Un buen hijo
Penúltimo trabajo del día, con agotamiento, Darek va hacia la puerta para irse, pero tenía que atender al cliente. —Perfecto.. gracias, ahora vete– Un hombre de mediana edad le da el dinero a Darek luego de hacer su trabajo.
Subiéndose a su auto se dirige a su próximo encargo. Lo cual lo irritaba un poco, ya que ya había ido a ese lugar, sería la segunda vez que iría.
—Será rápido.. lo haré rápido y me iré..- se dijo así mismo Darek mientras conducía.
Era un vehículo humilde, tuvo que trabajar para conseguirlo. La compañía se dedica a ofrecer limpieza a casas. Cada día era una casa diferente, y cada día podria ser uno bueno, oh otro malo.
Luego de unos minutos manejando, había llegado a su destino, un departamento. Darek entró en el estacionamiento y aparco su auto.
—Uhg.. este es el último.. porque tengo que quedarme hasta esta hora?..- Pensó Darek mientras entraba en el edificio, no había nadie, nisiquiera limpieza, oh guardia, era un pobre lugar. Subió las escaleras y finalmente llegué a la puerta y la toco.—No quiero tener que volver a verle la cara a este cretino.. El de hace rato me hizo enfadar..-
Ya había estado en esta habitación, antes de que llegara vi a una mujer con la cara golpeada, mientras lloraba y se iba deprisa. No fue amable y solo tuve que trabajar.
Darek Tocó la puerta y no tuvo respuesta alguna, no quería quedarse hasta más tarde así que la abrió, para su sorpresa, estaba abierta.
—Hola?..- Dijo Darek, mientras caminaba, miró que la puerta del baño estaba abierta. Se asomó para ver, pensando lo peor. Y resulta que así fue.
Un cuerpo en el piso, y una persona más, estaba sentada en el inodoro. Un hombre de mirada feliz con lentes. —Mmm? Hola hijo, que desastre... si dejó esto.. la policía podria atraparme no?..- Dijo el padre de Darek. Tenía una camisa blanca, pantalón negro y zapatos.
—Q-que?.. que hiciste?..- Preguntó Darek dejando caer la bolsa que traía productos para limpieza. La sensación era tan fría, le recorría en la espalda como un escalofrío.
—No te preocupes hijo, yo me encargaré- Dijo el padre mientras saco un cuchillo y lo llevó al cuello del cuerpo.
—N-No! No! Que haces!? Si haces eso este baño se llenara de sangre! Nisiquiera podria limpiarlo!..- Darek apurado se acercó a su padre, agarrandolo del brazo para que no haga el corte.
—Mm? Entonces? Que hago?- pregunto el padre. Su cara era de confusión y un poco de felicidad.
—Y-Yo me encargo!.. déjame lo a mi...- Dijo Darek mientras su padre guardaba el cuchillo.
El padre sonrió de una manera que a Darek siempre le resultó agradable, aunque nunca lo admitía, una mezcla entre orgullo y algo más… algo que parecía alivio. Como si hubiera estado esperándolo toda la noche.
—Eso… —dijo el hombre, mientras se levantaba y se fue hacia la puerta apoyandose contra la pared.— Siempre fuiste el más responsable.–
Darek tragó saliva. El aire caliente del baño le quemó la garganta, cargado de humedad y un leve olor metálico que se mezclaba con el perfume a limón de los productos que había traído.
Le temblaban las manos; no sabía si por miedo, asco o simplemente cansancio.
Se quedó junto al cuerpo mirándolo.
Un hombre corpulento, torso desnudo, piel ya empezando a ponerse pálida. Tuvo que cerrar los ojos un segundo, porque algo en la posición de los labios —apenas entreabiertos— se le hacia familiar, aunque no recordaba de donde.
—Papá… —dijo sin levantar la mirada—. Esto… ¿cuándo pasó?
El padre se encogió de hombros y sacó de su bolsillo un pañuelo para limpiarse las manos, aunque no tenían una sola mancha.
—Hace un rato. Me entere de lo que hacia este… —respondió, con un tono casi juguetón—. Pero no pasa nada. Ahora dos cabezas piensan mejor que una.. no?–
Darek suspiró. No entendía porque diría una frase tan tonta en un momento como esto. Se levantó despacio, respirando hondo.
—Está bien —dijo—. Arreglaré esto.. no te preocupes..
El padre dándole una palmadita en el hombro mientras se acercó a su lado. Una palmadita cálida, sólida. Real.
Cuando Darek creyó estar solo en el baño, sintió que las paredes se achicaban.El cuerpo se veia más pesado que antes, como si supiera que él había aceptado la responsabilidad.
Respiró profundo.
Ajustó sus guantes.
Y Pensó.
—Rápido… —murmuró—. Rápido y nos vamos..
Pero mientras planeaba que hacer con el cuerpo para comenzar a trabajar, algo lo inquietó:
en la nuca del muerto había una marca.
Una cicatriz larga.
Sentía que ya había visto esa cicatriz.
Tal vez en otra vida.
Tal vez en otra noche.
O quizás…
Tal vez en otrocuerpo.
—Y Bien?- Dijo el padre, sobresaltando a Darek por lo inesperado.—N-No te había ido?- Dijo Darek, dándose la vuelta.
—Qué haremos con el cuerpo?- Dijo el padre apoyándose contra la pared con brazos cruzados, mirando a ambos. —Cortarlo? Tirarlo por ahí? Que dices? Alguna idea?- Dijo el padre con una sonrisa, para el esto era una actividad cotidiana.
—Maldición.. bien!.. déjame pensar..- Dijo Darek, mirando hacia los lados, mirando el cuerpo. —No podemos "cortarlo" ni llevarnoslo, nisiquiera se adonde lo llevare, un solo error y nos descubrirán..— Habló Darek mientras miraba el cuello del cuerpo.
—Tiene.. tiene una marca en el cuello, como un látigo oh algo así.. El.. El murió estrangulado.. lo hiciste así no?— Dijo Darek mirando a su padre. —Por supuesto hijo. Lo estrangule con una soga... así lo hice..- Respondió el Padre.
—Tenemos.. tenemos que hacer que parezca un suicidio.. solo.. necesitamos la soga.. que.. utilizaste– Dijo Darek mientras se levantó. —Ahh?.. si.. mientras hablabas la deje en la mesa pero adonde podríamos colgarlo? No creo que el techo aguante su peso– Dijo el padre mientras Darek caminaba por la casa.
—No, no necesariamente tiene que ser un techo.. puede ser.. eso.. la puerta– Respondió Darek
—Perfecto Darek ahora necesitamos alterar la habitación, Pon más cervezas, cigarros y creo que había una foto en su habitación.. tienes suerte de tener esos guantes no?– Dijo su padre mientras ponía su mano en el hombro de Darek
El padre se rió suave, un sonido breve, como el chasquido de un fósforo. A Darek le recorrió un escalofrío por la espalda: no sabía por qué, quien en su sano juicio se reiría de esto?.
—Muy bien, hijo. Siempre tan aplicado… —dijo el hombre, ajustándose los lentes con un gesto casi delicado—. Tu y yo… somos un buen equipo. Darek apartó la mirada. No podía seguir perdiendo tiempo.
Pasó al living buscando la cuerda, los guantes crujieron suavemente mientras abría cajones y movía cosas que no deberían estar fuera de lugar.
El padre lo siguió con pasos calmos, casi silenciosos para un hombre de su contextura.
—Aquí está… —dijo Darek al ver la cuerda sobre la mesa, prolijamente enrollada, como si nunca la hubieran usado—. No entiendo cómo podés dejarla así, parece nueva.
—Me imagine que vendrías.. —respondió el padre, sin un gramo de culpa ni extrañeza—. Y por casualidad, apareciste.
Darek tragó saliva.
No podía imaginar cuánta fuerza se necesitaba para estrangular a un hombre así de grande… y sin embargo su padre hablaba como si fuera una tarea de domingo.
—Bien… lo colgamos en la puerta del baño. Eso basta. La policía no investiga tanto si esto parece claro —murmuró Darek, más para sí mismo que para su padre.
El padre asintió, acomodándose la camisa.
—Tenés razón. Siempre la tuviste. Sos inteligente… como tu madre. —El tono se suavizó un instante, casi tierno—. Ella estaría orgullosa.
Darek apretó los labios. Mientras cargaba el cuerpo.
Una parte de él quería creerlo.
Otra parte… sentía un nudo en el estómago que no sabía explicar.
—Voy por mas cervezas —dijo Darek esquivando la mirada del cadáver. —Y los cigarrillos —agregó el padre detrás—. Mire su basura, habian muchas cajas vacías … eso te va a servir, tenemos suerte de que ya hayan latas vacías.–
Darek caminó hacia la cocina. La heladera era vieja, vibraba como si dentro hubiera un animal dormido. Tomó tres latas y las puso sobre la mesada.
Sus manos temblaban.
No sabía si por el frío del metal… o por otra cosa.
El olor del baño seguía pegado a sus fosas nasales, como si lo persiguiera.
—También había una foto —dijo el padre desde el pasillo—. Una foto importante. De esas que se guardan porque dolerían demasiado si se perdieran. Darek cerró la heladera con un golpe suave.
—¿Dónde? —preguntó.
—En su habitación, en la mesa de luz. —El padre hizo una pausa—. No la toqué, dejaría huellas no?
Darek sintió un latido fuerte en la sien. Tocó su pecho con una mano, respiró hondo y fue hacia la habitación. La puerta estaba entreabierta. La luz apagada. Cuando la abrió, la penumbra lo tragó como agua fría. La foto estaba ahí, tal como el padre había dicho.
Boca abajo.
Como si alguien la hubiera dejado caer con cuidado. Darek la levantó. La dio vuelta. Y por un segundo exacto —solo uno— sintió que el aire desaparecía.
En la foto no estaba el dueño de la casa. No estaba con amigos. Ni familia.
Era él.
Darek
Con alguien más.
Alguien cuyo rostro había olvidado.
O tal vez… se había obligado a olvidar.
Detrás suyo, en la puerta, el padre preguntó con un tono demasiado ligero: —¿La encontraste?
—Eh!? S-Si- Contestó Darek
—Mira a ese cretino tan feliz, quien pensaría que golpearia a su esposa y hijo? Se lo merece no?– Preguntó El padre mirando la foto.
—Necesitamos que haya un patrón de movimientos no simplemente dejarlo asi, pero con lo que hicimos, ya estaría hecho, solo falta esta foto dejemos en la mesa junto a las latas y cigarros– Dijo el padre y estuvieron unos minutos acomodando y limpiando cualquier cosa que hagan pensar que hubo alguien más en la habitación.
—Bien, hora de irnos– Dijo el padre..
Darek tomó la llave y la puso en el interior de la puerta, y la cerro, dejando la llave en la manija de la puerta
—Qué suerte tenemos en que este pobre hotel no les interese la iluminación, apuremonos- Dijo el padre y luego añadio.— Tambien de que esta estacionado junto a un callejón.–
Darek le susurró.—Lo sé.. Ya callate..–
El padre soltó una risita nasal, apenas audible, pero suficiente para que a Darek le recorriera la piel como si alguien le hubiera pasado un dedo helado por la columna.
—Ay, hijo… siempre tan impaciente —murmuró, acomodándose los lentes—. Igual que cuando eras chico.
Darek apretó los dientes y siguió avanzando por el pasillo.
Las luces del “hotel” —si se le podía llamar así— parpadeaban con un zumbido irritante, como si estuvieran a punto de apagarse para siempre. El aire olía a polvo viejo, humedad y algo más… algo a medio camino entre perfume barato.
El padre caminaba detrás de él, con pasos casi confiados, como si no hubieran dejado un cadáver colgando en la puerta del baño.
—Hijo —dijo el hombre, con voz baja pero claramente divertida—. Tenés que admitirlo… te salió impecable. Casi te vi sonreír.
Darek se detuvo. Por un segundo nada más. Sintió un calor incómodo en la nuca, como si la mirada del padre hubiera perforado una parte que prefería mantener apagada.
—No sonrío por estas cosas —dijo en voz baja, sin girarse.
—¿Ah, no? —El padre ladeó la cabeza, sonriendo con suavidad—. Yo diría que sí. Muy en el fondo. Pero no pasa nada, Darek… —apoyó una mano en su hombro—. Lo hacés por nosotros.
Darek apretó la manija de la puerta del edificio, empujándola con el codo para salir al callejón. El aire fresco lo golpeó, llenándole los pulmones de un alivio extraño. La calle estaba sumida en sombras largas, cortadas sólo por un farol moribundo que tintineaba como una luciérnaga.
—Vamos —dijo Darek.
—Vamos! —repitió el padre, moviéndose detrás de él como una sombra obediente.
Mientras caminaban hacia el vehículo, Darek sintió algo que no debería sentir. Una sensación antigua.
Como cuando era chico y su padre le decía “bien hecho” después de arreglar algo en la casa.
Como si hubiera cumplido con una obligación que llevaba años practicando sin saberlo. Abrió la puerta del auto. El padre se inclinó un poco hacia él.
—¿Sabés qué es lo mejor, hijo? —susurró—. Que todavía quedará mucho por limpiar.
Darek cerró los ojos, solo un instante. —Callate —murmuró. Pero su voz no sonó como un reproche. Sonó como una súplica.
Al día siguiente Darek llevó la cuchara a la boca sin mirar realmente su plato. El arroz estaba tibio, casi frío, pero no le importaba. Encendió la televisión para llenar el silencio, para que la casa no se sintiera tan grande, tan expectante. El volumen bajo, apenas un murmullo. Pero una frase lo obligó a alzar la vista.
"Último momento: un hombre fue encontrado sin vida en una habitación de un pequeño hotel de la zona norte…"
Darek sintió que el aire se detenía justo antes de entrarle a los pulmones. La cuchara quedó suspendida. En la pantalla, una periodista joven, con el pelo recogido y el gesto profesional, hablaba frente al edificio donde él había estado la noche anterior
"Las primeras hipótesis apuntan a un suicidio. El cuerpo fue hallado colgado en una puerta interior, sin señales claras de lucha…"
El camarógrafo hizo un paneo corto al frente del hotel: cintas amarillas, dos patrullas, un par de curiosos. Nada demasiado alarmante. La voz continuó:
"Según el casero, el huésped no había mostrado comportamientos extraños más allá del consumo frecuente de alcohol y fuertes peleas con su esposa. Fue él quien notó primero, al no responder, la puerta de la habitación no tenía seguro, entro y decidió avisar a las autoridades."
Apareció luego el casero, un hombre flaco, de bigote descuidado. Miraba a la cámara con una mezcla de cansancio y fastidio.
—Yo pensé que se había quedado dormido otra vez. Este lugar es tranquilo, ¿sabe? La gente viene a pasar la noche, nada más… —dijo—. Pero cuando no respondía por mucho que golpeara… bueno, uno ya sabe cuando algo está mal.
Corte rápido.
Luego un policía, rostro serio, manos cruzadas detrás de la espalda.
"No encontramos indicios de participación de terceros. Todo apunta a un acto impulsivo. El sujeto parecía alcoholizado. Estamos esperando los resultados forenses, pero por ahora, la línea es clara."
Darek tragó saliva. el arroz ahora sabía a nada o tal vez sabía demasiado.
El noticiero seguía:
"Vecinos de la zona aseguran que escucharon ruidos cerca de las 12 de la noche, pero no prestaron atención."
Una señora mayor apareció frente a la cámara:
—Sí, sí… ruidos, golpes, cosas así. Pero acá se oyen todo tipo de cosas. Siempre se peleaba con su esposa. Tal vez haya pasado eso..
Otro corte.
La periodista cerró el segmento:
"Repetimos: todo indica un suicidio. Seguiremos ampliando la información."
La imagen cambió a otro tema. El ruido del televisor volvió a ser simple ruido. Darek apoyó la cuchara.
Respiró hondo.
Intentó convencerse de que ese temblor leve en sus manos era hambre, o cansancio por la noche larga. El celular vibró. Una sola notificación.
Darek lo miró, sin tocarlo todavía. El nombre del remitente estaba ahí, aunque no debería estarlo. Ese nombre ya no debería existir en ningún teléfono.
“Papá”
Un mensaje.
Solo dos palabras.
“Bien hecho.”
El arroz en la mesa seguía tibio. Pero la casa, de pronto, estaba helada. Darek recibió otro mensaje.
"No te preocupes, cuando pelee con el ya estaba lo bastante hebrio, los forenses encontrarán alcohol en la sangre y cerraran el caso."
"Gracias por salvarme :)"
Darek dejó que la pantalla del teléfono se apagara sola, como si él no quisiera ser cómplice del gesto. Los mensajes seguían ahí, flotando en su mente con una claridad insoportable.
"*Gracias por salvarme :)*"
Esa carita sonriente fue lo que lo remató. No el contenido, no la insinuación, no la afirmación imposible… sino la normalidad obscena de esa sonrisa, como si aquello hubiese sido un favor cotidiano, una ayuda doméstica. Como si no hubieran pasado años desde la última vez que vio a su padre. Como si la muerte no tuviera peso.
Darek apoyó la frente sobre la mesa. El contacto frío con el metal le dio un segundo de alivio. No duró.
—Dios… —susurró, no como una plegaria, sino como un intento de anclarse a algo que no fuese él mismo.
Se enderezó despacio. Tenía clases a las tres, salía a las seis. A las siete entraba a trabajar y no volvería a casa hasta las dos de la mañana.
Una rutina que siempre le había parecido pesada, pero clara. Ahora todo parecía torcido, como si lo cotidiano estuviera a medio centímetro de descarrilar. Miró la hora en el reloj de la pared. Las agujas parecían moverse en una gelatinosa resistencia.
Las 13:00.
—Tengo que estudiar… —repitió, pero el murmullo sonó más a recuerdo mecánico que a intención real.
Aun así, se levantó de la silla. El cuerpo sabía avanzar incluso cuando la mente se quedaba atrás. Recolectó sus cuadernos, abrió uno, leyó una línea… y no retuvo nada. La tinta bailaba, los conceptos parecían resbalarse fuera de su atención.
Le dolía la cabeza. O quizá era tensión acumulada. O tal vez solo miedo, aunque no estaba listo para llamarlo así. Por un instante, se preguntó si debía responder los mensajes. Bloquear el número. Apagar el teléfono…
Tirarlo al río.
En cambio, lo dejó boca abajo sobre la mesa, como si así pudiera evitar que siguiera hablándole. Afuera, el cielo estaba despejado, pero a Darek le pareció que había algo gris colgado en el aire. Y todavía quedaba toda la tarde por delante. Toda la rutina. Toda la normalidad.
Normalidad que no sabia si podra mantener.