Capitulo 1: Nuevos vecinos
La época del otoño se acercaba en Londres, se sentía en el aire un cambio en aquel lugar. Una mujer se encontraba en el aeropuerto recibiendo unas llaves qué correspondían uno de los autos del lugar mientras esta agradecía y veía como se alejaban:
—Que alivio, ya estamos aquí —Dijo aquella mujer de ojos color verde aceituna hasta percatarse de algo. Marie?
La mujer empezo a mirar por todos lados hasta por fin encontrar a su hija, la joven se había quedado viendo algunas de las flores del aeropuerto:
—Marie! No te alejes así, me asustaste por un segundo, debes ser más cuidado y más aún en un país al que recién hemos llegamos.
La joven se volteo a ver a su madre por aquel regaño, Marie tenia el mismo color de ojos que su madre pero su mirada era mas juguetona qué la de su madre, esta se dirigía con las maletas hacia la dirección de esta:
—Perdón, es que me parecieron muy bonitas las flores, además no exageres mujer, ni que me fuera a perder o algo, ya no soy una niña -Dijo Marie con una sonrisa-
—Puede que así sea pero sigues siendo muy distraida... Mejor ayúdame a meter las maletas en el auto, por suerte el auto ya esta aquí, solo esperemos que las cosas de la casa hayan llegado también —Dijo Francisca metiendo las maletas en el auto.
—A la orden señora! —dijo Marie colocando su mano en la frente, bromeando un poco para luego reír un poco.
—Relájate mamá, te puede dar algo a ultimo minuto, todo saldrá bien.
En el transcurso del viaje, Marie veía la ciudad por la ventana del auto, le parecía linda pero no le llamaba mucho la atención, pues para la joven, una ciudad es solo una ciudad, con sus típicas tiendas, multitudes y ruido, a ella no le gustaba mucho esos tipos de lugares, se sentía incomoda por alguna razón pero simplemente se había acostumbrado a vivir con ello, pero ahora, todo era diferente, cuando comenzaron a salir de la ciudad los ojos verde aceituna de la joven se iluminaron, fijandose en los arboles verdes, las flores y el pasto, era una vista maravillosa, parecía que todo transmitía paz.
—Te ves emocionada, no es de sorprenderse, te gustan estos tipos de lugares -Dijo Francisca conduciendo-
—Me alegra que nuestra casa no quede en la ciudad -Dijo Marie aun admirando la naturaleza del lugar-
—Mm eso supongo... yo quería una casa en la ciudad pero la de estos sectores son mucho mas grandes y al tener auto no demoraremos mucho ir y volver de la ciudad —Dijo Francisca.
Después de unos minutos, al fin habian llegado a su nuevo hogar, donde el camión de mudanza estaba estacionado, Marie al ver la casa con detalle, esta salio del auto de un salto.
—Wow... ¡Que linda!, jamas pensé que seria así, es mucho mas grande que la anterior —Dijo Marie viendo la casa y el lugar.
—¿Verdad?, ademas, presiento que no te aburrirás aquí, ahí mucha naturaleza... solo te pido que nos a avises si se te ocurre ir a explorar por el campo. —Dijo Francisca saliendo del auto.
Marie solo río un poco por aquel comentario de su madre mientras comenzaba a entrar las maletas, veía como unos hombres entraban los muebles a la casa, la joven decidio subir al segundo piso con emoción, empezando a abrir los cuartos uno por uno para poder escoger el suyo, hasta por fin encontrar una habitación con una gran ventana, la vista era hermosa y se veían los arboles y el campo:
—Ya encontré mi cuarto! -Grito Marie para qué escuchara su madre.
Marie puso su equipaje en el suelo para nuevamente bajar las escaleras y encontrarse con su madre, que se encontraba hablando con los de la mudanza para colocar los muebles, la joven supo que su madre no iba a necesitar su ayuda, pero igual fue donde esta para ofrecer su ayuda:
—¿Necesitas que te ayude en algo? —Pregunto Marie.
—Por ahora no, pero cuando suban tu cama y tus cosas, ve a ordenar tu cuarto. —Dijo Francisca.
—Pff... obviamente, en ese caso, iré a afuera a explorar un poco. —Dijo Marie emocionada.
—Esta bien, Ve con cuidado —Dijo Francisca.
Marie solo asintió, saliendo de la casa, mientras su madre suspiraba esperando que le haga caso, la joven comenzó a recorrer el "gran pateo" que tenia ahora, Marie estaba más que fascinada, esta cerro los ojos y respiro hondo:
—Creo que me acostumbrare muy rápido a este lugar. —Dijo Marie.
Tras mencionar aquello, pudo sentir una extraña tranquilidad que emanaba el lugar, como si algo le estuviera dando la bienvenida, la joven le vino un dulce olor, era el aroma de las flores que estaban en el jardín de la casa, Marie se acerco hacis las flores y se inclino para observarlas:
—Que lindo jardín, incluso podría ampliarlo un poco. —Dijo Marie acariciando gentilmente un pétalo de una de las flores.
—Dudo mucho que mi madre quiera cuidar de este jardín, la tierra nunca ha sido lo suyo, me daré la libertad de plantar algunas hierbas medicinales.
Dijo esta con una pequeña sonrisa hasta notar, como las flores comenzaron a moverse lentamente, esto le extraño un poco a la joven, Pues no había brisa como para que las moviera, era como si algo estuviera moviendolas, las flores dejaron de moverse y la joven simplemente se levanto, asumió que quizás solo era su imaginación hasta sentir una repentina brisa en su rostro, era suave y solo duro un segúndo, la joven quedo confundida, observando alrededor para ver si las hojas se movían pero claramente no había viento alguno que hubiera causado eso, esta prefirió ignorar aquello con una pequeña sonrisa:
—Que ironía... Incluso aquí, me siguen pasando cosas extrañas. —Dijo Marie como si fuera algo que le ocurriera siempre.
Mientras tanto, en otro lugar, en una gran casa, lleno de bellas flores, mejor conocida como la casa del mago, Elías Ainsworth, aquella chica de cabello rojizo, Chise Hatori, se encontraba sentada en el césped leyendo un libro usando el uniforme de la facultad, ya que no hace mucho la joven había llegado a casa junto con su esposo, a pasar un tiempo allí y tratar de despejar sus mentes.
La lectura de la pelirroja fue interrumpida al escuchar unas Aerials no muy lejos de esta, por el tono de las "vecinas" sonaban emocionadas, Chise con curiosidad se acerco y las saludo:
—Ah! Chise. —Dijo Aerial que se encontraba con las otras de su especie.
—No nos habíamos dado cuenta que ya habías llegado.
—Así es, han pasado muchas cosas en la facultad de hechiceros, estaba leyendo un poco. —Dijo Chise.
—¿De que estaban hablando tan emocionadas?.
—¿No lo sabes?, Tienes una nueva vecina, Chise, no muy lejos de aquí. —Dijo Aerial acercándose a la pelirroja.
—¿Enserio? no lo sabia. —Dijo Chise sorprendida.
—Era obvio que estarían contentas con ello, les encanta lo nuevo ¿no?.
Las Aerials comenzaron a volar alrededor de Chise mientras reían:
—Eso es verdad, pero no es solo por eso, el olor de esa joven es muy dulce y transmite mucha paz —Dijo una de las Aerials.
—Así es, jamás pensamos que tendríamos la oportunidad de estar tan cerca de uno de estos humanos, cuando llegaste pensábamos que ya eramos afortunadas pero ahora lo somos aún más con la llegada de esta joven —Dijo Aerial sonriendo.
—¿Uno... de esos humanos?, ¿a que te refieres? -Dijo Chise-
—Eso suena interesante, dinos más sobre aquello, por favor —Dijo Elías acercándose a chise y a las Aerials tras escuchar aquello.
—¡Vaya!, mago, igual te diste cuenta de ello ¿no?. —Dijo Aerial.
—Me percate que algo ocurría al notar a las criaturas de la casa empezaron a dirigirse a otro lugar muy emocionados. —Dijo Elías.
—¿De que se trata?
—Como le mencionaba a Chise, tienen una nueva vecina, tan especial como nuestro bello petirrojo. —Dijo Aerial.
—Una humana de cristal, pudimos notarlo fácilmente por la energia que proyectaba la joven.
—¿Humana de cristal?. —dijo Chise.
—Se refieren a un tipo de humanos denominados como "cristal", las criaturas mágicas adoran a estos humanos. —respondio Elías
—¿Que son exactamente Elías?. —pregunto nuevamente Chise.
—Bueno....según tengo entendido, durante años empezaron a aparecer cierto humanos con caracteristicas inusuales, se les catalogo como personas índigo pero con el tiempo termino se extendió, debido a que se percataron que no todo los indigos eran iguales, descubriendo que habían más de estos humanos: indigos, cristales, arcoiris, dorados, etc... Se dice que son excepcionales, talentosos y con una madurez espiritual que asombra. Su alma es considerada "pura", estos humanos suelen dejar en desconcierto a los adultos con comentarios o actos que no tienen que ver con su edad biológica, muchos de estos tienen habilidades únicas.... una capacidad de ver más allá de lo evidente. Claro que, solo algunos desarrollan ciertas capacidades. —Explicó Elías mientras se cruzaba de brazos.
—¿Habilidades?, ¿te refieres a que ellos poseen magia? —Dice Chise.
—Así es, pero no todos ellos logran tener un dominio en la magia, algunos simplemente no nacieron para la magia y desarrollan habilidades en otras áreas —Dijo Elias.
—Tengo entendito que a diferencia de los indigo, los cristales son diferentes, están entre los más conectados, comunicativos, cariñosos y mimosos, comparados con los de cualquier otra generación. Ellos tienen dones filosóficos y espirituales. Desplegando un nivel sin precedentes de gentileza y sensitividad a este mundo.
Elías hace aparecer en sus manos un libro sobre aquel tema y se lo pasa a su joven esposa, mientras esta miraba el libro con curiosidad.
—Para ser honesto, son bastantes interesante, al principio creia que eran invenciones de los humanos... Pero con el tiempo he oido historias de otros magos que han conocido a estos humanos, nunca he tenido el placer de conocer a uno en persona, pero supongo que ahora tengo la oportunidad de ver uno —Dijo Elias mientras se alejaba.
—Asegúrate de leer ese libro, Chise.
—Ah! si...—Dijo Chise mientras vuelve a mirar las aerials. ¿Y ella las pudo ver?.
—Bueno...Como dijo el mago, algunos de ellos pueden verno, pero... —Dijo aerial poniendo un dedo en su boca pensativa.
—Ella pudo sentirnos, al parecer tiene afinidad con la magia, puede que con el tiempo pueda desarrollar más su potencial y lograr vernos.
Tras despedirse de las aerials, Chise se dedico a leer el libro no le tomo mucho tiempo ya que cada pagina que ella pasaba comenzaba a interesarse mas sobre el tema, tras terminar el libro esta lo cerro y lo guardo, La pelirroja se sentía un poco mas aliviada en cierto modo conocer otros humanos con capacidades similares a la de ella.