Be My Destiny

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Summary

"¿Qué harías si descubres que tu mayor dolor fue causado por una mentira?" Naomi huyó de Dominick creyendo que él la había engañado. Dominick dejó de vivir el día que ella se fue sin decir adiós. Su mejor amigo se aseguró de que ambos se odiaran en silencio. Tres años después, el destino decide jugar sus cartas en Florencia. Un destino que no se rinde y una verdad que grita por salir. Dominick está a punto de descubrir que no solo perdió a la mujer de su vida, sino también los primeros años de su hijo. ¿Será el perdón suficiente para unir lo que alguien destruyó?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

PRÓLOGO


Flashback (Hace 3 años)

El salón de baile de la universidad apestaba a alcohol y sudor; la música retumbaba a un volumen ensordecedor, haciendo que los estudiantes bailaran al compás de una melodía que apenas lograban reconocer. En medio del caos, Naomi apretaba el test de embarazo oculto en el bolsillo de su abrigo. Sentía que el mundo le daba vueltas; no terminaba de asimilar cómo o cuándo pasó exactamente, pero con el corazón martilleando contra sus costillas, se armó de valor. Necesitaba encontrar a Dominick. Tenía que decirle la verdad.

Justo cuando creyó divisar su silueta a lo lejos, alguien se plantó frente a ella, cortándole el paso de forma brusca.

—¿Buscando a Dom? —Naomi alzó la cabeza y se encontró con la mirada de Oliver. Él la observaba con una sonrisa ladina—. No creo que sea el mejor momento, muñeca. Está ocupado con cosas mucho más interesantes.

—Tengo que hablar con él, Oliver. Quítate, es importante.

—No creo que sea posible —insistió él con una sonrisa socarrona—. Míralo por ti misma.

Oliver se hizo a un lado con un gesto teatral y señaló directamente hacia la terraza.

En ese instante, Naomi sintió como si le arrancaran el corazón del pecho para arrojarlo al suelo y pisotearlo. Allí estaba Dominick. Pero no estaba solo: una chica pelinegra lo rodeaba por el cuello, besándolo con una intensidad feroz. Lo peor no fue el beso, sino que él no se movía; parecía petrificado, estático como una estatua. Para Naomi, cuya sensibilidad estaba a flor de piel, esa inmovilidad, sumada al veneno de Oliver, fue la confirmación de su mayor miedo: era una estúpida.

—Pobrecita —susurró Oliver al acercarse a su oído. Su voz destilaba una ponzoña que ella, en su dolor, confundió con lástima—. No fuiste más que un pasatiempo para él. Solo vete ahora, mientras aún te quede algo de dignidad.

Naomi no esperó a escuchar una palabra más. Se dio la vuelta y salió corriendo sin mirar atrás, ignorando que, tras ella, la sonrisa de Oliver se transformaba en una mueca de puro desdén.

—Es mejor que desaparezcas de su vida —siseó él a la nada, viendo cómo la silueta de la chica se perdía en la oscuridad.

Fin del Flashback (Actualidad)

La luz de la tarde bañaba la plaza central de Florencia con un matiz dorado, convirtiendo el paisaje en algo digno de un retrato renacentista. Naomi estaba sentada en una pequeña mesa exterior del café donde solía refugiarse para despejar la mente tras sus largas jornadas.

Había encontrado trabajo  como maestra en un jardín de niños local; adoraba cómo sus alumnos siempre la bombardeaban con preguntas curiosas sobre las clases. Estaba concentrada terminando la lista de actividades para el día siguiente cuando sintió un pequeño tirón en su falda. Sus ojos descendieron de inmediato.

—¡Mami! ¡Mami! Mira, gatito —la voz era aguda, cargada de esa emoción pura que solo habita en los niños pequeños.

Abraham, o "Abby" como le decía su familia, señalaba con su dedo gordito a un gato callejero que se pavoneaba entre las palomas. El niño tenía el cabello oscuro con sutiles reflejos rojizos, siempre rebelde, idéntico al del hombre cuyas fotos Naomi guardaba bajo llave. Pero eran sus ojos, de un gris azulado intenso, los que delataban una línea de sangre que el pequeño aún desconocía.

—Es un gato muy lindo, Abby —sonrió ella, limpiándole con ternura un rastro de helado de pistacho de la mejilla—. Pero no corras, que te vas a caer.

—¡Yo soy rápido, mami! ¡Como un wagyo! —exclamó el pequeño, saltando alrededor de la silla mientras intentaba pronunciar la "r" sin éxito.

En ese momento, una mujer rubia y muy elegante que cruzaba la plaza se detuvo en seco al ver al niño. El bolso de diseñador casi se le resbala del hombro. Naomi levantó la vista y sintió que la sangre se le congelaba en las venas. Por puro instinto, tomó a Abraham en brazos y lo apegó a su cuerpo, como queriendo ocultarlo.

—¿Naomi? —la voz de la mujer tembló—. ¿Eres tú?

—E... Elena —el nombre salió de sus labios como un tartamudeo. No tenía idea de qué hacía la hermana de Dominick en Italia, y no quería quedarse a averiguarlo.

Se puso de pie con Abraham en brazos, dispuesta a huir de allí lo más rápido posible. Sin embargo, antes de dar el primer paso, un sollozo ahogado la obligó a frenarse.

—Dios mío... —susurró Elena entre lágrimas—. Eres tú... Realmente eres tú.

Sin darle tiempo a reaccionar, Elena la rodeó en un abrazo desesperado, rompiendo el muro que Naomi había construido durante tres años.

Naomi...