Ultima chance: Eclipse

All Rights Reserved ©

Summary

Lautaro siempre sintió que algo no estaba bien. Relojes que se deforman, niebla que nadie más ve y recuerdos que no le pertenecen comienzan a invadir su mente... hasta que la realidad misma empieza a romperse. En un mundo donde cada decisión puede ser la última, deberá aferrarse a lo único que le queda: su capacidad de seguir adelante... incluso cuando todo indica que no debería existir.

Genre
Thriller
Author
MCF
Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

DejaVu

Los ojos del joven reflejaban las luces encandilantes de una sala de un hospital publico de Capital federal. Estaba acostado sobre una camilla, vendado y con un respirador. Mira hacia la ventanilla y vio que estaba a punto de amanecer.

Intento evaluar porque estaba en esa situación peculiar, y porque el cuerpo le dolía. En especial los brazos y la mano, como si hubiera tenido un gran combate.

-No soy un boxeador, ¿creo?-Se preguntó para sí mismo, mientras miraba la ventana.

-¿Qué es un boxeador?-Pregunto una figura femenina, que no alcanzaba a distinguir ni reconocer.

El veinteañero, ignoro esta pregunta y seguía en su interior.

-¿Por qué estoy así? No recuerdo nada- Se siguió preguntando así mismo, viendo todo un poco borroso.

El silencio penumbra de la habitación del hospital, fue interrumpida nuevamente por la figura femenina.

-¡Vamos Lautaro! ¿Qué, perdiste la memoria? No te acuerdas como venciste a ese viejo tan aterrador. ¡Eres como un superhéroe!-Dijo esa chica que lo miraba, con admiración y excitada.

El joven Lautaro fijo la mirada en ella.

-¿Quién carajos es esta?-Dijo en sus pensamientos.

-Wow en serio perdiste la memoria por completo. ¿Sabes como te llamas? ¿Dónde vivías? ¿El nombre de tus padres?-Decía la chica, pero al ver la expresión seria de Lautaro decidió cambiar su respuesta.

-Bueno, está bien. ¡Voy desde el principio!

-Érase una vez, un chico...-Fue interrumpida por el intento del joven de saltar de su camilla, asustando a la chica. Aunque solo fue un débil intento, debido a su estado.

-¡Ya déjate de joder, contame todo!-Dijo Lautaro murmurando todavía con el respirador puesto, incómodo y enojado.

La joven chica, que parecía tener 15 años. Baja y delgada, con pelo de color blanco. Respondió con molestia, cruzándose de brazos. Mirando enojada a Lautaro.

-Bueno está bien. Pero esto es largo, ¡No te vayas a dormir de nuevo, me escuchaste!

Lautaro la miro atentamente y siguió intentando hacer memoria para entender sus palabras para descubrir quien diablos tenía enfrente y que le paso.

-Fue hace creo, dos semanas.-Dijo la chica relatando todo desde el principio.



Lautaro se despierta por la vibración de las notificaciones de su celular, ya se había acostumbrado al ruido que hacía el colectivo cuando volvía a su casa después de cursar el turno nocturno en su universidad.

-¿Ah donde estás Lautaro?-Dijo una voz femenina de una mujer al otro lado del altavoz.

-Ya tome el colectivo, ma-Dijo el joven sentado en la banca del interior del trasporte público poco iluminado guardando su teléfono.

Miraba el interior del colectivo, a las pocas personas que había delante. Mientras avanzaba por la avenida calchaquí. En la ventana, observa como todo se iba moviendo y reflexionando sobre su vida.

Lautaro:(Sus pensamientos): No sé... Me siento como si todo esto ya lo hubiera vivido. ¿Por qué pienso eso?.

Lautaro siempre ha sido aquejado por dejavu’s. Siempre tiene pesadillas raras. Al ver que día va a ser mañana con celular, empieza a temblar.

Lautaro:(Sus pensamientos): ¿Porque estoy temblando?, ¿Que me pasa?, ¿Porque soy así?.

Lautaro inhala y suspira fuertemente. Ese tipo de cosas lo han convertido en un raro. No tuvo una familia disfuncional, no vivió una guerra y sobre todo tiene una vida normal de un chico de 20 años. Sin embargo, sigue sintiendo como si algo le diera un terror absoluto, algo relacionado con el día siguiente de su vida. Esa sensación de “Dejavu” lo está matando por dentro.

Lautaro intenta aplicar técnicas de respiración para calmarse, no es la primera vez que le pasa algo así cuando se relaja. Ha pasado las suficientes veces para consultar a un psicólogo e inclusive estar medicado contra el estress.

Se da cuenta de que el colectivo se acerca a su parada, entonces él presiona el botón de parada, sonando la chicharra. El colectivo avanza unas cuadras y finalmente para.

Lautaro se baja, y empieza a caminar. Con una cara de angustia, camina a un barrio con poca iluminación. La noche parece ser como cualquier otra, hay muy pocas estrellas debido a la contaminación lumínica, pero la luna llena observa a Lautaro y cada paso que da.

Lautaro se frena, mira por un momento aquel satélite natural y se relaja.

Lautaro(suspirando):“Nose porque estoy tan agitado, todo va a salir bien”.

Sin saber que su intuición, tenía razón.