“Antes del abandono”
1817, Italia
Osde: —Supongamos algo. Tú estás aquí, ves hasta cierto punto el mundo. No puedes ver a todas las personas en este planeta.
Ibar: —Tampoco puedo escucharlas a todas al mismo tiempo.
Osde: —Exacto. El Señor tiene un poder limitado. Él solo decide qué especie sigue de pie luego de que los exangües den sus resultados. Pero sí puede ver a miles de seres al mismo tiempo, aunque le resulte imposible ver a todo el planeta.
Ibar: —Si es así, entonces por eso cuando Kiar mató a Isac, él no hizo nada.
Osde: —Y prefirió creerle antes que castigarlo.
Ibar: —¿Cuántos exangües hay?
Osde: —Al menos unos mil.
Ibar: —Esperaba un número más bajo.
Osde: —Y yo no soy el único ángel, somos seis: tres ángeles y tres demonios.
Ibar: —¿Y a ustedes el Señor los creó?
Osde: —El Señor controla la vida. Él decide quién es digno de continuar, pero no me creó ni a mí ni a ti. Toda criatura viva en el universo fue creada por la naturaleza, incluso él. Pero la naturaleza debe seguir creando vida.
Si el Señor destruye una vida, dicen que la naturaleza algún día volverá a crear otra, esperando que esta sí sea digna de vivir.
Ibar: —¿Por qué el Señor es superior, si fue creado por una fuerza natural al igual que nosotros?
Osde: —Porque él fue creado para este propósito.
Ibar, la razón por la que Kiar me conoce bien es porque yo solía ser su compañero.
Ibar: —¿Antes eras un demonio?
Osde: —¡No! Yo era un exangüe en mi planeta. Ganamos, y por eso hoy somos ángeles. Aquellos que consiguen el propósito que se les asignó lograrán irse del planeta y continuar su misión en otro.
Si logro que la raza humana sea perdonada, podré descansar en lo que las personas llaman cielo.
Ibar: —¿Y cómo acaba con toda una especie?
Osde: —No lo sé. Yo ya no estaba en el planeta cuando eso pasó.