Prologo
La habitación del hospital olía a desinfectante y poder en decadencia, era el peor lugar donde se puede asistir. Alexander Pierce nunca había sido un hombre débil, era un roble, un toro, pero de lo que era solo quedaba una leve flama llamando...se estaba apagando. Fundador del imperio Midnight Fortune que convirtió un pequeño casino en el más influyente de Las Vegas, era conocido por no perder jamás una apuesta. Pero esa noche, el monitor cardíaco marcaba el único juego que no podía ganar. Había enfermeras en la habitación colocando medicación, el doctor se encontraba en silencio observando la situacion, ya no había nada que hacer...solo esperar el desenlace. Logan permanecía de pie junto a la ventana, impotente, silencioso, rígido, lo que hoy era era gracias al hombre que estaba en la cama muriendo. Demian estaba sentado, cruzado de piernas, con esa expresión indescifrable que siempre llevaba cuando algo le convenía. —Acérquense —ordenó Alexander con voz áspera. Ambos obedecieron. El abogado de la familia, impecable incluso a esa hora, abrió el sobre sellado. Alexander los observó uno por uno. —Les voy a dar una lección de vida a cada uno, cuando logren entender, se darán cuenta que su viejo loco padre nunca estuvo equivocado, el poder no se hereda… se prueba —murmuró. Logan sostuvo la mirada de su padre sin titubear. Demian sonrió apenas. El abogado comenzó a leer. “La totalidad de las acciones y bienes de toda la cadena Midnight Fortune será transferida al primogénito que garantice la continuidad del linaje.” Logan frunció el ceño. Demian dejó de sonreír. El abogado continuó: “Dicha transferencia se hará efectiva únicamente cuando el heredero legítimo contraiga matrimonio legal y engendre un hijo dentro del plazo máximo de un año a partir de la lectura oficial del testamento.” Silencio. El monitor marcó un pitido irregular. “En caso de incumplimiento, la herencia pasará automáticamente al segundo hijo.” Los ojos de Demian brillaron. Alexander respiró con dificultad. —El imperio necesita sangre nueva… no hombres solos rodeados de dinero —dijo con esfuerzo—. Quiero un heredero, no un administrador. Logan tensó la mandíbula. —Un año es poco tiempo... —El poder no espera —replicó su padre. Demian se levantó lentamente. —Parece que la familia se vuelve… un requisito financiero. Alexander lo miró con dureza. —La familia siempre fue un negocio, Demian. El problema es que ustedes olvidaron eso. Un silencio pesado cayó en la habitación. Alexander volvió la vista hacia Logan. —No confíes en tu hermano. Demian soltó una risa baja. —Padre… Pero el monitor sonó más fuerte. Una línea sostenida. Fin del juego. El abogado cerró el documento. Logan no mostró emoción. Demian sí. Una sonrisa lenta, peligrosa. Porque sabía algo que su hermano aún no entendía: Conseguir una esposa era sencillo. Conseguir un heredero en un año… no lo era tanto. Y en una ciudad donde todo podía comprarse… también podían arruinarse reputaciones, matrimonios… y vidas. El reloj comenzó a correr esa misma noche. Y nadie en esa habitación imaginaba que la mujer que cambiaría el destino del imperio ya estaba, en ese momento, trabajando en casino.