuelve apagada y rasca su cabeza; haciendo mover su cabello rubio.

— ¿Realmente ve a la tal Evelyn como amiga? —pienso para mi mismo.

Mientras ellos hablan, desvío los ojos hacia la chica al lado de Nina.

Doy otro bocado a la hamburguesa notando las ojeras detrás de sus gafas.

— ¿Noche larga? —pregunto después de tragar.

Ella sube la mirada.

— No estoy durmiendo bien —responde y desliza una mano acomodando un mechón de su frente.

Su voz es suave, pero su mirada y actitudes me transmiten carácter.

— Medicina es para valientes —respondo, apoyando el codo en la mesa y la mejilla sobre la mano. La camiseta se ajusta un poco por el movimiento.

Ella sonríe levemente.

Sus ojos me observan fijamente y no le aparto la mirada.

— Vaya... —habla Nina y se cruza de brazos. — Parece que Melanie encontró algo más interesante que el libro —agrega moviendo las cejas.

Melanie rueda los ojos, pero su mueca es de cierta diversión mientras no deja de verme.

Sonrío sosteniéndole la mirada.

La notificación del celular dentro de mi mochila interrumpe el momento formado entre nosotros.

Volteo y saco el teléfono.

Deslizo hacia abajo la barra de notificaciones.

Mensaje de Adrián. Mi hermano mayor.

Adrián: A las 21:00, no faltes. Papá quiere que estés presente en la reunión.

Noto por el rabillo del ojo a Lucas tratando de espiar y bloqueo el teléfono para después guardarlo en el bolsillo del pantalón.

— ¿Familia? —pregunta él ladeando la cabeza. Su curiosidad parece genuina.

— No, solo una notificación sin importancia —respondo y estiro las piernas cruzando los talones por debajo de la mesa.

Volteo hacia Melanie.

Sigue observándome, como si estuviera esperando algo.

Desvío la vista primero.

Las reuniones de papá a último momento nunca son para algo bueno.