Introducción
EL LINAJE DE HIELO Y SANGRE
POV: DAMIEN BLACK
Para entender al monstruo, primero debes entender la jaula que lo forjó. Y la mía no está hecha de barrotes de hierro, sino de montañas inexpugnables, hielo eterno y un río de sangre que se remonta a los albores de la humanidad.
Soy Damien Black, el Alfa Supremo del Norte. Pero antes de ser una leyenda que hace temblar a los líderes del mundo, soy el producto de la dinastía más letal que la Diosa Luna jamás bendijo: el linaje Blackwood.
Nuestra historia no se cuenta en los libros patéticos de los humanos; se aúlla a la luna llena. Cincuenta generaciones de Alfas de sangre pura nos respaldan. Cincuenta vidas de reyes que no se arrodillaron ante nadie. Descendemos directamente de los primeros cambiaformas, de aquellos guerreros que caminaban junto a los vikingos y que decidieron que el mundo civilizado era una farsa repugnante. Nos exiliamos en las tierras más hostiles del planeta porque el frío purifica. El hielo mata la debilidad. En nuestra manada, si no puedes cazar, mueres. Si no puedes proteger a los tuyos, no mereces la luna.
Esa fue la ideología con la que fui engendrado.
Mi padre, Alaric Black, era un gigante entre monstruos. Su lobo era una tormenta de nieve y acero, un gobernante justo pero implacable. Y mi madre, Elara, era su Luna; una guerrera feroz cuyas garras estaban tan manchadas de sangre enemiga como las de él. Ellos eran el ejemplo perfecto del vínculo de la impronta. Crecí viéndolos gobernar el Norte como dos mitades de un mismo dios pagano. Su amor era una fuerza de la naturaleza, una devoción tan absoluta que la manada entera prosperaba bajo el calor de su lazo.
Pero el amor, en un mundo de depredadores, es también el talón de Aquiles más catastrófico. Y la debilidad siempre es aprovechada por las plagas.
Ocurrió hace poco más de dos siglos. Los humanos, en su eterna expansión alimentada por la codicia y el miedo a lo que no pueden domesticar, invadieron el límite sur de nuestras fronteras. No vinieron con espadas frente a frente; vinieron con trampas, mentiras y pólvora envenenada.
Mi madre lideraba una patrulla fronteriza cuando cayeron en la emboscada. No la mataron en combate singular; usaron acónito azul, un veneno sintético rociado en proyectiles. La cazaron como a un animal de feria. Cuando mi padre llegó al lugar, alertado por el desgarro en su propia alma, ya era demasiado tarde. Elara murió en sus brazos, asfixiada por el veneno humano.
Aquel día, no solo murió la Luna del Norte. Murió mi padre.
Los ancianos siempre advirtieron que cuando un lobo pierde a su mate, la amputación del hilo de plata destroza la mente. Verlo fue un descenso al infierno. El Alfa sabio e invencible que yo adoraba se rompió en mil pedazos. La agonía de perder a su otra mitad lo volvió loco. Se convirtió en lo que más odiábamos: un pícaro. Una bestia salvaje, irracional, movida únicamente por el dolor y la sed de sangre, que empezó a atacar a nuestra propia manada sin distinguir entre amigos o enemigos.
Yo apenas era un joven guerrero, pero mi lobo, Nox, ya era una aberración de tamaño y oscuridad. Para salvar a mi pueblo, tuve que hacer lo impensable.
Tuve que cazar a mi propio padre.
La batalla destrozó la cumbre de la montaña. Cuando finalmente hundí mis colmillos en su garganta, liberándolo de su agonía, su sangre caliente manchó mis manos para siempre. Mientras lo veía morir, mientras sus ojos recobraban la lucidez por un último segundo para agradecerme el golpe final, mi corazón humano se detuvo y se congeló por completo.
Aquel día juré dos cosas frente a su cadáver.
La primera: purgaría a los humanos de mi mundo. Me aseguraría de que mi raza los viera como lo que eran: parásitos cobardes que destruían a los dioses por la espalda. Construí la Fortaleza Blackwood y blindé el Norte.
La segunda: jamás permitiría que el destino me convirtiera en un esclavo. Vi de primera mano cómo el "hermoso vínculo" de la Diosa Luna redujo al guerrero más grande de la historia a un perro rabioso y suicida. Me prometí a mí mismo, y a mi bestia, que nunca me arrodillaría ante la magia de la impronta. Sería un Rey de hielo, solitario e invencible. Reprimiría cualquier instinto que me acercara a la debilidad del amor.
Y así fue. Durante siglos, fui el Alfa Supremo, el juez y el verdugo de las manadas del mundo. Dicté leyes con puño de hierro, decapité a cientos de pícaros y me burlé de aquellos lobos patéticos que hablaban de almas gemelas. Yo era el invierno encarnado. Intocable. Perfecto en mi soledad y mi odio.
Pero el universo tiene un sentido del humor retorcido. La Diosa Luna, ofendida por mi arrogancia, decidió que el Rey que más odiaba el amor y que más aborrecía a los humanos... iba a recibir su castigo más dulce y aterrador.
Esta es la historia de cómo mis murallas de hielo inquebrantable fueron reducidas a cenizas por una simple estudiante de Chicago. Esta es la historia de cómo el monstruo más despiadado del planeta se arrastró de rodillas, suplicando por la vida de una humana con aroma a cereza.
Bienvenidos a mi mundo. Bienvenidos al Norte. Y bienvenidos a mi absoluta y gloriosa perdición.









no puedo creer que mi escritora favorita haya escrito un libro de mi género favorito a parte de mis hermosos mafiosos 🧎♀️➡️🧎♀️➡️🤯🤯🤯
Espero te agrade, es un libro muy light cero drama, solo es el encuentro de dos almas que se reconocen....
me encantó ya lo terminé 🤗🤗🤗🤗