Prólogo
Son las ocho de la mañana.
Una brisa invernal se cuela por la rendija de la ventana, arrastrando consigo el aroma del desayuno recién hecho. Es una sensación cálida, casi nostálgica, algo que creía haber olvidado hace años. Me acurruco bajo las sábanas y algo en mis adentros me ruega por quedarme así todo el día, pero sé que el mundo seguirá avanzando con o sin mí.
Con un suspiro resignado reúno fuerzas y me incorporo. Los primeros pasos fuera de la cama son un pequeño ritual de supervivencia completamente necesario: un largo estiramiento acompañado de un bostezo para disimular la pereza y un quejido que certifica que sigo estando viva. Me pongo de pie.
Me acerco al espejo que está a un costado de la habitación. El reflejo parece devolverme la mirada y burlarseme, es desastroso. Cabello desordenado, ojeras tan profundas como un abismo; estoy a un paso de ser considerada un zombie.
Me doy media vuelta con intención de dirigirme al baño, no hay nada que una ducha con agua caliente no pueda solucionar. Sin embargo una voz familiar atraviesa la puerta.
—Señorita Lucy, es hora de desayunar.
Abro la puerta y allí está Eneida, con una cálida sonrisa como siempre. Se sobresalta un poco al verme, y no la culpo.
—Buenos días, Eneida… —respondo entre bostezos. —Dame un par de minutos y estaré allí...
—Está bien, no se tarde tanto. Preparé algo que estoy segura que le encantará.
Asiento con la cabeza y como si mi vida dependiera de ello, me encierro en el baño. Una ducha caliente más tarde el mundo parece un lugar menos hostil.
Cuando bajo al comedor, allí está Eneida esperándome.
—Buenos días, bella durmiente. —dice con una sonrisa radiante. —¿Qué tal la noche?
Sobre la mesa me espera un banquete hogareño: panceta crujiente, huevos fritos y pan tostado dorado a la perfección. Mi estómago celebra antes que yo.
—Buenos días, Eneida —digo tomando asiento y llevándome una tostada a la boca. —La verdad, tuve una noche algo larga. Estuve revisando algunos textos que encontré en la oficina de mi padre.
Eneida suspira severamente. Es la clase de suspiro que precede al típico regaño de madre.
—Últimamente ha estado muy obsesionada con ese tema, señorita. —dice mientras acomoda una servilleta frente a mí. —Lleva semanas sin dormir bien, sin comer bien y además…
—¿Y además…? —levanto una ceja, curiosa.
—¡Le están saliendo ojeras, señorita! —responde, cruzando los brazos con gesto de madre ofendida. —A este paso va a envejecer más rápido que yo.
No puedo evitar soltar una pequeña carcajada.
—¿Eso es todo? Creí que ibas a sermonearme por meter mis narices en donde no me llaman o algo así, tranquila, estaré bien.
—No bromeo, señorita. Su madre estaría muy preocupada de verla así.
Su tono cambia apenas, pero lo suficiente como para tensar el aire. Desvío ligeramente la mirada hacia otro lado.
—Lo sé, pero si yo no hago nada, nadie más lo hará. —murmuro.
Eneida baja la mirada.
—Lo siento. Solo… Solo me preocupa que siga buscándolos, quizá ya sea momento de rendirse. No hemos sabido absolutamente nada de ellos en dos años, incluso usted misma fue a buscarlos en el último lugar donde se supo de ellos y no encontró ni una sola pista.
—Lo sé, pero fueron ellos quienes me enseñaron a no dejar misterio sin resolver.. No voy a darme por vencida aún. —respondo con firmeza. —Si el Consejo no va a mover un dedo para averiguar sobre su paradero, lo haré yo misma.
El silencio a continuación es pesado, como si toda la casa contuviera la respiración.
Antes de que Eneida pueda responder algo, llaman a la puerta principal. Tres golpes secos, medidos. Eneida me lanza una mirada interrogante.
—¿Esperaba a alguien, señorita?
—No. —me levanto, limpiándome las manos con la servilleta. —Vamos a ver.
Abro la puerta y una ráfaga de aire gélido se cuela dentro de la casa, más allá, una figura alta con un abrigo oscuro se encuentra de pie delante de la reja de la casa, se trata de Hyde, mi maestra.
Eneida abre el portón con el control inteligente. Hyde entra caminando con paso firme, aunque deja su auto afuera. La presencia de esta mujer en mi casa solo puede significar algo, trabajo.
—¡Oh, Lucy, Lucy! —exclama con su habitual energía antes siquiera de acercarse del todo. — ¡Tanto tiempo sin verte, querida! Luces realmente radiante el día de hoy… ¿Y esos aretes?
Su presencia es inconfundible. Apenas estoy dentro de su rango de ataque cuando me atrapa entre sus brazos con un abrazo que me deja sin aire, seguido de una ráfaga de arrumacos y jalones de mejilla.
—Son… Un regalo de… Mis padres… —trato de responder como puedo.
—Señorita Hyde ¿A qué se debe la visita? —pregunta Eneida amablemente, aunque se nota que intenta contener la risa. —Si hubiera sabido que venía, le habría preparado algo de comer.
—¡Pero sí llamé a esta señorita toda la noche y no me contestó! —responde Hyde con fingida indignación, sin soltarme aún. Luego su objetivo cambia de inmediato y atrapa a Eneida en un nuevo abrazo, aún más fuerte y sofocante. —No pueden decir que no avisé. De todas formas no planeo tardar mucho, cariño, solo vengo a hablar un par de cosas con Lucy y luego me iré.
—Bien, Eneida, ve adentro. —intervengo, tratando de recuperar la compostura. — Dame unos minutos con Hyde, luego podrán hablar todo lo que quieran.
Eneida asiente, aún riendo entre dientes y regresa al interior. Me percato de que sigo en pijama, envuelta en un par de mantas y con pantuflas. Perfecto.
Hyde me lanza una mirada divertida, guardando silencio. Saca una cajetilla de cigarros de su abrigo y me ofrece uno. Niego con la cabeza; ella enciende el suyo con un simple chasquido de dedos.
—¿Cómo has estado, Lucy? —pregunta al exhalar el primer soplo de humo. —¿Has sabido algo de tus padres?
Camino junto a ella por el sendero de piedra que delimita el jardín. Las ventanas de la casa parecen observarnos. El aire huele a tierra mojada y ceniza.
—Bueno… Hacía dos semanas que no dormía más de cuatro horas hasta hoy. —respondo soltando una pequeña carcajada. —No he tenido una rutina muy variada últimamente, solo redactar un par de cosas para El Consejo, tratar de mejorar como hechicera… Y ya. Pero sobre mis padres… no sabría qué decirte. Pensaba tomarme unas vacaciones de todo para ir a buscarlos por mi cuenta. Ya son casi dos años sin noticias.
Hyde guarda silencio por un momento, observando el humo disiparse entre los delgados copos de nieve que todavía caen del cielo.
—Lamento que tengas que vivir con esa incertidumbre ¿El Consejo no te ha ofrecido ayuda? Tus padres realmente han aportado mucho como para que los desechen como simples piezas rotas.
—Oh, ya sabes cómo son. Cada vez que intento preguntar algo, me responden que están haciendo lo mejor que pueden para encontrarlos. Sé que solo lo dicen para que no les moleste.
Hyde se detiene. Da otra calada profunda y deja escapar el aire con fuerza.
—Esos hijos de puta… —masculla gruñonamente entre dientes. —A veces me sorprende lo inútiles que pueden ser, pero es entendible, El Consejo no pasa por un buen momento.
—¿Qué puedo hacer… ? —pregunto con resignación, frotándome las manos para entrar en calor. —Pero basta de hablar de mí ¿Qué te trae por aquí?
Hyde apaga el cigarro y lo lanza a la nieve mientras la última estela de humo es exhalada de su boca.
—Quería pedirte un favor. Me gustaría que me acompañes a investigar un sitio ¿Has oído hablar de Snowville?
—Si, claro. Es una pequeña ciudad al norte ¿No? He escuchado que es un buen lugar para vivir ¿Qué ocurre con ella?
—Bueno, últimamente la tranquilidad parece haberse desvanecido. Han habido varios asesinatos. En concreto seis víctimas en el último mes.
—Y supongo que es algo que se escapa de la normalidad como para que haya llamado tu atención ¿Cierto?
—Ajá. Son asesinatos muy… Extraños. Honestamente no puedo encontrar otra explicación que no sea algún intento de ritual de un amateur. —Hyde se lleva la mano al mentón, dudosa. —De todas formas, El Consejo me pidió que investigara. Se nota que están ocupados en otros asuntos para llamar a alguien que está casi en el retiro como yo.
—¿Por qué consideras que se trata de un ritual?
—Por la forma en que murieron las víctimas y la frecuencia de los asesinatos, Lucy. A todos los cuerpos les hace falta una extremidad o un órgano.
Por un momento, el silencio se adueña del jardín. Solo se escucha el leve crujido de la brasa en su cigarro.
—Cuando era joven como tú disfrutaba de desentrañar esta clase de misterios ¿Sabes? —añade al fin. —Y bueno, me gustaría que me acompañaras.
—¿Yo? —pregunto, sorprendida.
—Sí. Te vendrá bien salir de aquí ¿Cuándo fue la última vez que saliste de viaje? Además, podría enseñarte un par de cosas que no aparecen en los libros. Piénsalo como una expedición. —Sonríe, recuperando su tono habitual. —No todo será trabajo, hay lugares bastante interesantes, he oído que Snowville tiene unos bosques hermosos y una rica historia detrás.
—Bueno, unas pequeñas vacaciones con un toque de misterio no vendrían mal… —Respondo, tratando de ocultar mi sonrisa.
—Ah, ya sabía yo que no dirías que no. —Saca del bolsillo unas llaves y una tarjeta con una dirección escrita. —Tengo una casa en Snowville. Quiero que te adelantes, siéntete como si fuera tuya. Yo te alcanzaré en cuanto pueda, tengo un par de asuntos que resolver antes de ir a Snowville.
—¿Y vas a decirme qué clase de “asuntos” son esos?
—Nada del otro mundo, creéme. —Sus ojos se desvían mientras una pequeña sonrisa confiada se dibuja en su rostro. —Solo mantente atenta a lo que veas y llámame en caso de que algo ocurra.
—Está bien. —digo, aunque no del todo convencida. —Iré, pero más te vale que no te tardes.
—Tranquila, te prometo no tardar. —Hyde me da una pequeña palmada en la cabeza antes de caminar hacia el portón. —De todas formas, eres una hechicera bastante capacitada, si algo me pasase, todo estaría bien en tus manos.
—Eso no me tranquiliza, Hyde.
—Solo bromeo, tranquila. En fin, nos vemos pronto, Lucy, mantenme informada. —Responde con una sonrisa bromista antes de alejarse.
La reja se cierra tras ella, y el sonido del motor del auto se desvanece poco a poco en la distancia. Miro las llaves en mi mano y la dirección anotada en la tarjeta, una sensación de curiosidad e intriga me invade solo con verla. Me pregunto qué está ocurriendo en esa ciudad.