OSCURA

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Summary

Mateo Russo odia su apellido. Ha pasado años evitando convertirse en el monstruo que su padre desea, refugiándose en el humor ácido y en la protección de su círculo más íntimo. Pero su vida da un vuelco cuando su obsesión se fija en Bárbara, una mujer que parece diseñada para destruirlo. Bárbara vive en un limbo emocional. Acostumbrada a jugar con los hombres como un método de supervivencia, asegurándose de que nadie se acerque lo suficiente para ver las cicatrices que guarda en el alma. Sin embargo, Mateo Russo no es uno más. Él ve la oscuridad en los ojos de Bárbara porque es la misma que habita en los suyos. Decidido a derribar sus muros, Mateo iniciará un juego de seducción donde las reglas no sirven de nada.

Genre
Erotica
Author
Andy Wes
Status
Ongoing
Chapters
13
Rating
n/a
Age Rating
18+

Primer encuentro

MATEO

No debería estar siguiéndola. Sin embargo, aquí estoy.

No soy un maldito acosador. Bueno, tal vez sí. Un poco. Solo lo necesario para mantener el control de la situación.

Resulta que llevo días siguiendo los pasos de una rubia despampanante a quien conocí por culpa de mi mejor amigo (y jefe, aunque odio admitirlo), Luca Vitrani. Luca tiene un problema serio con una mujer que, para su mala suerte, es la hija de su peor enemigo: Kiara Morelli. La secuestró para sobornar al padre por un territorio que ya a nadie le importa, porque el estúpido de mi amigo se enamoró de la presa. Perdida y jodidamente enamorado, aunque se ponga de piedra cuando se lo digo en la cara.

La tuvo que liberar por su estúpida moral de tonto enamorado y me encargó a mí, su mano derecha, la tarea de seguirla para mantenerla a salvo. Ya sabes, cosas de la mafia. Normalmente envío a mis hombres para estos trabajos de niñera, pero en una de mis rondas de control descubrí a su mejor amiga: Bárbara.

¿Cómo describirla? Es una maldita belleza salida del inframundo. Hermosa, perfecta y sexy hasta el hartazgo. Me volví loco con solo verla y aquí estoy, como un adolescente con las hormonas alborotadas, siguiéndola por todos lados como un psicópata.

Prometo que no tengo malas intenciones. Bueno, tal vez algunas de mis intenciones sí sean un poco... oscuras.

El problema es que cuando le comenté a Luca sobre mi nuevo interés, me lo prohibió expresamente.

—Ni se te ocurra, Mateo. Kiara va a matarme —me dijo con esa seriedad tan suya. Lo juro, ese hombre no tiene una pizca de humor; a veces me pregunto cómo terminamos siendo amigos.

—Kiara ya quiere matarte ahora mismo, eso no tiene nada que ver conmigo —le dije guiñándole un ojo—. Solo quiero acercarme, conocerla. ¿Por favor? —puse mi mejor cara de gatito de Shrek.

—No.

—Lo haré parecer una coincidencia. Lo juro.

—No.

—¡Un encuentro de película! —insistí—. Doblo la esquina, la choco sin querer, ella lleva muchos papeles, se le caen todos, nos agachamos al mismo tiempo, nuestras manos se rozan, nos miramos y ¡pum! Amor a primera vista.

—Eres un ridículo.

—Y tú un castrador —me fui indignado.

Pero no me dijo que no podía seguirla, así que aquí estoy, obsesionado con esta mujer que no me deja dormir. La he visto salir con un par de tipos en citas que me revolvieron el estómago, pero nunca lleva a nadie a casa. Parece que sus encuentros son platónicos o, no sé, quizás nadie está a su nivel. Hasta que me conozca a mí, por supuesto.

Es domingo, mi día libre. Un mensaje llega a mi teléfono. Bueno, técnicamente llegó al teléfono de la rubia... Sí, hackeé su celular. Es por una buena causa: quiero cuidarla. Y follármela. Y otras cosas que no se dicen en voz alta.

Parece que planea ir a casa de Kiara esta noche. Esta es mi oportunidad. Vamos, Mateo, hoy podrías conocer al amor de tu vida.

Decido cambiar el rumbo e ir primero al departamento de Kiara. Solo paso a “asegurarme de que todo esté bien”. Cuido los intereses de mi amigo, ¿entiendes? Qué buen empleado soy.

***

Una hora más tarde, estoy en el salón de Kiara. Al principio me recibió con esa desconfianza que tienen las mujeres que han sido secuestradas por mafiosos (qué delicadas), pero con mi encanto terminé convenciéndola de que se relajara.

—Solo pasaba a saludarte, Kiara. Qué mujer tan desconfiada, por Dios. Y no, Luca no me envió, de hecho me dijo que me mantuviera lejos. Pero aquí estoy, preocupado por el bienestar de una amiga.

Aunque no seamos tan amigos aún, lo seremos. Kiara me cae bien.

Después de un par de cervezas y una charla donde logré que bajara la guardia, suena el timbre. Ella se sorprende, pero yo sé exactamente quién es. Aun así, pongo mi mejor cara de “¡¿Quién será a esta hora?!“.

Al abrirse la puerta, me encuentro con la rubia de mis sueños. Le dedico la sonrisa más coqueta y seductora de mi arsenal.

—¿Acaso toqué las puertas del cielo? —me dice ella, escaneándome de arriba abajo con un descaro que me enciende la sangre.

Listo, Mateo. Estás acabado. Totalmente jodido.

No pierdo el tiempo. Tengo que presentarme antes de que mi cerebro se derrita por completo.

—Me llamo Mateo. Soy el mejor amigo de Luca e intento serlo de Kiara, aunque tu amiga es un iceberg. —le dije, recuperando mi voz de seductor.

—Mucho gusto, Mateo. Soy Barb —respondió ella, extendiéndome la mano mientras me guiña un ojo—. Puedes ser mi amigo cuando quieras. Yo soy todo lo opuesto a un iceberg; soy más como un incendio forestal.

OH, CARIÑO, NO TIENES NI IDEA DE LO QUE ESTÁS DICIENDO. Trato de fingir un poco de indiferencia antes de que se diera cuenta de que me estaba desintegrando por dentro.

CONTROLA LAS HORMONAS, MATEO. NO PUEDES SALTAR SOBRE ELLA. ACABAS DE CONOCERLA. SÉ UN PROFESIONAL.

—Ustedes dos son tal para cual —intervino Kiara, soltando una carcajada—. Barb, ¿qué haces aquí? Habla antes de que se coman con la mirada.

—Podría comerlo con la mirada... y con otras cosas —murmuró Bárbara, lo suficientemente alto como para que yo lo escuchara perfectamente.

TRANQUILO, MATEO... TRANQUILO.

Me senté rápido en el sillón, tratando de disimular la erección que, de pronto, se sentía como una amenaza real y muy poco sutil en mis pantalones. Crucé las piernas con una urgencia casi cómica. Si esta mujer sigue hablando así, el “incendio forestal” va a terminar conmigo en cenizas antes de que termine la noche.

ESTA MUJER VA A ACABAR CONMIGO.



BÁRBARA

Estaba preocupada por mi amiga. Anoche salimos a celebrar su cumpleaños; quería llevarla a un bar, que ligara con algún idiota guapo, que le subiera un poco la autoestima. Kiara lo necesita más que yo. Tiene el corazón roto por culpa de un mafioso imbécil que no sabe lo que se pierde. Ella es un tesoro: inteligente, encantadora y con un poder que le viene de familia, aunque su padre sea otro espécimen de la misma estirpe de idiotas. Dicen que las mujeres estamos condenadas a elegir hombres como nuestros padres; por suerte, el mío era un amor, aunque murió en un accidente cuando yo era muy pequeña.

Lo que vino después... de eso prefiero no hablar. Lo guardo bajo llave en un rincón oscuro de mi mente donde nadie pueda encontrarlo.

La cuestión es que Kiara desapareció del bar con un tal Jon y no dio señales de vida hasta hoy. Me dijo que estaba todo bien, pero yo necesitaba verla. Anoche, mientras ella se perdía, yo me quedé con el amigo de su ligue... ni recuerdo su nombre. Nos besamos, me restregué en su regazo luciendo sexy y, cuando lo tuve con una erección del tamaño del Everest, me largué fingiendo una urgencia.

Lo hago siempre. Me encanta coquetear, vestirme para matar y hacerles creer que tienen una oportunidad de meterse entre mis piernas. A veces dejo que toquen, que se confíen... y justo cuando la temperatura llega al punto de no retorno, me voy. Me divierte ver sus caras de frustración.

Pero la verdad es que no dejo que nadie vaya más allá. No es que no quiera... es que no puedo. No he tenido sexo con nadie en años. No desde la última vez que pasó lo que pasó.

Por eso, cuando fui al departamento de Kiara esta noche, no esperaba encontrarme con un gigante rubio de casi dos metros abriendo la puerta. Tenía unos ojos azules en los que me perdí al instante; un ángel caído con la palabra “PELIGRO” tatuada en su maldita cara perfecta. Era una montaña de músculos que gritaba problemas por todos lados, pero a mí no me intimida nada. Soy yo la que intimida a los hombres.

No lo voy a negar: me gustó. Es encantador, me hizo reír y parece salido del sueño húmedo de cualquier mujer. Le pedí su número y lo agendé como Ángel Musculoso.

Al llegar a casa, me descubrí sonriendo frente al espejo. Creo que le di esperanzas, y quizás, solo quizás, yo también las tenga. Esperanza de encontrar a alguien que mueva algo real dentro de mí. Alguien que me haga sentir viva y me permita dejar de fingir que no estoy muerta por dentro. Tal vez, solo tal vez, este gigante pueda despertar a la Bárbara que existía antes de que la oscuridad lo consumiera todo.

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