La segunda piel

All Rights Reserved ©

Summary

thriller erótico noir

Genre
Mystery
Author
Lorena G
Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

El motor de la Triumph Scrambler rugía entre las piernas de Jerónimo Miller como un animal hambriento. El asfalto de la carretera costera era una cinta negra y traicionera que se retorcía entre acantilados y bosques de pinos cerrados. Eran las dos de la mañana. El aire del Atlántico, cargado de salitre, golpeaba su chaqueta de cuero, pero Jerónimo solo sentía la adrenalina quemándole la sangre.

De pronto, el mundo se detuvo en un parpadeo blanco.

Jerónimo clavó los frenos. El neumático trasero chilló, derrapando en una danza errática de metal y humo sobre el pavimento. La moto se detuvo a escasos centímetros de una figura que permanecía inmóvil, desafiando a la muerte.

Era una mujer.

No era una aparición, aunque su palidez bajo la luna resultara irreal. Vestía un vestido de cóctel negro, tan corto y ajustado que parecía una segunda piel de seda. Su cabello, de un lacio azabache, caía sobre sus hombros descubiertos, brillando con una suavidad que insultaba la rudeza del entorno. Jerónimo se levantó la visera del casco, con el corazón martilleando contra sus costillas, y el aire se le escapó de los pulmones.

—¡Maldita sea! —rugió él, con la voz rota por el susto y una súbita descarga de deseo—. ¡Casi te hago pedazos!

Ella no se inmutó. No hubo gritos, ni rastro de miedo en su rostro de porcelana. Simplemente giró la cabeza hacia él, clavándole unos ojos verdes, eléctricos y profundos, que parecían leerle hasta el último pecado. Jerónimo se quedó mudo. Se fijó en la curva de su cuello, en la forma en que el escote del vestido apenas contenía el ascenso y descenso de su respiración. Había una fijeza en su mirada, una seguridad salvaje que le hizo tensar los músculos de la entrepierna bajo los vaqueros.

Antes de que pudiera bajarse de la moto, ella dio media vuelta. Sus tacones golpearon el asfalto con un ritmo seco, casi rítmico, mientras se internaba en la oscuridad de los pinos.

—¡Eh! ¡Espera! —gritó Jerónimo, lanzando la moto sobre el caballete de un golpe.

Corrió tras ella, ignorando las ramas que le arañaban las manos. Se internó en el bosque, guiado por el rastro de un perfume denso: gardenias y algo metálico, como el olor de la sangre fresca. Pero la oscuridad se la tragó. No escuchó pasos, ni el crujir de la hojarasca. Simplemente dejó de estar allí.

Jerónimo regresó a la carretera, jadeando, con la piel erizada. Maldijo al aire, sintiéndose como un estúpido, hasta que un destello sobre el pavimento negro llamó su atención. Se agachó y recogió un objeto pequeño y pesado. Era un llavero de plata maciza con una "A" gótica grabada. El metal aún conservaba un rastro de calor corporal que le envió un chispazo eléctrico por todo el brazo.

Esa noche, en la habitación 12 del hotel "La Sirena", el ventilador de techo giraba con un quejido monótono que no lograba disipar el calor estancado. Jerónimo estaba tirado en la cama, con la camisa desabrochada y el pecho cubierto de una fina capa de sudor. En su mano derecha apretaba el llavero de plata, dejando que los bordes de la "A" se le clavaran en la palma.

Cerraba los ojos y ella aparecía de nuevo. No era una imagen romántica; era una invasión física. Podía imaginar la textura de sus muslos bajo ese vestido negro, la humedad de su boca, la frialdad de su piel contra el calor de su cuerpo. Su mente no buscaba lógica, buscaba posesión.

—A... —susurró contra la almohada, su voz una vibración grave en la penumbra.

Se pasó la mano por la cicatriz de su barbilla, inquieto. Aquella mujer era un imán de problemas, y Jerónimo siempre había tenido una debilidad suicida por el peligro. Se durmió finalmente con los dedos entrelazados en la plata, sin saber que al amanecer, en la mansión de los Gómez, ese rostro volvería a aparecer ante él, pero bajo un nombre que ocultaba un cadáver y un deseo que terminaría por destruirlo.