Capítulo I: “Lo que nunca dijimos..”
El quirófano siempre olía igual.
Limpio. Frío. Metálico.
Y ahí estaba él.
Kim Taehyung ajustaba sus guantes con precisión, con esa calma que lo caracterizaba incluso en los momentos más tensos. Como enfermero quirúrgico, su mundo era el orden, el tiempo exacto… y el silencio necesario.
—Pinza —dijo el cirujano.
Taehyung ya la tenía lista.
Siempre la tenía lista.
A unos pisos de distancia, el caos era distinto.
Monitores sonando, respiradores trabajando sin descanso… vidas dependiendo de segundos.
Ahí estaba An Soora.
—Paciente hipotenso —dijo firme, sin perder el control.
Sus manos eran rápidas, su mente más.
En terapia intensiva no había espacio para dudar… pero sí para sentir después.
Y eso era lo peligroso.
Horas más tarde, en un pequeño espacio entre turnos, Soora se dejó caer en una silla, soltando un suspiro largo.
—Estoy pensando hacerlo —dijo de repente.
Hanna, su compañera, levantó la mirada de inmediato.
—¿Hacer qué?
Soora dudó un segundo… pero luego sonrió, nerviosa.
—La inseminación artificial.
Hanna parpadeó, sorprendida… pero enseguida su expresión cambió a una sonrisa enorme.
—¿En serio? Soora… eso es grande.
—Lo sé… —bajó la mirada—. Llevo tiempo investigando. Ya no quiero seguir esperando a que alguien “correcto” llegue… porque honestamente… no creo que llegue.
—Oye —Hanna le tomó la mano—. No necesitas a nadie para ser mamá. Y si eso es lo que quieres… te va a salir bien.
Soora dejó escapar una pequeña risa.
—Tengo mi primera cita en una clínica… ¿irías conmigo?
—Claro que sí —respondió sin dudar—. No te voy a dejar sola en algo así.
Soora asintió, con una mezcla rara entre emoción y miedo.
No muy lejos de ahí…
—¿Escuchaste eso? —susurró Jiah, recargada en la pared.
Jimin arqueó una ceja.
—¿Qué cosa?
—La Soora… quiere inseminación artificial.
Silencio.
Y luego… una risa baja.
—Vaya —dijo Jimin—. Supongo que cuando no consigues hombre… buscas otras opciones.
Ambas soltaron una risa cómplice.
—Esto se va a poner bueno —añadió Jiah.
Y así, como pasa siempre…
El rumor empezó a caminar por el hospital.
Pasaron los días.
Turnos largos, pacientes, cansancio… y pensamientos que no se iban.
Hasta que llegó el día.
La clínica era… diferente.
Más cálida de lo que Soora esperaba.
—¿Lista? —preguntó Hanna, dándole un pequeño empujón suave.
—No… pero vamos.
Ambas rieron.
Dentro del consultorio, el médico revisaba unos documentos antes de mirarla.
—An Soora, ¿correcto?
—Sí.
—Bien. Antes de continuar, quiero que tengas algo muy claro —dijo con voz tranquila—. La inseminación artificial no es una garantía.
Soora tragó saliva.
—¿A qué se refiere?
—A que puede funcionar… o no. Depende de muchos factores: tu salud, tus niveles hormonales, la calidad del procedimiento… incluso el estrés.
Hanna miró a Soora de reojo.
—En promedio —continuó el médico—, puede tomar varios intentos.
—¿Y si no funciona?
El doctor hizo una pausa.
—Entonces evaluamos otras opciones. Pero lo importante es que tomes esta decisión entendiendo todo el panorama… no solo la esperanza.
Silencio.
Soora asintió lentamente.
—Lo entiendo.
—También —añadió el médico— debes considerar el aspecto emocional. Ser madre soltera no es fácil. Es una responsabilidad completa… sin pausas.
Soora apretó las manos sobre sus piernas.
—Eso no me asusta.
Y por primera vez, su voz sonó completamente segura.
Al salir de la clínica…
El mundo parecía un poco más pesado.
—Oye —dijo Hanna, caminando a su lado—. No pongas esa cara.
—No es eso… —Soora suspiró—. Es que… ya no suena tan “posible” como en mi cabeza.
—Claro que lo es —respondió firme—. Solo que ahora sabes lo que implica.
Soora miró al suelo unos segundos.
—¿Y si fallo?
Hanna se detuvo.
—¿Y si no?
Silencio.
—Soora… tú cuidas vidas todos los días. Literalmente mantienes personas respirando… ¿y dudas de ti misma en esto?
Soora soltó una risa suave, casi incrédula.
—No es lo mismo…
—Tal vez no —dijo Hanna—. Pero si alguien puede con esto… eres tú.
Soora levantó la mirada.
Y aunque la duda seguía ahí…
también lo hacía algo más.
Determinación.