Bloodbound | KV

Summary

Cuando el clan Kim y el clan Jeon acuerdan un matrimonio político para asegurar poder, prestigio y herederos, Taehyung -un doncel marcado por su infertilidad desde un accidente que lo cambió todo- se convierte, contra su voluntad, en el sustituto de su joven familiar en el altar. Sin la capacidad de concebir y con el corazón endurecido por años de rechazo silencioso, Taehyung asume ese papel con una sola intención: proteger la libertad de quien aún tiene la oportunidad de elegir su propio destino. Pero lo que no esperaba era que su nuevo esposo ya lo hubiese elegido a él desde mucho antes. Jeon Jungkook, heredero del clan más temido de la ciudad, no solo acepta la unión sin cuestionamientos: la desea. Y aunque su presencia impone respeto y peligro, su trato hacia Taehyung está lleno de paciencia, límites claros y una inesperada ternura. Una boda que no era suya y un esposo que no debería quererlo. Taehyung no cree en finales felices. Pero este matrimonio, nacido de una mentira, podría ser lo más real que ha vivido jamás.

Status
Complete
Chapters
62
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4.5 2 reviews
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16+

Prólogo

El silencio en el salón principal no era sagrado, pero si era peligroso.

Cada mirada, cada gesto contenido, cada copa de vino en manos de hombres de prestigio, todo estaba cuidadosamente orquestado para que nada se saliera del guion. Y ese guion dictaba que, al final de la ceremonia, el heredero Jeon se casaría con el joven doncel del clan Kim.

Uno joven, fértil, obediente. No con el que estaba caminando ahora hacia el altar.

Taehyung mantenía la cabeza baja, el velo blanco cayéndole sobre el rostro con elegancia. Sus pasos eran firmes, medidos. El traje ceremonial abrazaba su figura con la perfección de alguien que había nacido para usarlo, aunque en realidad, no debía estar ahí.

Las palabras de su joven primo, gritadas horas antes, le pesaban como plomo en el pecho.

“Eres tú quien debería casarse, hyung. No yo. Tú naciste para esto. A mí aún me queda algo de vida que vivir.”

Y aquí estaba, cumpliendo un rol que no le pertenecía.

Los murmullos eran inexistentes, nadie sospechaba lo que llevaba tras el velo, ni siquiera su prometido.

Taehyung había sido el reemplazo de último minuto. Un favor desesperado a su joven primo que no quería atarse aún al mundo podrido de las alianzas matrimoniales. Y él, como doncel infértil descartado años atrás, pensó que no importaría demasiado, porque por más que lo intentara, nadie lo quería y nadie lo elegiría. Así que se prestó a la mentira después de tanta insistencia.

El altar parecía lejano, y aun así, llegó demasiado rápido. Frente a él, Jeon Jungkook estaba de pie, impecable en su traje negro, sin joyas, sin ornamentos, solo la insignia de su clan prendida en la solapa. Su rostro era una máscara impenetrable, pero sus ojos oscuros no mentían.

No podía verlo y eso lo tranquilizaba, hasta que las campanas sonaron y vino el momento del retiro del velo.

El silencio se volvió una línea afilada.

Uno de los ministros del clan Kim levantó lentamente la tela blanca, revelando al doncel oculto.Las bocas se abrieron, los ojos se ensancharon y las miradas volaron de un lado al otro con pánico apenas contenido, esperando a ser atacados en cualquier momento por la falta tan grave que estaban cometiendo.

No era el doncel prometido.

No era el joven doncel que debía sellar la alianza, sino que era Kim Taehyung, el doncel olvidado. El que no podía dar herederos y quien había sido repudiado por su propia familia en lugar de apoyarlo.

Pero mientras el salón se llenaba de respiraciones contenidas y tensión electrizante, Jungkook no dijo nada, no se movió, ni siquiera parpadeó. Solo se limitó a mirarlo con detalle, como si estuviera grabándose sus facciones en la memoria.

Y Taehyung, que hasta ese momento había creído controlar la situación, sintió un leve desbalance. Esperaba alguna clase de reproche, algo que se asemejara a la ira o al desprecio. Pero encontró interés, y algo más oscuro. Algo que ya estaba decidido.

Jungkook se inclinó un poco, solo lo suficiente para que sus palabras se perdieran en el espacio entre ellos.

—No eres quien me prometieron.—Dijo Jungkook, apenas un murmullo entre ellos, apenas audible bajo el canto solemne que envolvía la ceremonia.

Taehyung tensó la mandíbula.

—Lo lamento si esperabas algo mejor.—Respondió con frialdad.

Jungkook ladeó la cabeza, observándolo con detenimiento.

—No esperaba algo mejor.—Susurró, y entonces bajó la voz aún más.—Esperaba que fueras tú.

Taehyung parpadeó.

Y mientras los testigos se revolvían inquietos y los ministros seguían fingiendo control, el contrato fue firmado.

La ceremonia continuó.

Y Taehyung, doncel sin valor para su mundo, supo con certeza que había cometido un error.

Porque Jeon Jungkook no se sorprendió.

Se calmó.