El despertar forzado

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Summary

Un maestro espiritual que lo tenía todo —poder, fe y una identidad impuesta— lo pierde todo ante un incendio. Dándole inicio a un viaje en solitario lejos de las máscaras.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

No es un final; es una metamorfosis

Ahora sé que no es una fantasía es tan real como mi alma ~autor desconocido~

En una estación de tren se encontraba un hombre de aspecto desaliñado, con la mirada fija en las vías. En sus ojos se vislumbraba su mentalidad fragmentada en la que apenas empezaba a recordar: como una pequeña luz o chispa divina.

Hace cinco años atrás, él vivía una época de oro, tanto mental como materialmente. Todos los días leía un libro en su biblioteca; en un rincón de su escritorio se hallaba un libro rojo que nunca abrió. Según decían, era el único ejemplar que contenía toda información sobre el mundo, pero la inquietud de que pudiera arruinar su mentalidad le impidió abrirlo jamás.

En una de sus páginas decía: "En una tarde soleada, cayó en un pozo profundo; en que esta vez no existiría salida".

Mantendremos su nombre en el anonimato; solo fue un hombre que alcanzó un nombre glorioso y respetado. Los hechos transcurrían en un pequeño pueblo apenas urbanizado, donde los deberes y quehaceres estaban muy marcados.

Este hombre tenía una estrecha relación con la comunidad. En otras palabras, tenía todo lo que consideraba importante: poder, estatus y dinero. Su presencia no pasaba desapercibida. Su deber era el más difícil: mantener la comunidad unida fijando límites y guiando a otros hacia la verdad. Para algunos, él era una figura religiosa; pero para un solo ciudadano, un farsante enmascarado.

Todos los días, este señor repartía libros a los jóvenes —tanto hombres como mujeres— que alcanzaban la edad adulta. En estos libros, escritos por él, se relataba su historia de vida, sus ideales y qué había que hacer para que la comunidad avanzara espiritualmente.

Una noche, ocurrió un incendio en una "guardia silenciosa" donde él solía entregar los libros. En una semana anterior al hecho del incendio, el maestro miró su cuaderno y se dio cuenta de que faltaban dos días para realizar aquella práctica tan dolorosa, pero fascinante para sí mismo. Recorrió cada esquina de su pueblo en busca de objetos o plantas; lo que fuera que tuviera espinas, no importaba su tamaño. Llegó a su casa y se puso a lavarlas cuidadosamente mientras veía el sol esconderse. Al día siguiente despertó entusiasmado; con algunas lagrimas cayendo suavemente, en lo que pudo concluir su práctica. Agarro su cuaderno y leyó la primera página: "El sufrimiento mental y físico nos ayuda a valorar mejor la vida y a enseñarnos a valorarla". Aquel día permaneció acostado desnudo en el suelo frío y sin comer, esperando su despertar. Se levanto del suelo se puso ropa, desayuno agua con la mitad de un pan. Agarro su bolso y se dirigió hacia la sagrada escuela a dar clases como consejero erudito. Mientras caminaba pensó "Mis reflexiones son perpetuas, perfectas y pacíficas son tan importante que por eso me obligaron a enseñarlas".

Cuando entro a la sala nadie había llegado observo los libros y fijo su mirada sobre la estantería de los libros prohibidos, aquellos de tapa y hojas duras.

El recuerda cuando vino por primera vez , alguien le dijo: «Lo que dicen esos libros tú ya lo sabes, no necesitas leerlos». De todas formas, pensó: «Mi conocimiento es eterno, perdura en el tiempo y no se puede modificar; no se puede tocar porque no se necesita hacerlo». Al comenzar la clase, uno de sus alumnos le preguntó: «¿Por qué eligió esta profesión? «por vocación», respondió, pero el verdadero sentido de la respuesta era otro: desde pequeño, sus padres se dieron cuenta de que era especial y, para aprovechar ese potencial, decidieron entregarlo a una escuela de enseñanza superior.

En esa escuela tenían prácticas poco ortodoxas como, por ejemplo, despojar a los alumnos de su verdadera identidad, algo que jamás nadie cuestionó. Es así como el maestro estaba cegado al punto de obedecer cada una de las enseñanzas, por lo cual y esta razón aquella escuela siempre protegía a los suyos.

En aquella guardia silenciosa, el fuego quemaba los espejos que servían como portales. A su lado, el maestro yacía desmayado, estaba teniendo un sueño onírico inducido por su propia crisis espiritual; en él, recuerda con gran vehemencia su camino por la vida.

Pasó algún tiempo en el que nadie del pueblo sabía de este maestro; además, muchos ya habían olvidado su nombre. Pero él no estaba muerto, al menos no físicamente. Ese hecho hizo que algo en él entrara y, a su vez, algo en él se desprendiera. El poco conocimiento que le servía de verdad lo utilizó para emprender un viaje en solitario.

Continuará...