Introducción
Los reinos no caen el dia que arden. Caen mucho antes.
Caen cuando el orgullo se disfraza de justicia. Cuando el amor se convierte en secreto. Cuando una promesa se rompe en silencio.
En aquel reino cubierto por inviernos largos y memorias aún más largas, el pueblo creía temer a las brujas del valle oscuro. Creía temer a los antiguos espíritus y a las maldiciones olvidadas.
Pero lo verdaderamente peligroso nunca duerme en los bosques. Duerme en el corazón de los hombres.
Una coronación se acercaba. Una multitud exigía un nombre distinto. Y en lo profundo de la montaña, algo que había permanecido inmóvil durante siglos comenzó, apenas, a respirar.
Nadie lo sintio.
Nadie excepto el destino.