🎬 Capítulo 1
Danais es una chica de diecisiete años. Su cabello rubio cae hasta la cintura, liso y brillante, como si nunca hubiera conocido el desorden. Sus ojos azules son claros, casi fríos cuando no sonríe.
Es una copia casi idéntica de su padre.
La única diferencia entre ellos... son los ojos. Él los tiene verdes.
Su hermano heredó esos mismos ojos.
Ella no.
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Danais cursa el último año de secundaria. Es conocida por su carácter alegre, su amabilidad... y su belleza.
Muchos chicos se le han confesado.
Todos han sido rechazados.
No porque fuera cruel.
Sino porque, en su mente, ya tenía todo lo que necesitaba:
Una familia.
Un hogar.
Una vida tranquila.
...O eso creía.
Porque todo se derrumbó en un solo instante.
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Actualidad
-¡¿QUÉ?! -la voz de Danais tembló, pero no de miedo-. ¿Cómo? ¿Por qué me vendieron a un maldito mafioso?
Sus palabras cortaron el aire.
Sus padres no respondieron de inmediato.
-Danais... -comenzó Vicent con voz pesada-. Has crecido. Ya tienes diecisiete años. Ellos vinieron a reclamar lo que les pertenece.
El silencio se volvió insoportable.
-Además... hija... nosotros no lo hicimos. Fue tu abuelo quien te ofreció.
El mundo se detuvo.
Literalmente.
-...Es mentira, ¿verdad? -susurró ella, dando un paso atrás-. Díganme que es una estúpida mentira. ¡Díganme!
Sus ojos buscaban desesperadamente una respuesta.
-¡Mamá! ¿Es mentira... verdad?
Adelaide no pudo mirarla.
No tuvo el valor.
Sus labios temblaron... pero no salió ninguna palabra.
Y eso fue peor que cualquier respuesta.
Las lágrimas comenzaron a caer.
Silenciosas al inicio.
Incontrolables después.
-¡¡YO NO VOY A IR!! -gritó Danais, rompiéndose-. ¡NO VOY A IR A NINGÚN LADO!
Vicent cerró los ojos un momento antes de hablar.
-Danais... sé que te duele. A mí también. Pero no eres la única que sufrirá.
Ella no quería escuchar.
No quería.
-Si no cumplimos... ese hombre vendrá por ti.
Silencio.
-Y no solo tú pagarás.
Las palabras cayeron una a una, como golpes.
-Tu madre... tus hermanos... yo... toda la familia.
Danais dejó de respirar por un segundo.
No tenía respuesta.
No tenía salida.
Solo dolor.
Sin decir nada más, se dio la vuelta y subió las escaleras con pasos torpes. Abrió la puerta de su habitación de golpe... y la cerró con fuerza.
El sonido resonó en toda la casa.
Como un punto final.
Abajo, el silencio se rompió con un sollozo.
Adelaide miró a su esposo, con los ojos llenos de lágrimas.
-¿Por qué...? -su voz se quebró-. ¿Por qué tenía que cumplir diecisiete años? Yo... yo todavía quiero que esté conmigo... mi niña...
Vicent la abrazó con fuerza.
-Yo también -murmuró-. Pero mientras no estaba, vinieron.
Apretó la mandíbula.
-Y no podemos enfrentarlos. Son mafiosos.
-¡Debe haber otra forma! -dijo ella, desesperada-. Podemos huir... esconderla... hacer algo...
Vicent soltó un suspiro pesado.
-Nos advirtieron. Si intentamos escapar... nos encontrarán.
La miró a los ojos.
-Y acabarán con todos.
Adelaide rompió en llanto.
-¡Es muy pronto...! ¡Muy pronto para que se la lleven! Maldigo el día en que tu padre firmó ese contrato... vendiendo a nuestra hija...
La sala se llenó de su llanto.
Crudo. Real.
-No estoy lista... -susurró-. No estoy lista para perderla...
-Yo tampoco -respondió Vicent en voz baja-. Pero... este es el destino de nuestra hija.
Ella negó con la cabeza, aferrándose a él.
-¡Yo no quería esto...!
Y en ese abrazo... ambos lloraron.
Porque sabían algo que Danais aún no aceptaba del todo:
No había salida.