Inalcanzable by Solange at Inkitt
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Inalcanzable

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Summary

Alma Lexington, una acaudalada mujer de 39 años, queda viuda tras la repentina muerte del CEO de Stevens Inc. Corporation, una poderosa multinacional que domina los sectores de tecnología y finanzas. Obligada a ocupar un lugar que nunca pensó asumir, Alma deberá demostrar que está a la altura de un imperio que no perdona debilidades. En medio de la presión y el control absoluto de su nueva vida, decide contratar a un asistente personal. Pero lo que parecía una simple decisión profesional se transforma en un conflicto imposible de ignorar cuando él, un joven de 25 años, comienza a desarmar cada una de sus barreras… y a ocupar sus pensamientos más de lo que debería. Entre el poder, el deseo y las reglas que no pueden romperse, Alma descubrirá que hay emociones que ni el dinero ni el control pueden dominar.

Genre
Erotica
Author
Solange
Status
Ongoing
Chapters
29
Rating
n/a
Age Rating
18+

AHOGO

Capitulo 1 Ahogo

La oficina estaba en silencio.Demasiado silencio para un lugar que, hasta hacía unos días, funcionaba como el corazón de una de las empresas más poderosas del mundo, Stevens inc. Corporation era un gigante en el rubro de la tecnología y finanzas.

Alma Lexington se quedó de pie frente al ventanal, con la ciudad extendiéndose bajo sus pies como un tablero que no sabía cómo jugar. Desde ahí arriba, todo parecía ordenado, pequeño,Controlable.Nada más lejos de la realidad que tenía enfrente.Apretó los dedos contra el vidrio frío, como si necesitara comprobar que seguía ahí, que no era un error. Que esa oficina —esa oficina— ahora le pertenecía.

El escritorio detrás suyo seguía intacto.Nadie se había atrevido a tocar nada desde la muerte de Arthur Stevens.

Ni sus papeles.

Ni su silla.

Ni su ausencia.

Alma cerró los ojos un segundo.Todavía podía escucharlo."El poder no es para quien lo desea, Alma… es para quien puede sostenerlo."Soltó el aire lentamente.


—No estoy segura de poder hacerlo —murmuró, más para sí misma que para nadie.


—Lo está haciendo.


La voz la sacó de sus pensamientos.Al girarse, lo vio de pie junto a la puerta, impecable como siempre, con esa calma que parecía inquebrantable.El hombre que había estado al lado de Arthur Stevens durante décadas, Joseph Martin era un hombre de unos sesenta años, de contextura delgada y porte impecable. Su cabello, cuidadosamente peinado, mezclaba hebras negras con un blanco elegante que hablaba más de experiencia que de edad.Sus ojos claros —penetrantes, atentos— parecían evaluar cada detalle sin necesidad de moverse demasiado. Había en su mirada una seguridad tranquila, de esas que no necesitan imponerse para hacerse respetar.

Su andar era firme, medido, casi silencioso. Cada paso parecía calculado, como si llevara décadas caminando por los mismos pasillos, conociendo cada rincón, cada persona, cada secreto.No levantaba la voz y no lo necesitaba.Había algo en él ,en su postura, en su tono, en su forma de observar, que transmitía autoridad sin esfuerzo.

Y, sin embargo, con Alma… su presencia adquiría un matiz distinto.Menos rígido.

Más cercano.

Casi paternal.

Como si, en medio de un imperio que no perdonaba errores, él fuera el único punto de equilibrio.


—No sé si estar parada acá cuenta como “hacerlo” —respondió Alma, intentando una media sonrisa que no llegó a formarse del todo.


Él avanzó unos pasos, sin invadir, sin presionar. Como si supiera exactamente hasta dónde acercarse.


—Nadie nace sabiendo dirigir un imperio —dijo con voz firme—. Pero usted no está acá por casualidad.


Alma bajó la mirada.Ahí estaba otra vez.Esa sensación.Ese peso.


—¿Y si se equivocó? —preguntó en voz baja—. ¿Y si todo esto fue… un error?


El hombre la observó en silencio unos segundos. No con lástima. Nunca con lástima.


—El señor Stevens no se equivocaba con las personas —respondió finalmente—. Y mucho menos con usted.


El silencio volvió a instalarse, pero esta vez no era incómodo.

Era… sostenido.

Real.

Alma asintió apenas, como si necesitara aferrarse a esas palabras para no tambalear.


—Tiene una reunión en veinte minutos —continuó él, retomando su tono profesional—. Junta directiva.


Ahí estaba.

La realidad.

La prueba.


Alma soltó una risa breve, sin humor.

—Claro que sí.


Se giró finalmente hacia el escritorio.Lo rodeó despacio, como si cada paso marcara una decisión que no podía deshacer. Apoyó la mano sobre la superficie oscura, sintiendo el peso simbólico de todo lo que representaba.

Respiró hondo.

Y se sentó.

Por un instante, el mundo pareció detenerse.Como si la realidad se le escapara de los dedos y esto que vivía fuera una fantasía. Su corazón dolía, su alma se partia, pero tenía una promesa que cumplir.


—Van a intentar medirla —dijo él desde su lugar—. Van a buscar debilidades.


Alma levantó la mirada.

—¿Y qué hago?—dijo con las lágrimas en el umbral de sus ojos.


Él no dudó.


—No les dé ninguna.

Un leve silencio.

Y entonces, por primera vez desde que había entrado en esa oficina…Alma Lexington se enderezó en la silla. Se cerró el botón de su traje hecho a medida y se levantó, tuvo que usar todas sus fuerzas para hacerlo.

No estoy completamente segura.

No completamente fuerte.

Pero decidida.


—Bien —dijo, más firme y asintiendo con la cabeza —. Entonces empecemos.


Cuando el hombre salió de la oficina Alma quedó sola nuevamente , pero esta vez no era la misma soledad. Se inclinó hacia adelante, apoyándose con los codos y en el escritorio, y por primera vez…..  pensó en el pasado y  en todo lo que podía perder .

Respiró hondo y entonces, como si el tiempo se plegara sobre sí mismo….. recordó  toda la sucesión de eventos que la habían traído hasta ese momento.Cada paso, cada decisión y cada cosa que había dejado en el camino …..

Dos años antes

El aula estaba llena de murmullos. Alma dejó el fibrón sobre el escritorio y observó a sus alumnos, sin verlos realmente. La hora pasaba lentamente, tan despacio que disparaba su ansiedad a cada minuto.


—Profe¿Esto entra en el examen?—preguntó uno de los chicos desde el fondo.


Alma dudó un segundo antes de responder.

—si—dijo finalmente, aunque su mente estaba en otro lugar. Siempre en otro lugar.


El timbre sonó con un eco metálico que se expandió por los pasillos.

Alma se sobresaltó apenas, como si ese sonido la arrancara de un lugar en el que nunca terminaba de sentirse cómoda.La escuela olía a café recalentado y a papeles viejos.

A rutina.….

A días que se repetían uno detrás de otro sin demasiadas sorpresas.Caminó por el pasillo con una carpeta apretada contra el pecho, esquivando grupos de alumnos que hablaban demasiado alto, demasiado seguros, demasiado… cómodos.Ella no lo estaba hace tiempo. Se reprocho si alguna vez había sido feliz en este lugar.

Nunca lo había sido.

Había crecido junto a su madre, no muy lejos de allí.Asistió a la misma escuela de Seattle, Ballard High School, caminando esos pasillos mucho antes de convertirse en parte de ellos desde otro lugar.Alma había sido una niña promedio, con un padre ausente y una madre demasiado despreocupada, no resaltaba, pero eso le daba seguridad, esa que se logra con la invisibilidad. Esos pasillos la conocían muy bien, no podía mentirles, le recordaban sueños que no fueron y risas.

El timbre había sonado hacía unos minutos, pero Alma seguía caminando despacio, como si cada paso pesara más de lo normal. A su alrededor, grupos de chicas reían, hablaban de fiestas, de ropa, de cosas que a ella le resultaban ajenas, lejanas… como si pertenecieran a otro mundo.

Acomodó los libros contra su pecho, bajando la mirada. Ya conocía esa sensación: estar rodeada de gente y, aun así, sentirse completamente sola.


—Ey… —Una voz suave la sacó de sus pensamientos.


Alma levantó la vista y ahí estaba Summer, apoyada contra los lockers, con una media sonrisa y esa mirada cálida que siempre parecía entender más de lo que decía.


—Otra vez con cara de “me quiero teletransportar a otro planeta” —bromeó, inclinando un poco la cabeza.


Alma soltó un suspiro leve.

—¿Se nota tanto?— le dijo ella cerrando y mordiéndose el labio mientras se reía.


—Solo cuando estás pensando demasiado —respondió Summer, encogiéndose de hombros—. O sea… siempre.


Eso le arrancó una pequeña sonrisa a Alma. Una de verdad, aunque breve.


Summer se separó del locker y se acercó.

—¿Qué pasó ahora?


Alma dudó un segundo. Miró hacia el fondo del pasillo, donde un grupo de chicas la observaba entre murmullos apenas disimulados.


—Nada… lo de siempre —dijo finalmente—. Siento que no encajo acá. Como si todos ya supieran cómo ser… y yo me perdí esa clase.


Summer frunció el ceño, con una mezcla de molestia y ternura.


—No es que no encajas, Alma. Quizá esto en algún punto ya no es para ti. 


Alma bajó la mirada, jugando con el borde de su cuaderno.Hubo un pequeño silencio. Summer dio un paso más cerca, lo suficiente como para que su hombro rozara el de ella.Alma levantó la vista otra vez. Esa vez, su sonrisa fue más firme, más sincera.


—No sé qué haría sin vos.

Summer soltó una risa suave.


—Probablemente volverte aún más dramática.


—Ey…


—Pero en serio —agregó, suavizando el tono—No tengas miedo al cambio. Si este no es tu camino. busca el tuyo.


Alma respiró hondo. Por primera vez en el día, el peso en el pecho parecía un poco más liviano.


—Gracias, Summer.


—Para eso estoy —respondió guiñandole un ojo—.

Alma soltó una pequeña risa mientras empezaban a caminar juntas por el pasillo.Y por un rato, solo por un rato, ya no se sintió fuera de lugar.


Al llegar a su casa cerró la puerta  detrás de ella con un clic seco.El silencio no era incomodo, al contrario lo sintió muy suyo y  la relajo, lo necesitaba. Alma apoyó la espalda contra la puerta por unos segundos, cerrando los ojos, la ansiedad la mataba, no sabia que hacer. El aire todavía parecía pesado en sus pulmones, como si el día no terminara de soltarla.

Se quitó las jordan con un movimiento lento, casi automático, y las dejó a un costado. El sonido suave contra el piso de madera fue lo único que rompió la quietud.

Su departamento era impecable. Minimalista. Las  cosas no tenían  un  lugar exacto, pero todo olía y se veía como si encaja.Tonos neutros, líneas limpias… todo cuidadosamente elegido para no desbordar.

A diferencia de su cabeza.

Caminó hacia el living, dejando la mochila sobre el sillón sin mirarlo siquiera. Se Sacó el buzo, ese mismo que había olvidado durante el día,y exhaló con algo parecido al alivio.

Pero no era suficiente.

Nunca lo era del todo.

Se acercó al ventanal. La ciudad se extendía frente a ella, iluminada y distante… casi irreal. Desde ahí arriba, todo parecía más simple. Más ordenado.

Más fácil de entender.

Puso su lista de spotify …. empezó a sonar Blood Sugar Sex Magik de los Red hot Chilli Peppers , mientras los minutos de la canción corrían se desplomó en el sillón con su celular, abrió Linkedin y busco trabajo de recepcionista, ventas y atención al cliente, eran trabajos en los cuales ya tenía experiencia. De repente un anuncio le llamo la atencion:

BÚSQUEDA LABORAL – RECEPCIONISTA

Stevens Inc Corporation

En Stevens Inc Corporation, empresa líder en los sectores de tecnología y finanzas, nos encontramos en la búsqueda de una Recepcionista para incorporarse a nuestro equipo de trabajo.

Perfil requerido:

• Edad: entre 24 y 36 años

• Excelente presencia y habilidades de comunicación

• Perfil proactivo, organizado y resolutivo

• Manejo de herramientas informáticas (paquete Office)

• Experiencia previa en posiciones similares (preferentemente en entornos corporativos)

Responsabilidades:

• Recepción y atención de visitas

• Gestión de llamadas y correspondencia

• Coordinación de agendas y reuniones

• Soporte administrativo general

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—¿Qué estas haciendo Alma? —. Se preguntó para sí misma, la pregunta quedó flotando en su cabeza.

No era solo por ese día. Ni por el trabajo. Ni siquiera por esa sensación constante de estar un paso atrás de su propia vida.

Era todo.

Absolutamente todo.

Abrió los ojos despacio y miró el techo, como si esperara encontrar alguna respuesta escrita ahí.No podía dejar de mover la pierna ni de morderse las uñas…….. y ahí lo hizo enviar la postulación .No tenía muchas esperanzas, pero lo que había hecho era el principio de un cambio.

Al otro día, se despertó con una sonrisa, no porque hubiera hecho algo grandioso, sino porque por primera vez se animaba a hacer algo diferente.Entro a la escuela animada.Empujó la puerta del aula contigua sin tocar.

Ahí estaba.

Summer.

Apoyada contra el escritorio, revisando algo en su celular, con esa tranquilidad que siempre la caracterizaba… como si el mundo jamás pudiera desordenarla del todo.

Alma no pudo contenerse.

—Amiga… —soltó, casi sin aire—. ¡Lo hice!

Summer levantó la vista de golpe.

Sus ojos se agrandaron primero… y después se encendieron.

—¿QUÉ? —susurró fuerte, caminando hacia ella—. No me digas que por fin…

—Sí —dijo Alma, llevándose una mano a la cabeza—. Sí. Lo mandé. Ya está. No hay “deshacer”.

Summer la agarró de los brazos.

—Al fin, por Dios —dijo, sacudiéndose apenas—. Pensé que ibas a jubilarte acá antes de animarte.

Alma dejó escapar una risa nerviosa.

—No me ayudás.

—No, sí te ayudo —respondió Summer, sonriendo con esa mezcla de ternura y malicia—. Solo que también te digo la verdad. Hace AÑOS que querés salir de acá.

Alma bajó la mirada un segundo.

—Sí… pero querer no es lo mismo que poder.

Summer entrecerró los ojos.

Ahí estaba ese gesto.

Ese que Alma conocía demasiado bien.

—A ver —dijo, cruzándose de brazos—. ¿Otra vez con eso?

—No es “eso”, es real —insistió Alma—. Vos tenés 24, Summer. Tenés tiempo, energía, margen para equivocarte. Yo tengo 36… y cada decisión pesa el doble. ¿Y si no se da? ¿Y si me equivoco? ¿Y si esto era lo único seguro que tenía?

Summer la miró en silencio.

Un segundo.

Dos.

Y después negó con la cabeza, acercándose un paso más.

—Dejá de hablarte así —dijo, firme—. Me cansa escucharte minimizarte.

Alma levantó la vista, sorprendida por el tono.

—No me minimizo…

—Sí, lo hacés —la cortó Summer—. Todo el tiempo. Te escondes detrás de la edad, del “ya es tarde”, del “no soy suficiente”… cuando sabés perfectamente que podés con esto y más.

Alma tragó saliva.

—No es tan fácil.

—Nunca lo es —respondió ella, más suave ahora—. Pero vos no sos frágil, Alma. Sos prudente, sí. Sos sensible, también. Pero no sos débil.

Ese comentario le pegó más de lo que esperaba.

—A veces siento que sí…

Summer suspiró, y esta vez apoyó una mano en su hombro.

—Tu único freno sos vos —le dijo, mirándola directo—. Nadie más.

Silencio.

Pero no incómodo.

De esos que dicen mucho.

Y entonces, como si necesitara romper la intensidad, Summer sonrió de lado.

—Además… —agregó, con picardía— capaz en ese nuevo lugar conocés a alguien.

Alma la miró, ya sabiendo por dónde venía.

—No…

—Sí —insistió—. Alguien que te saque un poco ese… temita tuyo.

Alma abrió los ojos, ofendida  pero divertida.

—¡No tengo ningún temita!

—Ajá —Summer arqueó una ceja—. Decilo sin ponerte colorada.

Alma sintió el calor subirle a las mejillas.

—Sos insoportable.

—Y vos estás en abstinencia emocional sexual desde…… hace mínimo… ¿qué? ¿Tres años?

—¡No es mi culpa! —se defendió, riéndose—. Y lo sabés perfectamente. Los últimos chicos de esa app fueron un desastre. Uno desapareció, otro vivía con la madre y el tercero… bueno, el tercero no sabía conjugar un verbo.

Summer estalló en risa, llevándose la mano a la boca.

—Bueno, perdón, pero eso último es imperdonable.

—¡Gracias!

—Igual —agregó, señalándola—, no podés cerrar todo por tres inútiles.

—No eran tres… —murmuró Alma.

—Peor todavía —respondió Summer—. Tenés más anécdotas que esperanza.

Las dos soltaron una carcajada fuerte.

Demasiado fuerte.

Se miraron al instante… y automáticamente bajaron el volumen, conteniendo la risa como dos adolescentes en clase.

—Nos van a matar —susurró Alma.

—Valió la pena —respondió Summer, guiñandole un ojo.

El timbre sonó, cortando el momento como una cuchilla.

Las dos se separaron, todavía con restos de risa en la cara.

—Bueno… —dijo Summer, caminando hacia la puerta—. Andá y sé valiente. Aunque sea un poquito.

Alma asintió.

—Gracias…

Summer se detuvo antes de salir.

—Eh —la llamó.

Alma levantó la vista.

—De verdad —dijo ella, más seria—. Esto que hiciste hoy… es enorme. No lo arruines dudando de vos.

Alma sintió algo aflojarse adentro.

—Voy a intentarlo.

—No —corrigió Summer, sonriendo—. Lo vas a hacer.

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Good Writing

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Compelling Plot

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Great Character

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Great Character

Strong Dialog

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Strong Dialog

author

describes muy bien las escenas!! me gusta enhorabuena! te guardo para continuarlo

2 months