Fundamental And Bizarre Education

Summary

Una historia de Jojos Bizarre Adventure x Fundamental paper education. Crees que esta historia sera original entonces entra y lee,puedes llevarte una sorpresa grande (Portada Temporal)

Genre
Scifi
Author
Draion01!
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1: The Destiny Is Cruel

Nos Encontramos en una casa que aunque no es lujosa pero se puede considerar una casa estable,por fuera puede estar desgastada pero por dentro sus paredes están mejores.

Dentro específicamente en la cocina hay un niño sentando contra una pared.

Ese era nuestro protagonista y nuestro actual centro de atención.

Frente a el en la mesa dos platos

Uno estaba limpio

El otro...no tanto

Se le notaba restos de comidas secos aun

-Lo lavaré más tarde,si eso haré.-

Eso dijo ayer,también el día anterior antes del ayer

También en la mesa habían dos vasos uno aún tenía la marca de labial en el vaso.

-Esperare a que venga,n-no me gusta quedarme solo aqui.-

Y así el seguía sentado cada vez sentía que el tiempo pasaba más lento,hasta que se dio cuenta que estaba fallando su respiración estaba dejándose controlar por sus emociones,su madre le decía que no debía dejar que el miedo le ganara...pero ahora Abbie se siente incomodo por la soledad del lugar su respiracion tratando de encontrar un punto de calma.

Rápidamente se dio cuenta que nada estaba funcionando para calmarse decidío entonces que era mejor buscar agua para relajar su cuerpo...llegó al refrigerador y ahí vio muchos dibujos mal hechos.

-Siempre supe que no te gustaban mis dibujos,aún así los guardabas con amor y me sonreías con una calidez igual a la de un sol mama-

Y nuevamente miro los dos platos en la mesa,recordó algo de su madre ella le decía que,limpiará los platos en la noche por que dan mala suerte.

La mesa con dos sillas una entre abierto y la otra más cerrada,su madre siempre que le preguntaba le decía que era por si llegar a pasar algo levantarse más rápidamente.

Entonces el timbre sonó...

Abbie quedó mirando la cocina y después el pasillo por alguna razón esperando que mamá saliera y abriera pero... entonces recordó que ella no está aquí ahora.

El timbre no sonó nuevamente abbie nervioso y con miedo de abrir se acercó y con duda se acercó no estaba acostumbrado a recibir las vistas y tampoco había muchas que llegaran a la casa.

Al abrir se encontró con dos personas con una mujer y un hombre ambos se les veía tensos y por alguna razón tristes..el hombre tomó la decisión de hablar aunque su garganta se le notaba el retraso de querer consolar al niño.

-¿Abigail Malum?.... Y-Yo soy una encargado del personal medico-

-O-o-ok,miren mi madre no se encuentra en casa actualmente y n-

Abbie sería interrumpido por el hombre que solo pudo bajar su sombrero para tapar su rostro.

N-..No, necesitamos hablar contigo...¿Puedo pasar?—

Algo le gritaba a abbie que no que no los dejara pasar que se fueran que se habían equivocado de casa..pero su modales le ganaron y los dejó entrar.

La mujer y el hombre se sentaron en la mesa...el hombre se me veía que temblaba para hablar pero la mujer decidió tomar la iniciativa está vez

-Abigail Malum... Lamento informar que tú madre fue internada está mañana-

-¿Otra vez?- dijo rápidamente.-Ella siempre vuelve tarde del hospital está vez dijo que regresaría temprano

La mujer solamente pudo tensar su mano y temblorosamente hablar.

-Abigail...hubo complicaciones está vez-

-¿C-c-Complicaciones?,¿Puedo ir a verla?-

Ambas personas se quedaron callados,ya no sabían cómo responder Abbie ahora más tenso repitió la pregunta

-¿P-puedo i-r a ver a mí madre?-

La mujer cerró los ojos y habló

-Abigail,t-tu madre llegó en una situación bastante complicado la ingresamos rápidamente al hospital...los médicos hicieron todo lo posible -

-A que se refiere...Quiero ver a mi mamá...donde está mi mamá-

-Solo podemos decir que su madre ya no se encuentra sufriendo- Dijo el hombre con la voz muy ahogada

....

Para abbie su mundo siguió igual por unos momentos.

No hubo reacción

No hubo choque

No hubo un grito

Solo silencio

-E-ella dijo que volvería,me dejó la comida hecha...-

-D-de verdad lo sentimos abigail pero es una verdad-

-C-c-con eso dicho n-nos tenemos que retirar a avisar a la gente que hace estos procesos legales-

Abbie no hablo,solo agacho la cabeza,las dos personas se retiraron del lugar. Para abbie su mundo se habia ido y ahora estába solo en una oscuridad sin fin.

Cuando ambas personas salieron de la casa.

El lloro desconsoladamente

Hasta que sus lágrimas no pudieron más y sus ojos se apagaron.

Se culpaba de todo buscaba cualquier excusa tan reconfortante para hacer que la verdad desapareciera de su cabeza.

-Ella volverá,Ella lo prometió,me dijo que estaría conmigo hoy-

Intento levantarse del suelo donde sus lágrimas escurrian por la madera gastada.

Intento levantarse del duro golpe de la verdad de la vida.

Movía pesadamente su cuerpo y llega al refrigerador donde se apoyó.

Abrió el refrigerador y ahí estaba,un lonche de comida que decía para abbie: ten mi niño,come cuando tengas la hambre por si llego tarde a casa

-Ella dijo que volvería tarde. Ella siempre dice la verdad....Mami donde estas....-

Tenía hambre pero se nego a comer,el sabía que su madre volvería o eso es lo que su mente le hacía creer.

Espero paso la primera hora.

Luego llego la décima hora.

La puerta rígida desde que se fueron aquellas personas.

La noche llegó sin permiso a la casa,la oscuridad llenaba la sala.

Abbie tratando aún de esperar decidió intentar dormir cuando subió vio dos habitaciones una tenía la puerta entre abierta y la cama aún seguía desorganizada.

-Ella había dicho que organizaría la cama después de llegar del hospital-

Abbie se acostó su cama miró su techo y cerró los ojos,trato de dormir apesar de la falta de ausencia.

Cerró los ojos y durmió o eso creo porque en tan solo un momentos su cuerpo lo expulsa de sus sueños.

Abbie respirando agitadamente decide sentarse en la cama a respirar siente que se le escapa el aire de sus pulmones.

Y para tranquilizarse decide subir a la azotea de la casa,mira el lugar y después mira las barandillas con duda y tentación.

Decide volarse las barandillas y estar en el borde del techo

-Mamá....M-...-

Finalmente Abbie pareció Aceptar la situación.

Abbie camino hasta llegar al techo de la casa el cual tenía una rejillas para evitar cualquier accidente.

-¿Te fuiste porque soy un estorbo verdad mama?.

Odiabas tener a un hijo tan inútil como yo que decidiste irte.

No te culpo,solo soy un problema más en este mundo.

De seguro papa se fue por esto mismo,el de seguro vio a un inútil a verme nacer.

Nunca eh tenido un amigo,no tengo ni siquiera un recuerdo de haber tenido un momento feliz con alguien más que no fueras tu mamá.-

Abbie se voló de la rejillas y se agarro de ellas am estar abollado al borde del techo.

El estaba decidido.

Ya no le queda nada.

Lo va a hacer.

Al final nadie le importaba su ausencia.

Ni en su escuela la notarán para los demás solo era una carga más que llevar.

Dudo en saltar pensando en el dolor que sentiría.

Pero se tiro.

Su cuerpo cayó en un descenso rápido.

Cuando choco sus huesos explotaron por el brusco golpe.

El dolor fue infernal,sus ojos se llenaban de sangre.

Y una de las peores lesiones su propia pierna estaba en un ángulo imposible.

Abbie esta sufriendo el peor de los dolores...pero para el valía la pena.

Veria a su madre de nuevo.

Entonces vio a su madre en el cielo intento alzar sus dos brazos para alcanzarla pero estos por el daño ni se movieron.

-¡M-m-mama aquí estoy ven por favor,no quiero estar solo...por favor llévame contigo!-

Abbie grito para que su madre lo escuchara pero sus gritos ahogados fueron.

M-mama,estoy sufriendo ven por favor,abrázame quiero estar contigo!-

Pero sus gritos no llegaron a nada.

Aquella imagen de su madre en el cielo desapareció.

Abbie se quedó en la inmunda oscuridad de la noche rodeandolo.

Abbie siendo consumido por uno de sus mayores miedo cerró los ojos esperando morir y así finalmente se desmayo.

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Pero para el, el destino aún quiere jugar con su misera vida.

Abbie siente como los rayos del sol tocan su cara,aún está tirado en el callejón donde su intento de suicidio sucedió...o fallo.

Abbie se levantó y pensó donde estaba pero vio que está bien,su cuerpo parecía no tener ningún rasguño.

Normalmente cualquier persona se alegraría pero para abbie esto era más un problema.

El ya no quería seguir viviendo,no tenía nada más por lo que seguir,si única persona que amaba se ha ido.

Entonces para que seguir luchando,Abbie con solo 16 años entiendo que la vida te da los golpes más fuertes para que jamás te levantes.

El los estaba recibiendo y no contraatacaba,quería rendirse y tirar la toalla.

Abbie camino dentro de la casa de su madre,enojado agarró un cuchillo y se lo clavo en el cuello, pensó que así moriría pero no cuando sacó el cuchillo vio como la herida se regneraba.

Triste y enojado se acuchilló más ignorando el dolor porque para el no hay dolor más fuerte que no estar con tu único refugio en un mundo cruel y duro.

Abbie enojado tiro el cuchillo, golpeó la pared aunque doliera entonces.

-Que más quieres de mi vida...Ya me golpeaste

Me tumbaste

Ni siquiera intento levantarme.

Quiero caer,descansar de los golpes,la vida solo me quiero vivo para seguir golpeándome más y más, para recordarme que jamás la venceré.

Y al final si lo hago

Cual es la recompensa

Cual es sentido de ganarle si ya no tengo nada que demostrar.

Acabo de perder a mamá,el único lugar del mundo donde vivir no significaba sufrir.-

Abbie sin fuerzas y destrozado cayó al suelo.

No por el agotamiento

No por el dolor

Cayó porque su mente ya no quería seguir en un cuerpo donde ya no se sentía vivo y tampoco se sentía suyo.

Y cuando cayó su cuerpo siguió igual.

Cada respiración

Cada latido

Cada parpadeo

No era el sentimiento de vida era el sentimiento de estar muerto y vacío.

Pero aún así si regeneración o más bien un instinto pareció darle una cachetada y se levantó porque lo había hecho no lo sabía pero lo odiaba.

Entonces el timbre sonó,abbie quería dejarlo pasar pero los recuerdos y enseñanzas de su madre fueron más fuertes.

Al abrir la puerta vio a un hombre,frío sus ojos rojos parecían observarlo y analizarlo,pero su vestimenta era lo más raro de el

- ¿ Abbie?- Diría aquel hombre-

-Mi nombre es Kars-



Entonces una sensación invadió el cuerpo de Abbie pero no era alivio

Tampoco era Duda

Ni menos Miedo

La sensación de que ahora sí vida será más complicada.

-S-si So-Soy yo-

-Bueno...Verás vengo por algunos asuntos legales relacionados a tu madre-

No extendió la mano

No sonrió

No si quiera su voz se veía afectada apesar de la situación

-¿Ella dejó algo pendiente acaso?-

-No.- respondió el hombre sin titubear. -Ve y guarda tus cosas, niño.-

-¿Y por qué debería hacerte caso?-

Kars lo miró un segundo más de lo necesario.

-Solo le estoy haciendo un favor a tu madre. ¿Cuando vuelva, puede tener todo listo?-

Sin esperar respuesta, se dio la vuelta y se retiró.

Abbie se quedó frente a la puerta cerrada. No sabía qué sentir. No sabía qué hacer.

Pero aun así subió a su habitación.

Tomó una maleta y comenzó a guardar su ropa. Sus manos se movían solas, mecánicas, hasta que un recuerdo lo golpeó sin aviso.

Su madre.

Un viaje cualquiera.

Ella le enseñaba a doblar la ropa con paciencia. Abbie intentó imitarla, pero al meter todo en la maleta resbaló y cayó, desparramándolo todo.

Su madre rió suavemente. No se burló. Lo ayudó.

-Solo te caíste, hijo.- le dijo mientras ordenaba. -Si te caes, debes levantarte otra vez.

Si te caes siete veces... levántate ocho.-

El recuerdo se desvaneció.


Abbie volvió a la habitación. Sus manos seguían empujando la ropa dentro de la maleta.

Al girarse para buscar más, una foto cayó al suelo.

Él y su madre, abrazados, sonriendo.

La levantó con cuidado, como si fuera algo vivo. Algo frágil. Sus manos temblaban tanto que casi se le escapa, pero logró sujetarla antes de que el viento la sacara por la ventana.

Entonces la vio.

Entre el verde de las hojas y el marrón del tronco, en uno de los árboles del parque, estaba su madre.

Abbie apoyó los brazos en el marco de la ventana y escondió el rostro entre ellos. Intentó ignorarlo. Intentó convencerse de que no era real.

Cuando volvió a mirar... ya no estaba.

Se quedó allí mucho tiempo, observando los árboles.

La maleta ya estaba lista.

Buscó otra vez entre el verde y el marrón, pero no volvió a encontrar el color de su estrella.

Solo le quedó la foto.

-No creo que pueda levantarme después de esta caída, mamá.-

No lloró.

No porque hubiera madurado.

No porque lo hubiera aceptado.

No porque no doliera.

No lloró porque ya no quedaban lágrimas, aunque hubiera querido.

Cambio de escena,Cementerio de Paper City.

Un auto se detuvo frente a la entrada del cementerio.

La tarde era helada. El lugar, inmóvil.

Del vehículo descendió una figura vestida de negro: pantalones oscuros, chaqueta gruesa, pasos firmes. Cuando la luz rozó su rostro, quedó claro quién era.

Kars.

Caminó entre las tumbas sin detenerse, sin esquivarlas. Pisó tierra ajena sin remordimiento, como si los muertos no tuvieran derecho a quejarse.

Se detuvo frente a una en particular.

Miss Malum.

El nombre estaba grabado con sobriedad en la piedra.

-Tsk...- murmuró. -Nadie vino a verte. Ni siquiera en tu funeral.-

Guardó silencio un instante.

-Te obligué a cargar con algo que no querías.- dijo al fin. -Y aun así, cuando Abbie nació, lo cuidaste como si fuera tuyo. Como una madre de verdad.-

Kars observó alrededor. Casi todas las tumbas tenían flores. Algunas frescas. Otras marchitas por el tiempo.

La de ella no tenía nada.

Por primera vez en mucho tiempo, dudó.

Se aseguró de que nadie estuviera mirando. Entonces, tres mechones de su cabello se deformaron lentamente, transformándose en rosas imposibles: perfectas, vivas, demasiado hermosas para pertenecer a ese lugar.


Las dejó sobre la tumba.

-Jamás muestro respeto por nadie.- dijo con frialdad contenida. -Pero lo que hiciste por mi hijo lo merece.-

-No le debías nada al chico. Sabías su origen... y aun así lo protegiste.-

Respiró hondo.

-Fuiste una gran mujer. Lástima que este mundo no te dejara quedarte.-

-Descansa en paz sabiendo que tu hijo...- se corrigió. -No. Nuestro hijo ahora está conmigo.-

Antes de marcharse, sacó un pañuelo y limpió la lápida con cuidado. No por culpa. No por redención.

Por respeto.

Luego se dio la vuelta y se fue, dejando atrás flores que jamás se marchitarían.



Kars volvió a su auto,dejo la tumba atrás aunque le había hecho daño a aquella mujer en el pasado.

La admiraba profundamente para el perdón humano no tenía sentido pues las palabras aunque llenas de sentimientos no pueden arreglar mucho.

Para el mejor perdón es como una deuda que se debe pagar de alguna forma.

Residencia Malum

-Entonces ahora que vas a hacer- La voz sonó como hilo en el viento -¿Ahora que harás para seguir adelante,vivir la misma historia solo que está vez peor?-

Se preguntan quien habla pues era Abbie mirándose en el espejo,no le veía sentido a continuar pero el seguía caminando a un destino que no conoce.

El espejo no estaba roto, y eso le molestó.

Abbie se quedó de pie frente a él más tiempo del que podía medir. El vidrio devolvía una imagen limpia, demasiado clara para alguien que se sentía tan fragmentado.

No había sombras extrañas ni deformaciones.

No había nada sobrenatural.

Solo él.

Su rostro pálido, las ojeras marcadas como cicatrices que nadie había infligido con las manos. El cabello desordenado. Los ojos abiertos, pero vacíos, como ventanas de una casa abandonada.

Respiró.

El reflejo también.

Ese fue el primer golpe.

No importaba cuántas veces quisiera dejar de existir, su cuerpo insistía.

Cada respiración entraba sin pedir permiso. Cada latido seguía su propio ritmo, indiferente a lo que Abbie pensara al respecto.

No era vida.

Era funcionamiento. Un mecanismo bien diseñado que no entendía de duelos ni de promesas rotas.

-Entonces... -la voz surgió sin fuerza, como si no quisiera despertar a nadie- ¿ahora qué vas a hacer?-

Abbie no abrió la boca.

No necesitaba hacerlo.

La voz no venía de afuera.

Venía del mismo lugar donde se acumulaban los pensamientos que no decía, los que se quedaban atrapados detrás de los dientes, los que pesaban más porque nunca encontraban salida.

El reflejo no sonreía. Tampoco lo acusaba. Solo lo observaba con una calma cruel.

-¿Seguir caminando? -continuó la voz, fina, casi quebradiza-.

¿Levantarte cada día solo porque sabes que puedes hacerlo? ¿Repetir la misma historia... pero esta vez sin siquiera fingir que va a mejorar?-

Abbie apretó los dedos.

Sus manos temblaron apenas.

No por miedo.

Por cansancio.

Recordó la caída.

El impacto.

El dolor imposible.

Recordó cómo su cuerpo se reconstruyó como si nada hubiera pasado, como si la decisión que había tomado no tuviera peso alguno. Como si su voluntad fuera irrelevante frente a algo más grande, más terco, más indiferente.

-Te lanzaste -dijo el reflejo, sin dureza-. Y aun así sigues aquí. ¿Qué se supone que significa eso para ti?

No había respuesta correcta.

Abbie lo sabía.

Si decía que era una segunda oportunidad, estaría mintiendo.

Si decía que era un castigo, tampoco estaría completo.

No sentía que hubiera sido salvado. Se sentía... devuelto.

Como un objeto olvidado que alguien coloca otra vez en la mesa sin preguntar si quiere estar ahí.

Sus ojos recorrieron su propio rostro. Buscó algo. Culpa. Rabia. Miedo. No encontró nada que no hubiera sentido antes.

-Dices que quieres rendirte -continuó la voz-, pero sigues moviéndote. Sigues respirando. Sigues obedeciendo a un cuerpo que ya no sientes como tuyo. ¿Eso es rendirse... o es solo dejar que otros decidan por ti?

Abbie cerró los ojos un segundo. El reflejo desapareció, pero la voz no.

Había una diferencia cruel entre querer morir y querer descansar.

Él no quería desaparecer por odio al mundo. Quería hacerlo porque ya no encontraba un lugar donde quedarse. Su madre había sido ese lugar. No una persona, un refugio. Un espacio donde existir no dolía. Donde no tenía que ser fuerte, ni especial, ni nada en absoluto.

Ahora ese lugar no existía.

-Te aferras a su recuerdo -dijo la voz, y por primera vez sonó casi suave-. La ves en los árboles, en el cielo, en las esquinas de la casa. Te hablas como ella te hablaba. Te repites sus palabras como si fueran un hechizo.-

Abbie sintió un nudo en el pecho.

No lloró.

No podía.

-Y no está mal -añadió el reflejo-. Amar no desaparece solo porque alguien se va. Pero dime... ¿la recuerdas para honrarla, o para esconderte?

Esa pregunta sí dolió.

Porque Abbie sabía la respuesta, aunque no quisiera aceptarla. El recuerdo se había vuelto un anestésico.

Cada vez que la realidad se volvía demasiado áspera, su mente corría hacia ella.

Hacia su voz.

Hacia su risa suave.

Hacia la promesa implícita de que mientras ella estuviera, todo estaría bien.

Pero ella no estaba.

Y aun así, Abbie seguía viviendo como si pudiera volver en cualquier momento.

-No avanzas -continuó la voz-.

Solo te quedas quieto mientras el tiempo pasa por encima de ti. Eso no es lealtad. Es miedo.

Abbie abrió los ojos de nuevo. El reflejo seguía ahí. No parecía enfadado. Parecía... honesto. Terriblemente honesto.

-No sabes a dónde vas -dijo-. No sabes qué quieres. Ni siquiera sabes si quieres querer algo. Pero sigues caminando. ¿Sabes por qué?

Silencio.

-Porque rendirse del todo requeriría una decisión -respondió el reflejo-. Y tú ya estás cansado de decidir.

Eso encajó demasiado bien.

Abbie había decidido saltar.

Había decidido dejar de luchar.

Había decidido que no valía la pena seguir. Y aun así, el mundo o lo que fuera que gobernaba su existencia había ignorado su decisión.

Desde entonces, cada paso que daba no se sentía como una elección, sino como una inercia. Como si alguien hubiera empujado una piedra cuesta abajo y ahora solo quedara observarla rodar.

-No estás viviendo -dijo la voz-. Estás siendo llevado.

El espejo mostró un leve cambio. No en el rostro, sino en la postura. Los hombros de Abbie parecían más caídos.

No por debilidad física.

Por resignación.

-Y eso es lo que más te duele -continuó-.

No el dolor.

No la soledad.

No la muerte.

Te duele que ni siquiera rendirte haya sido suficiente.

Abbie apoyó una mano contra el lavabo.

El contacto frío lo ancló al presente.

Aquí.

Ahora.

En este cuerpo que insistía en seguir.

-No sabes qué hacer -dijo el reflejo-. Pero sabes algo: si sigues así, el recuerdo de tu madre dejará de ser un lugar seguro. Se convertirá en una jaula. Una donde te encierres voluntariamente porque afuera no sabes cómo existir.

El silencio volvió a instalarse.

No hubo respuesta inmediata.

No hubo promesa.

No hubo juramento.

Solo una comprensión lenta, amarga.

Abbie no estaba listo para seguir adelante.

Tampoco estaba listo para morir.

Estaba atrapado en ese espacio intermedio donde el cuerpo avanza y la mente se queda atrás, mirando algo que ya no está.

El reflejo no le exigió nada más.

-Entonces ahora que lo sabes -dijo finalmente, casi en un susurro-, sigue caminando si quieres. No porque tengas esperanza. No porque seas fuerte. Camina porque aún no has decidido detenerte del todo.

La voz se apagó.

El espejo volvió a ser solo un espejo.

Abbie respiró.

Un latido.

Otro.

El mismo mecanismo implacable de siempre.

No se sentía mejor.

No se sentía peor.

Pero por primera vez desde la caída, entendió algo con claridad brutal:

Seguir vivo no era una victoria.

Tampoco una derrota.

Era una pregunta abierta.

Y todavía no estaba listo para responderla.

Abbie el cual no fuera por el timbre de la casa que sonó,hubiera cada quedado atrapado en sus pensamientos por bastante tiempo.

Bajo rápidamente las escaleras,no lo hizo por emoción. Lo hizo por curiosidad del futuro que le espera si no puede desistir entonces lo único que puede hacer es recibir los golpes de la vida en la cara

Si no podía desistir del todo, si ni siquiera rendirse le estaba permitido, entonces lo único que le quedaba era eso: recibir los golpes de frente, sin esquivarlos, sin pelear, sin fingir que dolían menos de lo que realmente dolían.

Cada escalón crujía bajo sus pies, y ese sonido le recordó que seguía ahí. Que seguía ocupando espacio.

Que su cuerpo seguía respondiendo aunque su mente no lo acompañara.

Abbie no sabía quién estaba detrás de la puerta.

No sabía qué venía después.

Pero entendió algo con una claridad incómoda: el futuro no iba a pedirle permiso.

Y si la vida insistía en arrastrarlo hacia adelante, entonces él al menos quería mirar el rostro de aquello que venía a golpearlo.

Aunque fuera lo último que hiciera sin sentirse realmente vivo.

Abbie abrió la puerta sus ojos agotados y serios miraron a Kars, el cual los miró y analizó,no sorprendido habló.

-Vamonos,estamos algo atrasado-

Abbie obedeció y solo siguio karas más grande fue su sorpresa al encontrarse con una limusina esperándolo afuera de su casa.

Fin del capítulo