Detrás de la Máscara

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Summary

Tengo un secreto, una doble vida que nadie conoce. Pero que pasará cuando soy descubierta por el chico mas "hot" de toda la escuela en un club. Naomi Giménez es la chica nerd de la escuela, todos la conocen por ello y tiene muchas expectativas sobre ella por parte de sus padres. Para aliviar el estrés de comportarse siempre como la niña perfecta Naomi se va de fiesta y sale en las noches creando un lado salvaje que nadie puede conocer. Pero cuando Kyle Williams la reconoce en un club una noche, todo su mundo corre peligro de derrumbarse pero en vez de delatarla terminan teniendo ¡¡¡¿¿¿sexo???!!! .............. Historia 100% Original

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

La Noche Que Empezó Todo


Mis pensamientos dan vueltas en mi cabeza. ¿Cómo acabé en esta situación? Mi mente es una maldita montaña rusa en este momento; siento que el aire no sale de mi cuerpo. Intento recordar los sucesos de anoche, buscando una pista sobre cómo terminé aquí, de todos los lugares del mundo.

Mis ojos se desvían hacia el chico que duerme a mi lado, con el torso al descubierto y la sábana cubriéndole apenas la mitad del cuerpo. No necesito levantarla para saber que está desnudo. Tampoco necesito un recuerdo nítido para saber que anoche tuvimos sexo: me basta con ver los condones usados en el suelo, junto a nuestra ropa esparcida por la habitación.

El dolor punzante en mi cabeza me hace fruncir el ceño. Definitivamente, debería medir mejor mi aguante al alcohol la próxima vez. Me apresuro a recoger mi ropa del suelo y vestirme lo más rápido posible, aunque mis bragas siguen desaparecidas. Genial. Busco mi móvil y lo encuentro en el suelo. Intento encenderlo, pero está sin batería.

Cuando me agacho a buscar mis bragas, las veo asomando debajo de la cama. No sé cómo acabaron ahí, pero se me ocurren varias ideas. Antes de que pueda recuperarlas, el chico en la cama empieza a moverse. Mierda. No quiero enfrentar la conversación incómoda de la mañana siguiente, así que me apresuro a saltar por la ventana. La única ventaja de todo esto es que somos vecinos y puedo escapar fácilmente a mi habitación.

Una vez en mi propia cama, me dejo caer sobre las sábanas y cierro los ojos, tratando de recopilar cada detalle de la noche anterior. Fue justo ahí donde comenzó esta pesadilla.

..............

Apenas puse un pie en el club, la música se apoderó de mis sentidos. El bajo retumbaba en mi pecho como un latido salvaje, y mi cuerpo comenzó a moverse al ritmo del beat sin siquiera pensarlo. Pero, antes de conquistar la pista de baile, hice una parada obligatoria en la barra.

—¡Hey, Kevin! Ponme unos chupitos de tequila, porfa.

Kevin, el bartender, me miró con una ceja arqueada y una sonrisa burlona en los labios.

—Y yo pensando que hoy no te vería. Hace tiempo que no pasas por aquí. ¿Encontraste otro club con mejores servicios o qué?

Rodé los ojos, divertida. Kevin y yo nos conocemos desde hace años, y este tipo de bromas son habituales.

—¿Un lugar con mejor ambiente que este y bartenders más guapos? Lo dudo —respondí, coqueta.

Una chispa traviesa cruzó su mirada y, con una sonrisa satisfecha, se rindió.

—¡Ya vienen tus tragos!

—Gracias, guapo.

El tequila quemó mi garganta como fuego líquido, despertando a la fiera que llevo dentro. Ahora sí estaba lista para la pista.

Mis ojos recorrieron el club en busca de diversión. Me acerqué a un par de chicas que bailaban sin inhibiciones y no dudé en unirme. Este es mi tipo de gente: las que vienen a olvidar las penas y a vivir una noche salvaje.

Nos perdimos entre la multitud y, en cuestión de segundos, nos convertimos en el centro de atención. Nos movíamos con confianza, como ángeles caídos incitando al pecado. Los chicos no tardaron en acercarse, buscando una oportunidad. Nosotras seguíamos bailando, sin darles demasiada importancia.

Después de varias canciones, regresé a la barra por más energía líquida. Kevin estaba ocupado con un grupo de chicas que intentaban sacarle el número. No las culpo. Kevin es el tipo de chico con el que todas fantasean: rizos pelirrojos perfectamente despeinados, ojos verdes con un brillo juguetón y un cuerpo esculpido para el placer. Una trampa mortal.

Dicen que no hay que juzgar un libro por su portada, y Kevin es prueba viviente. Detrás de su aire de chico dulce y encantador, se esconde un mujeriego empedernido. O, mejor dicho, un rompe corazones sin discriminación de género. Es bisexual, lo que solo le da más terreno para conquistar... y destruir.

Lo bueno es que nunca caí en su juego.

Estaba disfrutando el espectáculo cuando otro bartender interrumpió mis pensamientos.

—Aquí tienes, un Cosmopolitan para la dama.

Fruncí el ceño.

—Gracias, pero no he ordenado aún.

—Te lo envía él.

Seguí la dirección de su dedo, y mis ojos se encontraron con Kyle Williams.

Oh, mierda.

Apoyado contra la baranda del balcón de la zona VIP, Kyle alzó su copa en mi dirección con una media sonrisa. Lo reconocí al instante.

Mi vecino.

Mi compañero de clase.

El rompe corazones de la escuela.

Nunca habíamos intercambiado más de unas pocas palabras formales: "Hola", "pásame los apuntes" y "gracias". Eso era todo. Nada más.

Pero ahora, su mirada decía algo completamente distinto.

"Te pillé"

Mi mente entró en pánico. ¿Me había descubierto? Miles de escenarios cruzaron mi cabeza: excusas, explicaciones, el juicio silencioso de mis padres al ver caer la imagen de su hija "perfecta". ¿Era este el final?

No podía dejar que él lo notara.

Así que levanté mi copa, le sonreí y brindé en su dirección. Como si nada. Como si no me importara.

Y, en medio del caos mental, un pensamiento me atravesó como un relámpago: sii ya me han descubierto... ¿por qué no disfrutar lo que tal vez sea mi última noche de libertad?

Así que lo hice.

Volví a la pista con el Cosmopolitan en mano, bebiéndolo como si fuera el último trago de mi vida. Bailé. Me dejé llevar con más sensualidad de la habitual, dejando que la música guiara cada uno de mis movimientos. Sentía su mirada clavada en mí, abrasándome la piel.

Sabía que era él.

Moví mis caderas al ritmo envolvente de la música, mientras manos descendían lentamente por mi cuerpo, desde el cuello hasta mi vientre, delineando mis curvas. Mi respiración se volvió irregular. Cada sorbo ardía más intensamente, nublando mi razón, pero todavía no estaba del todo ida.

Los ojos de Kyle seguían fijos en mí.

Yo le sostuve la mirada.

Desafiante.

Fue entonces cuando Kyle comenzó a bajar las escaleras. Sus ojos permanecieron fijos en los míos, intensos, como si el resto del lugar hubiera dejado de existir. No desvió la mirada ni un segundo mientras se acercaba, hasta que pude sentir el calor de su cuerpo rozando mi espalda. En ese instante, supe que la noche estaba a punto de cambiar.

Nuestros cuerpos comenzaron a moverse al mismo ritmo, un baile instintivo que encajaba con la música y con el deseo que se encendía entre nosotros. Mi trasero chocaba contra su cadera, sintiendo el creciente bulto en su pantalón. Me giré lentamente hasta quedar frente a él. Nuestros rostros a solo centímetros, tan cerca que podía sentir su respiración mezclarse con la mía.

Sus ojos castaños oscuros chocaron con los míos, reflejando la misma lujuria que quemaba dentro de mí.

Kyle agarró mi cintura con rudeza. Sonreí, traviesa. Me pegué más a él, mi entrepierna rozando su erección, provocando que su aliento se quebrara junto a mi oído. Su mano descendió hasta mi trasero, apretándolo con fuerza, posesivo, como si ya me reclamara como suya.

Enredé mis brazos alrededor de su cuello, mordiendo suavemente su oído antes de clavar mi mirada en la suya. Como si leyera mis pensamientos, Kyle entendió exactamente lo que quería, algo que ambos deseábamos. Tal vez era culpa del alcohol, tal vez del fuego que había despertado en mí... pero lo único que sabía con certeza era que lo deseaba... y él me deseaba a mí.

Antes de darme cuenta, estábamos devorándonos en un beso salvaje dentro de uno de los cubículos del baño. Sus labios ardían contra los míos, desesperados, como si cada segundo perdido fuera insoportable. Las manos de Kyle recorrían mi cuerpo con urgencia, sin detenerse, reclamando cada rincón como suyo. No había dulzura, solo una necesidad feroz estar cerca y fusionarnos en un único impulso.

Nuestros movimientos eran apresurados, casi frenéticos, como si la música fuera un eco lejano y lo único real fuera sentir su piel encendiendo la mía. Mis manos lo exploraban con la misma ferocidad, buscando sentirlo, marcarlo, hundirme en el deseo que nos consumía. La tensión se volvió insoportable, una corriente eléctrica que estallaba con cada roce.

Nuestros gemidos comenzaron a llenarlo todo, mezclándose con la respiración entrecortada. Desabroché su pantalón, dejando su miembro respirar. Lo tomé en mi mano, haciendo movimientos rítmicos y apresurados, a la par que él tocaba directamente dentro de mis bragas.

De un solo movimiento Kyle retiró mis bragas del camino, adentrando su miembro en mi interior. Sintiendo la dureza y el calor que desbordaba en mis adentros. Empecé a mover mis caderas intensamente, logrando que Kyle soltara los gemidos que intentaba reprimir.

Sus movimientos aumentaban con cada estocada. Sugetándome con fuerza, guiándome al límite, arrancándome jadeos que apenas podía contener. Todo era rápido, intenso, arrebatado.

El clímax nos encontró entre susurros ahogados y respiraciones agitadas, una explosión que nos dejó temblando, aferrados el uno al otro. Fue breve, salvaje... y absolutamente devastador.

Kyle se quedó mirándome, el cabello despeinado, el rostro perlado de sudor y las mejillas encendidas. En esa expresión, supe que había disfrutado tanto como yo.

Nos tomó unos segundos recuperar el aliento, aunque mi cuerpo aún pedía más, aún ardía por él.

—¿Segunda ronda en mi casa? — susurró contra mis labios.

Le devolví la sonrisa, divertida, provocadora.

—¿Quién compra el trago para el camino?

Él soltó una risa ronca, sacó dinero del bolsillo y me guiñó un ojo.

—Te veo afuera.

Lo siguiente fue un torbellino de risas y alcohol, su moto rugiendo en la carretera  bajo el cielo nocturno y nuestros cuerpos perdiéndose en el placer una y otra vez, hasta que el cansancio finalmente nos venció.

..................

Y así fue como terminé aquí, despertando junto a Kyle Williams, con mi mundo a punto de derrumbarse.