Habitación 124

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Summary

Es ella, sigue siendo ella… Son sus manos las que me acarician, son sus labios los que rozan con los míos. Tenía miedo de que cambiara en algo lo que fue, que su esencia no fuera la misma, pero no es el caso. ES ELLA, es Eleen, no podría ser nadie más. No puedo creer que por poco decido no hacer esto, cuando Logan hoy por la mañana me sostuvo del brazo, para después decirme que era una mala idea, realmente me lo pensé. -Habitación 124.- Me dice una señorita, mientras me ofrece una tarjeta con el número de la habitación en ella. Admito que mis manos sudaban, como en nuestra primera cita, ¿pero porque estoy tan nervioso? Apenas antier la vi… Al entrar a la habitación ahí está ella, me mira y su mirada definitivamente es la misma… apenas me ve me lanza una sonrisa. -Bruno, ¿dónde estabas?…

Genre
Romance
Author
Itz Trrv
Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

EL ANUNCIO.

Su cabello rizado ha sido mi alarma esta mañana. Mientras me baño, me llega un aroma a café… Nadie lo prepara como ella.

—Buenos días. Recuerda que a las cinco tenemos que estar en casa de Sofía —dice mientras coloca mi taza frente a mí.

—Cierto, había olvidado que era hoy…

Mi hermana tendrá a su primer bebé y hoy anunciarían el sexo. Eleen es una gran amiga suya, incluso desde antes de que yo me enamorara de ella, y fue la elegida para ser la única persona en conocer el secreto. Había tratado de convencerla de que me lo dijera para guardarlo juntos hasta el gran día, pero fue inútil. Incluso intenté robarle el pequeño sobre donde estaba escrito, pero lo escondió tan bien que no tengo idea de dónde pueda estar.

—No lo olvides: a las cinco —insiste con una sonrisa. Me conoce tan bien que sabe que debe recordármelo.

—Ahí estaré, no llegaré tarde esta vez.

—Eso espero, porque no puedes perdértelo —hace una pequeña pausa—. Después de la fiesta vendremos a casa y tendremos una pequeña charla.

Sus ojos cafés se iluminaron con esa última frase.

—¿Qué tipo de charla? ¿Vas a dejarme? —le pregunto con una risa nerviosa, temiendo que ese sea el tema.

—Claro que no —suelta una carcajada tan fuerte que Toby, nuestro perro, pega un salto donde dormía a su lado—. No seas tonto, ¿por qué habría de dejarte? Estoy más feliz que nunca a tu lado.

Era verdad, Eleen realmente parecía plena conmigo. Antes de conocerme, había tenido relaciones difíciles; de hecho, salió de un noviazgo violento justo antes de estar conmigo. Le costó mucho cerrar ese capítulo, pero finalmente lo logró. Yo estaba en San Diego en ese entonces; cuando regresé, Sofía nos presentó. Quedé flechado al instante y durante meses quise invitarla a salir, pero mi hermana me pidió que le diera tiempo. Al cabo de un año y medio, finalmente me atreví; creí que me rechazaría, pero pasó lo contrario.

Desde ese día nos hicimos cercanos. Fuimos amigos durante seis meses hasta que le pedí que fuera mi novia. Hoy cumplimos cuatro años de relación y planeamos casarnos dentro de un año; algo sencillo, solo con las personas que realmente importan.

—Bueno, tengo que irme. Te veo a las cinco en casa de Sofía.

Le doy un cálido beso en los labios y luego otro en la frente. Pude sentir el aroma a champú de coco en su cabello.

Llegué al trabajo a las 10:15 a. m. y el tiempo se me ha hecho eterno. Hay muchos clientes en el restaurante de mis padres, un negocio familiar donde trabajo desde los catorce años, aunque estuve ausente mientras estudiaba Gastronomía. Me gusta cocinar, pero no disfruto dirigir un establecimiento.

Sin embargo, por decisión de mi padre, debo empezar a hacerme cargo. Y justo hoy, que el lugar está a reventar, se les ocurre dejarme solo. Mi madre se fue a ayudar a Sofía con los preparativos y mi padre seguro está sentado en algún lado probando los postres. Yo sigo aquí, mirando el reloj cada cinco minutos, esperando que el tiempo vuele… pero solo han pasado segundos desde la última vez que me fijé.

Por suerte está Jeff, uno de los empleados más antiguos. Lo conozco desde niño; él sabe manejar este lugar a la perfección y, sin duda, tengo mucho que aprender de él.

—¿Cómo está el próximo tío? —me pregunta Darían, una de las meseras y amiga de la familia. Nuestras familias eran vecinas en la primera casa donde crecí; aunque mis padres se mudaron, mantuvieron la amistad.

—Contento —respondo sin apartar la vista de la pila de platos que sostiene en una charola, esperando que alguno caiga al suelo… pero no sucede. Ella la equilibra con éxito, sonríe y se pierde en la cocina.

Durante el día entero no se habló de otra cosa que no fuera el embarazo de mi hermana.

—Apuesto a que es niña. El otro día Sofía estuvo aquí y tenía antojos de dulces —mencionó Lorena, una de las cocineras a la que le tengo un profundo cariño. Ella me enseñó mis primeras lecciones culinarias; creo que por ella me incliné por la profesión.

Se habló de mitos y supersticiones: que si la panza es redonda es niña, si está hacia abajo es niño; si los antojos son salados o dulces… Yo solo escuchaba, sin opinar demasiado.

—¿Y tú piensas tener hijos pronto? —me pregunta Darían, observándome con fijeza, esperando mi respuesta.

—Sí, por supuesto que sí.

—Me daría mucho gusto conocer a un hijo tuyo y enseñarle a cocinar desde pequeño, como hice contigo. —Lorena me rodeó la cintura y me abrazó tan fuerte que sentí que el aire me faltaba.

Eleen me envió mensajes diciendo que estaba emocionada y que ya no aguantaba el secreto. También mencionó de nuevo la famosa charla que tendríamos al volver a casa. No dejo de preguntarme qué podrá ser. A pesar de su negativa, la idea de una ruptura me ronda la cabeza… Quizás solo estoy sobrepensando. Después de todo, ¿qué razón tendría para dejarme?

Finalmente, el reloj marca las 4:21 p. m. Me quito el delantal y salgo de prisa. Por suerte el tráfico es ligero y logro llegar a las 4:40 p. m. Eleen estará feliz de ver que, por primera vez, he sido puntual.

—Hola, has llegado justo a tiempo —me dice Sofía al abrir la puerta. La abrazo con cuidado; su vientre hace que el gesto sea un poco incómodo.

—Quiero adelantar todo, no aguanto las ansias por saber qué será… —Sofía mira hacia todos lados—. ¿Y Eleen? ¿Dónde está? Quiero saberlo ya.

—¿No está aquí? Siempre es la primera; ya debería haber llegado… —Un escalofrío me recorrió desde la nuca hasta la espalda—. La llamaré.

Marqué su número tres veces, pero no hubo respuesta. El teléfono suena y suena, pero nadie contesta. Pasó una hora y nada.

—Quizá hay demasiado tráfico, ella está bien, hermano… cálmate —decía Sofía intentando tranquilizarme, pero me era imposible.

Eleen nunca ha sido así. Es extremadamente puntual y, si por alguna razón se retrasa, siempre avisa. Algo no estaba bien; mi instinto me lo gritaba. Mil conjeturas pasaron por mi mente: ¿Y si el loco de su exnovio la había buscado de nuevo? No podía quedarme ahí sentado esperando. Habían pasado dos horas y seguíamos sin noticias.

Estaba a punto de salir corriendo a buscarla cuando el teléfono de la casa sonó. De repente, los murmullos de los invitados cesaron; solo se escuchaba aquel repique persistente al fondo de la habitación.

Mi cuñado, Logan, tomó la llamada. Era Víctor, un amigo de mi hermana. Al colgar, Logan estaba pálido; parecía que las palabras se le habían quedado trabadas en la garganta. Se detuvo frente a mí y me miró fijamente, incapaz de formular una oración.

—E… leen —balbuceó. Sentí de nuevo aquel frío punzante.

—¿Qué pasa con ella? ¿Ya viene? —grité frustrado, viendo cómo se quedaba congelado.

En ese momento, Víctor entró por la puerta. Se dio cuenta de que yo aún no sabía nada al ver a Logan a medio hablar.

—Cuando venía hacia acá vi un accidente enorme —soltó Víctor con la voz rota—. Era el carro de Eleen. Estaba completamente aplastado.

Todo mi mundo se pausó. De pronto, fue como si no lograra distinguir lo que los demás intentaban decirme. Sentía que me tocaban, que trataban de abrazarme, pero yo ya no estaba en esa habitación. O, al menos, solo lo estaba físicamente.