-1-
Valeska
Cuando los primeros rayos del alba nos alcanzaron en la cima de la montaña, sentí cómo el cuerpo del mercenario se tensaba detrás de mí. Íbamos tan juntos sobre su caballo -Arena, así lo llamaba- que podía distinguir el ritmo contenido de su respiración en mi nuca. A veces, incluso su silencio parecía una forma de posesión.
Arena se detuvo, impaciente, y yo levanté la vista. Desde allí la llanura se extendía como un mar frío y eterno. Pequeñas casas, techos de madera, humo ascendiendo en columnas suaves... Una aldea del norte que despertaba sin saber que yo llegaba para morir o para ser quebrada.
Quizá ambas.
El viento golpeó mi rostro, agitando mi corta melena trenzada. El mercenario no dijo nada. Nunca lo hacía cuando su mente ardía. Solo apretó un poco más el brazo contra mi cintura, como si temiera que me escapara aun con las manos atadas.
Yo también sentía su inquietud. Y algo más... algo que me negaba a nombrar.
Al entrar en la aldea, los vítores nos envolvieron como una tormenta. Todos conocían su nombre. Bittor. El hombre que me había arrebatado de mi hogar, que me había obligado a cruzar montañas y bosques... y que, aun así, no había permitido que muriera en el camino.
El recibimiento me resultó casi irónico.
Kadar, su jefe, lo abrazó con fuerza. Arath, su amigo de la infancia, se abrió paso entre la multitud y me observó con cautela, como si adivinara lo que yo era capaz de hacer si me daban un segundo de libertad.
Escuché los susurros. ¿De dónde ha salido?¿Una guerrera? Jamás había visto una mujer así...
Sus palabras no me hirieron. Me alimentaron. Si iban a temerme, que fuera con razones.
Bittor bajó de Arena primero y luego me tomó por la cintura para obligarme a descender. Sus manos eran firmes. Calientes. Demasiado conscientes de cada parte de mí.
-Llevadla a las cuadras -ordenó sin mirarme-. Que coma y beba. Ha sido un viaje infernal.
Me entregó a Arath.
-A los calabozos -sentenció-. Que hable. Ella sabe lo que quiero.
No expliqué nada. No debía. El juramento a mi valle ardía en mis labios como una cadena invisible.
El calabozo olía a humedad y hierro. Las antorchas parpadeaban, proyectando sombras que parecían moverse conmigo.
Arath fue el único que evitó mirarme como un trofeo. Los demás... no. Reconocí el brillo en sus ojos: miedo, deseo, desafío.
Me ataron, esperando que la presión me quebrara.
No lo hizo.
Cada pregunta fue recibida con silencio. Cada empujón, con resistencia. Cada golpe, con la furia intacta del valle que protegía.
Los hombres sudaban por el esfuerzo. Yo... respiraba.
Me sentía más viva que en días.
A veces, mientras esquivaba un golpe o devolvía el impacto con mis piernas, creía sentir algo más. Una presencia en el límite de mi conciencia. Como si Bittor, desde lejos, me observara.
Como si algo en él reaccionara cada vez que yo me negaba a caer.
El eco de risas femeninas me llegó como un susurro distante. Suri y Suhily. Las mujeres que, al parecer, él tomaba como consuelo. Las recompensas de un mercenario victorioso.
No me importaba. No debía importarme. Pero cada sonido subía por las paredes de la prisión como un veneno dulce, obligándome a imaginar cosas que jamás admitiría en voz alta.
Cuando él finalmente apareció, la habitación entera pareció contener la respiración.
Bittor se acercó sin prisa. Sus ojos recorrieron cada marca en mi piel, cada mechón suelto de mi cabello, cada ascenso y descenso de mi pecho agitado.
-No vas a decirme nada... ¿verdad? -murmuró.
Era una provocación. Así que respondí como debía.
Me incliné hacia él y, aprovechando un descuido de los hombres que me sujetaban, lo golpeé.
Feroz. Directa. Como una promesa.
Bittor no retrocedió. Sonrió. Una sonrisa peligrosa, demasiado satisfecha.
-Así que elegiste el juego -susurró, inclinándose hasta que su aliento rozó mi mejilla-.Perfecto. Pero mientras estés aquí... nadie te tocará excepto yo.
La frase me recorrió como un latigazo. No sabía si debía sentir indignación o calor. Ambos se mezclaron, confundiéndome, robándome el aire.
Después de aquello, el cansancio me venció. La habitación se volvió borrosa. Los sonidos se deformaron. Lo último que sentí fue el sabor metálico de mi propia respiración y un pensamiento que se me coló como una mentira peligrosa:
No debería importarme en absoluto lo que haga cuando se marche...pero me importa.
Y entonces escuché pasos. Voces ahogadas. Risas femeninas. El crujido de una puerta cerrándose con él dentro.
Un ritual que yo no debía sentir. Pero sentí.
No sé cuánto tiempo pasó. Entre sombras vi cosas que quizás no eran reales: sus manos sobre otras pieles, su mirada perdida, su cuerpo tensándose mientras sus pensamientos...volvían a mí.
Era absurdo. Delirante. Pero no pude evitarlo.
Mi mente, rota por la resistencia, se aferraba al único hilo que ardía con más intensidad que el dolor: él.
Desperté cuando me levantó en brazos.
Su pecho era una roca cálida contra mi mejilla. Sus manos, una prisión suave. Su voz, un filo que temblaba entre culpa y deseo.
-No te voy a perder -susurró, sin saber que yo lo oía.
Lo odié por ello. Lo odié tanto...que casi fue ternura.
Me llevó a una habitación donde ancianas curanderas comenzaron a limpiar mis heridas. Olores a hierbas, ungüentos, humo dulce... Todo se mezcló.
Yo flotaba entre el sueño y la conciencia. Y en cada fragmento, él estaba allí.
El hombre que me había apresado. El hombre que debía temer. El hombre que, aun rodeado de sombras, solo parecía perderse cuando pensaba en mí.
La noche cayó. Y entendí algo con claridad helada:
El juego no había comenzado en el calabozo. Había empezado el día que Bittor me vio en el valle.
Y ambos íbamos a perder algo en él.
Quizá la libertad. Quizá el corazón. Quizá el alma.
O todo a la vez.
Queridos lectores: Quiero daros las gracias de corazón por dedicar vuestro tiempo a leer La guerrera y el mercenario. Para mí significa muchísimo que entréis en esta historia, que acompañéis a Bittor y a Valeska en su viaje y que os dejéis llevar por este mundo lleno de aventuras, peligros y emociones. Si lo que estáis leyendo os gusta, os emociona o despierta vuestra curiosidad, me ayudaría enormemente que me lo hicierais saber. Podéis hacerlo votando en las encuestas, votando la historia y dejando vuestros comentarios. Me encanta leeros y estoy deseando responderos y compartir con vosotros vuestras impresiones y teorías. Además, si queréis ver las imágenes y escenas visuales que voy creando para esta historia, podéis visitar mi Instagram/Tik Tok @arquera80, donde subo reels y contenido inspirado en el viaje de nuestros protagonistas. Os doy la bienvenida a este mundo mágico y original, y gracias por formar parte de él junto a mí. Con cariño, arquera80.