La Tercera Mirada

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Summary

Vera siempre creyó que su relación con Claudia podía resistirlo todo. Después de años de confianza, juegos y límites explorados en común, ambas están convencidas de que conocen perfectamente las reglas entre ellas. Pero cuando una nueva fantasía deja de parecer tan inofensiva, la certeza empieza a agrietarse. Porque a veces no hace falta cruzar demasiado lejos para darse cuenta de que algo ya cambió.

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18+

Capítulo 1

Eran perfectas.

Vera lo sabía —y no necesitaba escuchar lo que las personas a su alrededor decían para confirmarlo—, porque eran visualmente muy atractivas. El cabello azul eléctrico de Vera contrastando con su piel era cautivador y, si a eso le sumaban la gracia que simplemente existir le suponía, no costaba demasiado imaginar por qué Claudia había caído rendida a sus pies en aquel primer encuentro.

Ambas en realidad, porque Claudia era capaz de mantenerla interesada de manera constante y eso, a juicio de la peliazul, era lo más sexy que podía existir. Así que luego de aquel encuentro casual en una fiesta, donde descubrieron que el baño de esa casa era realmente incómodo, vinieron otros encuentros que fueron sumándose, seguidos por llamadas y mensajes que se volvieron parte de su rutina. Antes de darse cuenta, habían cumplido tres felices años de noviazgo.

Habían tenido discusiones, porque ¿qué era una relación sin ellas?, pero saber resolverlas había sido un paso más. En definitiva, eran perfectas juntas. Y ambas tenían los mismos intereses. Quizá podría sonar confuso para quienes descubrían sus pasatiempos y Vera podía comprenderlo; es decir, no todos los días se encontraban con una pareja dispuesta a probar cosas nuevas.

Muchas, muchas cosas nuevas.

En su largo camino por ir alimentando su relación con cosas que la mantuvieran siempre en plenitud, habían descubierto que los juegos eran una forma bastante agradable de mantener aquella chispa. Así que habían pasado desde dulce sexo suave, juguetes sexuales, juegos de roles, sexo en lugares públicos e incluso, quizá lo más difícil de comprender a menos que lo hubiesen probado por sí mismas, habían probado hasta el sadomasoquismo.

Era divertido. Ambas tenían claras las cosas y su relación solo se fortalecía por la confianza que debían tener para que todo funcionara a la perfección. Con Claudia había obtenido una relación envidiable y esa seguridad se transmitía a las personas que las observaban cada vez que iban paseando por la universidad en Toledo, hablando y sonriendo felices.

La parte principal de la diversión estaba en que se complementaban. Eran amigas además de novias, y aunque no vivían juntas, gran parte del tiempo la pasaban una al lado de la otra.

Tal como en aquel instante, donde la peliazul se encontraba con parte de su cuerpo cubierto por las sábanas mientras su novia terminaba de vestirse. Un espectáculo visual a ojos de Vera, aunque Claudia podía decir lo mismo pues el color de su piel contrastaba con la blancura de las sábanas que la abrazaban, entregándole una imagen demasiado agradable como para no disfrutarla.

—¿Estás segura de que no hay problema en que me quede hoy? Iris tenía una cita de estudios con Helena —dijo con un sutil movimiento de sus dedos para remarcar la palabra “estudios”, sabiendo que su mejor amiga no utilizaba precisamente a aquella chica de un curso superior para estudiar y que aquella era la excusa más básica de todas las que Iris podía usar—. No quiero llegar en medio de algo; la última vez, Helena se negó a salir con ella por casi tres meses solo por vergüenza... —revoleó los ojos, porque recordar a su mejor amiga asegurándole a Helena que no tenía por qué avergonzarse frente a su mejor amiga había sido bastante irritante.

Claudia rio, sentándose en el borde de la cama para atraer a su novia a un beso fugaz, apartándole el cabello de la frente para poder ver con claridad su rostro.

—Te dije que también podrías vivir aquí de manera permanente, así podría darle privacidad a Iris y nosotras podríamos estar juntas.

—Creo que es momento de pensar seriamente esa oferta entonces.

—Vamos a hablarlo una vez que vuelva de mi examen, ¿sí?

La peliazul sonrió, arqueando una ceja cuando su novia volvió a levantarse para buscar una blusa. Ah, espectáculo divino aquella mujer que horas antes había estado entre sus piernas.

—Si no fuera importante, te pediría que te quedaras aquí. Es todo un placer mirarte...

—¿Es broma? —rio, abotonándose con calma la blusa mientras su mirada recorría a su novia, porque claramente mirar a Vera sí era un placer—. Soy yo quien tiene la suerte de tenerte ahí en mi cama.

—Qué palabras tan románticas, Claudia —rio, descubriéndose un poco más con una de sus cejas arqueadas para seguir con aquel juego—. ¿Te gusta lo que ves?

La castaña se mantuvo con la vista fija en el cuerpo desnudo de su novia, una de sus comisuras alzándose sin poder evitarlo. Vera era todo lo que había deseado y más; por supuesto que le gustaba lo que estaba viendo. Entonces recordó las veces en que habían utilizado juegos para mantener viva aquella chispa entre ambas, sonriendo ampliamente ante la idea que cruzó su mente en ese instante.

—Mi amor —dijo con voz calma, acercándose una vez más a la cama donde Vera se encontraba, apoyando una de sus rodillas entre sus piernas, sus labios rozando los de la peliazul, siguiendo por su mandíbula hasta su cuello, succionando con suavidad hasta escucharla gemir débilmente—, me encanta verte.

—¿Ahora sí vas a seguir? ¿Qué pasó con tu examen? —preguntó, intentando enfocarse.

Claudia sonrió y se separó de Vera con los ojos destellando de emoción, ganándose una sonrisa confundida por parte de la peliazul.

—Se me ocurrió algo para nosotras.

—¿Algo? —sonrió, con interés renovado—. ¿Algo divertido?

—Eso espero... —susurró, sin saber del todo cómo iba a tomarse Vera sus palabras, porque siempre tenían que querer ambas—. Lo pensé cuando preguntaste si me gustaba verte. Y mierda, me encanta... No hay nada que me guste más que saber que puedo disfrutar de tu presencia.

—¿Quieres grabarnos? —su ceño se frunció, porque aquella idea era de las pocas cosas que estaban prohibidas en su relación—. Olvídalo. Sabes que es riesgoso; no voy a dejar que ande un vídeo nuestro por ahí mientras follamos, eso no tiene nada de divertido y creí que estaba bastante claro.

—No... No grabarnos —su mano acarició el rostro de Vera para tranquilizarla, porque ella tampoco estaba dispuesta a correr el riesgo de que algo así se filtrara; se humedeció los labios para ordenar sus ideas y respiró hondo—. Me gustaría verte.

—¿Verme? ¿Usando juguetes? Bueno, no sería la primera vez y supongo que podríamos comprar algo nuevo para probar —se encogió de hombros, recordando aquel bonito vibrador con distintas velocidades que había estado viendo por internet.

Claudia negó con suavidad, todavía insegura de la reacción que pudiera tener su novia ante aquella idea.

—No con juguetes, amor... Verte... Verte con alguien.

Los ojos de Vera se ampliaron por un momento, intentando comprender a la perfección lo que Claudia acababa de proponer, pero no. Su novia no estaba aclarándolo y tampoco parecía dispuesta a retractarse. Estaba sugiriendo sexo con una persona que no era ella.

—Verme con alguien... —sonrió aún confundida—. Como... ¿follando con alguien? —preguntó en un último intento por encontrarle sentido a aquella propuesta, viendo la emoción volverse clara en la expresión de Claudia—. Eso es... nuevo.

—Lo sé. Tengo claro que es diferente a todo lo que hemos probado, pero se parece un poco a las veces que hemos hecho tríos o intercambio —explicó, tomando la mano de Vera y entrelazando sus dedos.

—Bueno, sí...

La había tomado completamente por sorpresa. Claudia tenía razón: no era la primera vez que compartían su sexualidad con alguien, pero las veces que habían tenido un trío, ambas participaban... Y en la parte del intercambio ninguna había sido testigo directo de lo que hacía la otra. Eso era otro nivel.

—Amor, es solo una idea, ¿de acuerdo? —la castaña suspiró al no recibir una respuesta inmediata—. Sabes que no voy a obligarte a nada, tiene que ser divertido para las dos y, si tú no quieres, los juguetes siguen siendo divertidos.

—¿Y cómo sería divertido para ti? —rio, porque en serio, ¿cómo? No era como si saber que su novia iba a ser follada frente a ella sonara precisamente como un gran plan de entretenimiento.

—Me gusta verte y me encanta saber que disfrutas lo que hacemos. Me encargaría de que fuera alguien de confianza, no una desconocida. Jamás te dejaría en manos de alguien en quien no confiara... Y me gustaría concentrarme en ti, en tus expresiones... Cuando soy yo, esa parte de concentrarme se vuelve más difícil, ¿sabes? Eres increíble.

—O sea que quieres una porno en vivo —se carcajeó, reclinándose contra el respaldo de la cama con la mirada fija en Claudia, que ahora asentía con cierta duda—. Supongo que podría ser divertido... Lo pensaré.

—Por eso te amo —sonrió, besándola de forma fugaz—. Ahora sí tengo que irme. Piénsalo y hablamos de los detalles luego, ¿sí? Y no te presiones; si no quieres hacerlo, está bien, amor.

—Ajá... Suerte en tu examen, mi amor. Te veo en un rato —la despidió con una sonrisa, viéndola salir del cuarto y, segundos después, escuchó la puerta del piso cerrarse, dejándola otra vez en silencio.

Un suspiro cansado abandonó sus labios mientras volvía a envolverse en las sábanas, abrazando una almohada para aprovechar su tiempo a solas y sin clases para descansar.

La idea que su novia había dejado flotando seguía repitiéndose en su cabeza.

No iba a negarlo: le causaba curiosidad.

El juego de la infidelidad fingida, sabiendo que Claudia estaría ahí mirando, sonaba excitante. Saber que otra persona iba a estar ahí para que su novia disfrutara de un espectáculo privado era, de hecho, levemente cautivador.

Pero era completamente distinto a todo lo que habían hecho antes y tendría que ser alguien en quien ambas pudieran confiar.

Mierda, ¿de verdad sería capaz de concentrarse en alguien más si Claudia estaba ahí mirándola?

Ah, Dios.

Ya tendría tiempo para pensarlo. Por el momento, esperaría a que Claudia volviera y trataría de olvidarse del tema.

+++

—Mi amor, mocaccino —dijo Claudia con una sonrisa, usando la silla a su lado mientras le entregaba el vaso a Vera y besaba su frente a modo de saludo—. ¿Qué tal tus clases?

La peliazul exhaló, abultando el labio mientras jugaba con el vaso recién recibido, apoyándolo sobre la carpeta que la profesora acababa de devolverle.

—La profesora Ortega dijo que mi fotografía necesitaba algo más... Un factor “deslumbrante”. Creí que estaba perfecta, no sé qué espera de mí.

Con un movimiento suave, Claudia atrajo a Vera y acarició su mandíbula por un instante.

—No te estreses, tu trabajo es el mejor y seguro va a verlo pronto, ¿sí?

—Espero que lo vea antes de que termine el semestre, necesito aprobar su jodida clase —bufó, llevándose el vaso a la boca—. Dijo que puedo reenviar el trabajo durante la semana, pero que no espere una calificación sobresaliente... Qué estrés.

Claudia soltó un suspiro corto, regalándole una sonrisa. Era obvio que estaba intentando animarla, pero la verdad era que resultaba levemente desmotivante saber que la profesora no encontraba que su trabajo valiera la pena. Quizá solo necesitaba relajarse y entonces le saldría algo increíble; fotografiar no debía tratarse de pensar, sino de sentir... Y últimamente estaba demasiado concentrada en todo lo que le daba vueltas en la cabeza como para conectarse con su parte más intuitiva y capturar una imagen digna de admiración.

¿Y cómo no?

Seguía sin darle una respuesta definitiva a Claudia sobre su novedosa idea de probar algo distinto. No era algo que pudiera decidir de un momento a otro, sobre todo si ni siquiera tenían a una posible candidata para sacrificar en aquella búsqueda de emociones nuevas y desconocidas. Tenían ciertos nombres que ya antes habían usado, pero Vera no estaba segura de querer entregarse —literalmente— frente a su novia si se trataba de alguien con quien no había más que una relación casual.

La confianza era algo primordial en cualquier dinámica sexual.

—¿Está todo bien, amor? —preguntó Claudia al verla distraída—. ¿Sigues desanimada por tu trabajo?

La peliazul negó con la cabeza, jugando con los dedos de su novia mientras abultaba el labio, sin saber bien cómo empezar aquel tema que llevaba semanas rondándole. Tampoco era que la entusiasmara demasiado, pero la curiosidad resultaba imposible de negar.

—Es que estaba pensando... —comenzó, bajando la mirada con nerviosismo mientras aceptaba por fin aquella propuesta—. Quizá sí podría ser divertido probar eso que querías...

—¿Qué...? Oh... —se humedeció los labios, viendo las dudas que seguían rondando la cabeza de su novia. Lo entendía, pero no iba a negar que saber que Vera lo estaba considerando aumentaba sus ansias; aquella imagen mental era, con diferencia, una de las más excitantes que podía imaginar—. ¿Estás segura?

Vera asintió con una sonrisa, ganando confianza a medida que pasaban los segundos.

—Necesito concentrarme en mi fotografía, y si sigo pensando en tu propuesta, se va a volver aún más difícil. También sería una distracción y una forma de liberar tensiones, así que... hagámoslo.

Claudia la besó emocionada, consiguiendo que Vera riera suavemente por su reacción, aunque correspondió el beso durante un instante, dejando a un lado el café y la cámara para profundizar un poco más en aquel encuentro, sin prestar demasiada atención a las demás personas que estaban en la cafetería.

—¿Y qué estamos celebrando?

Se separaron de forma automática al escuchar el tono divertido que llegó hasta ellas. Giraron apenas para ver a la recién llegada dejar caer sus cosas sobre la mesa con muy poco cuidado antes de ocupar el asiento frente a ambas. Vera rodó los ojos con fastidio ante la interrupción, apoyándose sobre el pecho de su novia y permitiendo que Claudia la rodeara con los brazos, apoyando luego el mentón en el hombro de la peliazul para prestar atención a su nueva acompañante, como cada vez que aquella chica se unía sin aviso.

Una costumbre que, a ojos de Vera, resultaba bastante molesta.

—No es una celebración. Intento animar a mi bebé después de que la profesora Ortega le dijera que necesita repetir su trabajo —explicó Claudia con una sonrisa, divertida al escuchar a Vera chasquear la lengua con molestia—, pero estoy segura de que Vera va a sorprenderla.

—No hace falta que le cuentes mis problemas a tu amiga, amor. Es probable que tenga sus propios asuntos en los que meterse.

Vio a la morena sonreír con burla por sus palabras y aquello solo aumentó su molestia.

Seguía sin entender aquella amistad. Después de todo, aquella chica era la hermana de la ex de Claudia y, aunque su relación con Sonia había terminado hacía tiempo, Clea había quedado como una especie de hermana pequeña adoptiva para su novia. No es que tuviera algo en contra de ella, pero tenerla siempre cerca, sumado a esa irritante actitud llena de arrogancia, no era precisamente su cosa favorita en el mundo, mucho menos cuando lo que necesitaba era paz interior.

—Amor, no es culpa de Clea. No tienes por qué ponerte así —rio Claudia, consciente del evidente desagrado que Vera sentía hacia su ex cuñada.

—Por supuesto que sé que no es culpa suya, solo no creo que le interese saber algo así. De hecho, ¿no estabas con esa chica de Bellas Artes? Te vi hace unos días metiéndole la lengua en el baño del segundo piso —Vera arrugó la nariz con cierto asco al recordarlo—. ¿No te gustaría irte con ella y dejarnos tranquilas? Ya sabes, para que sigáis con lo vuestro.

—¿Nora? Pues no, fue algo del momento —respondió con calma, atrapando entre los dientes la pequeña esfera metálica de su piercing, logrando que la mirada de la peliazul se posara sobre su lengua de manera inevitable.

Lo único que aquello consiguió fue que Clea sonriera.

—¿Todo bien?

Claudia observó aquella interacción con interés, sonriendo divertida cuando Vera bufó con frustración.

—Amor, sobre lo que hablamos... ¿no sería una buena idea?

Clea vio la forma en que la peliazul se sobresaltaba, enderezándose apenas en su asiento para observar a Claudia con el ceño fruncido. Sus ojos analizaron la escena con curiosidad, sobre todo cuando Vera soltó un suspiro resignado.

—¿Por qué siento que me estoy perdiendo de algo?

—Sabes que nuestra relación siempre ha estado abierta a probar cosas nuevas —dijo Claudia con una sonrisa, ganándose una carcajada de la morena.

—Difícil no saberlo. He escuchado cosas interesantes, sobre todo porque saliste con Sonia y ella es mucho más tradicional. Aún me acuerdo de aquella pelea en casa por tus ganas de incluir a su mejor amiga.

—Ugh, qué molesta eres —murmuró Vera—. Olvídalo, amor. Además, no quiero que tu ex termine pegándome por esto.

—¿Qué? ¿Vais a ofrecerme un trío? —bromeó Clea—. ¿No que ya habíais hecho algo así?

Claudia negó con una risa suave, besando la sien de Vera.

—No un trío, algo nuevo... ¿No te gustaría participar? Confío en que estás limpia y puedo asegurarte que nosotras también.

—Perdona... ¿qué? —Clea intentó mantenerse tranquila, pero lo que Claudia estaba insinuando la tomó completamente por sorpresa. Después de todo, no era precisamente la persona favorita de Vera.

—Claudia quiere que me folles mientras ella nos mira —explicó Vera sin más, con una expresión que denotaba fastidio. Clea intentó captar cualquier señal que indicara que aquello era una broma, pero tanto Claudia como Vera se veían bastante tranquilas. Una actitud que solo años de juegos similares podían darles.

—Bien, claramente creo que no estoy entendiendo —dijo Clea con una risa suave, tirando de una de las argollas que adornaban su ceja izquierda de manera nerviosa bajo la atenta mirada de Claudia y su novia—. Tú quieres que haga... ¿qué, exactamente?

—Queremos probar algo nuevo y, obviamente, no voy a dejar que cualquiera la toque. Y tú, Clea, tienes toda mi confianza.

La morena intentó no reír, pero le resultaba demasiado difícil creerse que Claudia le estuviera pidiendo algo así. Tenía claro que ellas, como pareja, usaban métodos poco comunes para entretenerse, pero jamás imaginó que eso fuera a incluirla.

¿En qué clase de dimensión desconocida acababa de caer?

—Vaya... —intentó contener la nueva carcajada, sin mucho éxito—. Estáis bromeando, ¿no?

—Olvídalo, es idiota —soltó Vera con fastidio, porque tampoco era que le entusiasmara demasiado que la gran opción de Claudia fuera la morena. Y no porque físicamente no resultara agradable; habría que ser estúpida para no darse cuenta de que media facultad iba detrás de Clea y con bastante razón, pero... ¿la muy imbécil seguía jugando con el piercing de la lengua?

Tragó saliva, intentando apartar la mirada antes de que Clea se diera cuenta, aunque fracasó miserablemente. Maldita arrogante sin respeto. Seguro que ese piercing debía sentirse increíble.

—¿Y cuáles serían los detalles? ¿Tengo que firmar un contrato como Christian Grey? ¿Tenéis una habitación roja también? —preguntó entre risas, a las que se sumaron las de Claudia por la poca seriedad que Clea le estaba dando a una invitación tan importante.

—Primero, yo tengo que volver a clase, pero esta noche podríamos ir a tomar algo para aclarar las cosas y ver todos los detalles —dijo Claudia, sonriendo con emoción.

—Bueno, esta noche no creo, tengo una cita —se excusó Clea, notando la forma en que Vera tuvo que contener el impulso de reír—, pero ya que Vera parece tan motivada con esta idea, quizá ella pueda explicármelo ahora. Tengo la tarde libre y estoy deseando aprender.

Los ojos de la peliazul se ampliaron al escuchar aquello. Por supuesto que no quería explicarle una mierda y esperaba que se negara de una vez. ¿Qué demonios estaba pensando esa idiota? Se estaba burlando y la muy animal de su novia le estaba permitiendo aquello por su estúpida relación de pseudo hermanas.

—Eso suena genial, ¿no crees, mi amor? —Claudia sonrió, besando castamente a Vera antes de tomar sus cosas y ponerse de pie—. ¿Vuelves con Iris?

—Sí, tengo que revisar unas cosas para mi próxima clase —respondió, luchando por mantenerse impasible.

—Oh, de acuerdo. Te llamo para que lo hablemos entonces. Te amo.

—Yo también te amo —respondió Vera, todavía con aquella expresión de sorpresa, viendo a su novia abandonar la cafetería y dejándola allí con la idiota irritante y su sexy colección de piercings. Porque sí, también había notado los que se marcaban bajo la camiseta ahora que se había visto obligada a interactuar más con ella en lugar de ignorarla como solía hacer.

—Surrealista —dijo Clea con diversión, cruzando los brazos detrás de la cabeza y captando de inmediato la atención de Vera, que luchó por no quedarse mirando. Vio sus músculos tensarse y siguió con la mirada los tatuajes que adornaban aquellos brazos muy bonitos...

No, bonitos no.

Horribles brazos tatuados que perfectamente podían asfixiarla en cualquier momento.

Ugh.

¿Contaba como infidelidad haber pensado en eso?

—¿De qué hablas? —respondió con su mejor tono de no me interesas, pero eres sexy y me alteras, así que baja esos brazos—. ¿Se te aflojó algo o qué?

—Ya sabes, que se despidan con un jodido “te amo” justo después de pedirme que te folle como si fuera lo más normal del mundo —una de sus comisuras se alzó, porque estaba bastante segura de que aquello que coloreaba las mejillas de Vera era un sonrojo sutil—. ¿De dónde sacaron esta idea? ¿No conocen el porno amateur?

Vera exhaló, arrastrando su silla hasta quedar frente a frente con Clea, una sonrisa arrogante curvándole los labios, porque no iba a permitir bajo ningún concepto que aquella chica desagradable —y sexy— ganara esa conversación. Antes muerta que darle el gusto de cuestionar sus fantasías sexuales.

—¿Y qué importa de dónde salió la idea? —sonrió—. ¿Es que acaso la pequeña Clea solo disfruta del sexo vainilla? Aw... No me digas que eres de las que defienden el misionero y apagan la luz para que nadie las mire.

—Hmn... Entonces sí estás de acuerdo con que follemos mientras Claudia mira —se apoyó sobre uno de sus brazos en la mesa, moviendo los dedos contra la superficie de forma rítmica. Sus dientes tiraron del piercing de su lengua antes de soltarlo, plenamente consciente de que los ojos de Vera seguían cada movimiento como si estuviera atrapada en una especie de trance—. Un trío es una cosa, porque Claudia estaría participando... Pero montarle una porno en vivo es bastante distinto, ¿no?

Con una carcajada, Vera arqueó una de sus cejas y se inclinó sobre la mesa para mirar a Clea directamente.

—Seamos sinceras, Clea; te encanta la idea de tener la oportunidad de tocarme, ¿no? No creas que durante todos estos años no he notado cómo me miras. Que haya decidido ignorarlo porque no me interesabas es otra cosa muy distinta.

—Huh... Tienes una autoestima bastante sana, ¿no? —rio la morena al ver a Vera ladear la cabeza con diversión, dejando al descubierto el tatuaje que adornaba su cuello y captando de inmediato toda su atención.

—¿Me equivoco? —insistió, sintiéndose mucho más interesada de lo que habría imaginado, con el estómago anudándose al ver los ojos de Clea recorrerle el cuello sin el menor rastro de sutileza, igual que había hecho tantas otras veces cuando Claudia no estaba mirando.

—¿Puedo responder eso? Eres la maldita novia de una de mis mejores amigas, por mucho que estéis completamente locas —soltó el aire, porque ¿cómo negar que Vera era físicamente atractiva? Haberla conocido como la novia de Claudia no impedía que le interesara. Y ellas mismas se lo estaban poniendo en bandeja.

—¿Entonces sí te interesa jugar con nosotras? —preguntó Vera, esperando de manera inconsciente que Clea no decidiera apartarse de aquella propuesta. Su mano fue a tocar de forma instintiva el tatuaje de su cuello al ver la lengua de la morena deslizarse lentamente sobre sus labios. Seguro que aquella pequeña pieza de acero debía sentirse tan bien sobre su piel...

—¿Es eso una petición personalizada? —bromeó Clea, con la cabeza cruzada por distintas imágenes de Vera frente a ella. Sus ojos se detuvieron en aquel maldito tatuaje que parecía tentarla de forma demasiado explícita.

—No. Si no eres tú, será alguien más, cariño —respondió Vera con una sonrisa altiva—. No te ilusiones.

—Suerte encontrando a alguien que consiga calentarte lo suficiente con una conversación, Vera —dijo, tomando sus cosas para ponerse de pie. Escuchó la risa cargada de irritación que la peliazul dejó escapar y se detuvo un segundo, manteniendo la mirada fija en ella—. Oh... ¿No es un poco poco sutil esa molestia? En realidad quieres que acepte, ¿no?

—No es molestia. Pero si vas a ir metiéndote entre las piernas de media universidad, claramente no te quiero entre las mías. Quizá Claudia debió pensárselo mejor antes de incluirte en nuestros planes. Sigues siendo una idiota inmadura para algo así.

Clea rio, sentándose sobre la mesa frente a Vera e invadiendo por completo su espacio personal sin preocuparse lo más mínimo por ello. Apoyó un pie en la silla de la peliazul, obligándola a separar las piernas de forma inconsciente.

—¿De verdad no te molesta follar con alguien mientras tu novia está ahí? —volvió a preguntar, recibiendo a cambio una mirada llena de seguridad. Maldita fuera, era injusto que fuera tan atractiva y, encima, tuviera una novia que era casi como una hermana y a la que de verdad apreciaba.

—No, no me molesta, porque es solo sexo —respondió con calma, sintiéndose bastante satisfecha con la reacción de sorpresa que había conseguido—. Al final del día, es a Claudia a quien amo y lo que pase en nuestros juegos es solo eso, un juego sin importancia que nos sirve para que nuestra relación se fortalezca a partir de la confianza.

Clea se quedó meditando sus palabras durante un instante, con los brazos cruzados sobre el pecho y la mirada chocando con la de Vera, intentando ver más allá de lo que decía. Al final, una sonrisa curvó sus labios y sus ojos destellaron con algo muy parecido a la diversión.

—Voy a hacerlo.

Vera arqueó una ceja, sin esperarse aquella respuesta, aunque la idea de que aceptara le provocó una punzada de emoción.

—¿Disculpa?

—Eso. Voy a acostarme contigo; después de todo, como tú dices, es solo un juego —respondió con decisión y con bastante más interés del que debería tener si se consideraba su amistad con Claudia, pero, en su defensa, ellas habían sido quienes hicieron la oferta primero y ella solo estaba siendo solidaria—. Dile a tu novia que me mande un mensaje con el lugar y los detalles. Ah, procuraré mantenerme fuera de las bragas de toda la universidad hasta después de terminar con mi pequeña donación a vuestra cruzada de diversión sexual. Nos vemos, Vera. Suerte con la profesora Ortega.