Prologo: La primera carta
El olor a humedad se pegaba a las paredes como una advertencia. No había ventanas abiertas, pero el aire se sentía en movimiento, como si algo respirara dentro de la casa. Ella lo supo antes de verlo. —¿Hola? —su voz tembló más de lo que esperaba. Silencio. El pasillo era largo, demasiado largo para una casa tan chica. La luz del fondo parpadeaba, lanzando sombras que parecían moverse por su cuenta. Un paso. Después otro. El piso crujió bajo su peso y el sonido le devolvió el eco, deformado, como si alguien más lo repitiera desde otro lugar. —¿Hay alguien ahí? Esta vez no hubo respuesta… pero algo cambió. Una presencia. No podía explicarlo. No era un ruido ni una figura. Era una certeza. No estaba sola. El corazón le empezó a latir en la garganta. Retrocedió. Entonces lo vio. No completamente. No de frente. Una silueta al final del pasillo. Inmóvil. Observando. —Por favor… —susurró. La luz volvió a parpadear. Y en ese instante, la figura dio un paso hacia adelante. Ella giró para correr, pero no llegó lejos. Algo la sujetó. Fuerte. Demasiado fuerte. El grito se le ahogó en la garganta mientras la arrastraban de nuevo hacia la oscuridad del pasillo. —No… no, por favor, no… Una mano cubrió su boca. Otra sostuvo su cabeza con una precisión inquietante, casi… cuidadosa. Como si no quisiera dañarla. No todavía. El aire se volvió espeso. El tiempo… lento. Y entonces, en medio del terror, él habló por primera vez. Una voz baja. Tranquila. —Perfecta. Ella dejó de moverse. No por decisión… sino porque el miedo la paralizó por completo. Algo frío rozó su piel. Un objeto. Metálico. Preciso. El último sonido que escuchó no fue un grito. Fue un suspiro. A la mañana siguiente, la encontraron cerca del río. El cuerpo acomodado de forma antinatural. Demasiado… intencional. Faltaba una parte. Nadie supo cuál era el mensaje. Excepto alguien que aún no sabía que lo estaba recibiendo. Esa misma noche, en otra casa de Vallegrís, una carta cayó al suelo sin que nadie la tocara. La ilustración mostraba una figura imposible de ignorar. Un esqueleto. De pie entre sombras. Abajo, una palabra: La Muerte. Y muy pronto… alguien aprendería a escucharla.