Capítulo unico
Eran las dos de la madrugada cuando el detective Martí recibió la llamada. Alguien había encontrado un cuerpo tumbado en medio del parque, bajo la luz tenue de una farola estropeada. Cuando llegó al lugar de los hechos, notó que algo no encajaba: la víctima sostenía una nota arrugada en mano, pero las palabras estaban medio borradas por la lluvia… A los minutos después llegaron la policía y la ambulancia. Mientras la policía registraba el cuerpo y la ambulancia lo ponían en una camilla para llevarlo a la autopsia, Martí observaba detenidamente todo lo que podía, pues, todavía no podía hacer nada ya que no le habían entregado el caso.
Después de una media hora de apuntar notas sobre la escena del crimen, Martí, decidió irse. Sin poder tener la autopsia intentó investigar un poco por su cuenta, pero al no poder acceder a algunas de las pistas importantes, ya sea la nota o objetos personales, no consiguió averiguar gran cosa.
Por la mañana recibió una llamada de la agencia de policía. ¡Martí había recibido el permiso para iniciar una investigación! El caso era suyo. Martí es un detective bastante bueno a la hora de resolver sus casos. Por lo cual siempre se llevaba el todos los casos más curiosos. Lo más sorprendente de él, es que no trabaja con nadie, aunque a veces recibe ayuda de su magnífica y cariñosa mascota, un Golden retriever. Siempre está a su lado a la hora de investigar los casos, pues normalmente trabaja en su casa.
Mientras hacían la autopsia del cadáver, Martí, decidió ir a echar un vistazo a la comisaría de las cosas personales de la víctima aparte de la nota arrugada. No encontró nada interesante; la víctima era un joven de unos 18 años, cumplidos recientemente.
No se ha podido encontrar la cartera, pues seguramente él se encontraba caminando hacia algún lugar que se desconoce, lo asaltan y acaba muerto. Es la primera hipótesis que se le ocurrió decir al detective Martí, pero todavía había cosas que se le escapaban de la vista. Por ejemplo; ¿por qué la víctima estaba caminando por allí solo a esas horas de la mañana? o ¿porque llevaba una nota en la mano?. Martí no pudo hacer más, si supiese que es lo que estaba escrito en la nota podría hacer más, pero era imposible descifrar lo que ponía, ya que la fuerte lluvia dejó solo algunas letras sueltas, haciéndolo imposible de leer.
Martí, sin nada más que hacer decidió irse a su casa a… intentar pensar en diferentes teorías.
Allí le esperaba con entusiasmo su mascota Oslo. Después de ponerse cómodo, darle de comer a Oslo y justo cuando recogía los apuntes y las fotografías que había hecho en la comisaría, recibió una llamada de la clínica de autopsias diciéndole que habían acabado con la autopsia y que si quería le podía mandar el resultado por correo electrónico, lo cual el acepto sin dudarlo ni un segundo. Rápidamente sacó su ordenador, entró al correo electrónico y empezó a refrescar la página una y otra vez hasta que por fin le llegó el correo. Estaba intrigado, pues teniendo detalles que se le escapaban, esperaba que los resultados le diesen alguna respuesta. Pero… los resultados eran todo lo contrario, al empezar a mirar el documento compartido veía que todo era bastante normal e incluida la muerte; “disparo al corazón”. Es bastante lógico que el joven no quisiera darle el dinero al atracador obligándolo a disparar. Pero Martí encontró algo al final de la página que lo dejó un poco impactado. La víctima llevaba una mochila cuando lo atracaron. La cual en la escena del crimen no estaba, y en todos los atracos siempre se dejan la mochila, pues el atracador vacía la mochila en el suelo y coje lo más valioso. Martí se quedó satisfecho, pues su primera hipótesis no le había parecido la más correcta desde un principio.
Martí se pasó algunos días pensando en otras teorías, pero este caso es uno de los más difíciles que había tenido por años. Un día, como cualquier otro, Martí se encontraba caminando para despejarse después de haber pasado hora y media pensando en el caso fantasma. Al no poder encontrar ninguna teoría lo suficiente sólida para dar un nombre a ese caso, se le acabó apodando “el caso fantasma”.
Cuando llegó a su casa, encendió su móvil y se dio cuenta que tenía una llamada perdida de la comisaría de policía. Puso su móvil con volumen y llamó a la comisaría. Le dijeron que tenía que ir allí de inmediato. Cuando llegó, se encontró con diferentes fotos que no eran del caso fantasma. Se havia cometido otro asesinato. Le dijeron a Martí que el caso fantasma se había cerrado, que no se preocupara más, ya que se queda como asalto, pues al no tener más pistas no pueden hacer nada. Martí se limitó solo a suspirar y a aceptar este nuevo caso.
Al investigarlo en su casa se da cuenta que es muy parecido al del caso fantasma, un joven de unos 18 años, recién cumplidos, con una nota en la mano la cual no se puede llegar a ver porque las palabras están todas tachadas. Y igual que con la víctima del anterior caso, no se había encontrado la cartera. Martí saltó de la silla entusiasmado, lo cual despertó a Oslo de su siesta. Oslo le ladró dos veces, lo cual asustó a Martí. Después de pedirle perdón a Oslo y darle una galletita, Martí, le explicó que este nuevo caso, muy posiblemente, esté relacionado con el caso fantasma, lo cual, no podrían cerrar el caso, él podría seguir investigando y poder conseguir la hipótesis correcta. Para asegurarse del todo espero los resultados de la autopsia del cadáver.
Cuando llegaron los resultados, observó que efectivamente eran los mismos resultados que con el otro cadáver. Martí, cogió rápido su móvil y marcó el número de la agencia, le explicó lo que había descubierto y decidieron reabrir el caso fantasma.
Martí podía continuar con el caso, pero todavía seguía sintiendo que se le escapaban algunas cosas. Sin saber que podría ser, empezó a leer libros, pues, cuando le faltaban detalles sobre un caso siempre se ponía a leer y para organizarse las ideas salía a caminar con Oslo mientras que le hablaba de posibles teorías. Siguió esa misma rutina día tras día, apuntando idea tras idea, pero parecía que todo era un gran misterio.
Hasta que otro día le llegó una llamada de la agencia de policía. Habían cometido otro crimen y casualmente coincidía con los anteriores casos. Al final el caso fantasma se fue agrandando, víctima por víctima. Martí ya no sabía en qué pensar, aunque algunas cosas de las cuales se le escapaban consiguió descifrarlas, todavía había cosas importantes que no sabía de dónde venían. Martí, empezó a hacer un informe con todo lo que había descubierto y con todas sus teorías. Allí escribió los nuevos descubrimientos que había hecho; los crímenes se iban cometiendo cada tres semanas, los fallecidos y las escenas del crimen siempre eran igual…
Ya no sabía qué hacer o en qué pensar, lo único que le faltaba era coger un mapa e ir marcando las escenas del crimen. Y sin más remedio y sin ninguna esperanza comenzó a marcar sitio tras sitio. Al principio no vio nada, por lo cual decidió hacer una ruta pasando por todos los lugares de los asesinatos.
Yendo por el segundo lugar, se encontró viniendo por los arbustos muy sigilosamente un gato con un pelaje esponjoso y dorado, llevaba colgando una chapa grande adjunto a un collar con un número de teléfono, del cual no se llegaba a leer, pues estaba lleno de arañazos. A Martí se le ocurrió que el majestuoso gato le podría hacer muy buena compañía a Oslo y decidió llevárselo consigo. Al llegar Oslo estaba caminando de un lado a otro, esperando a que Martí llegase. Al verlo empezó a agitar la cola de un lado a otro, pero en cuanto vio que dejaba un gato al suelo y el gato empezaba a recorrer la casa, Oslo, empezó a ladrar fuertemente. En ese momento, Martí se dio cuenta que los perros y los gatos no se llevaban muy bien, pero se le hacía extraño que Oslo no se llevase bien con otro gato, pues al llevarlo a pasear y pasar por al lado de otros gatos, Oslo no se inmutaba. Aunque pasar al lado y tener a un gato como compañero pueda ser diferentes situaciones, Martí decidió dejarlos solos y terminar el recorrido que estaba haciendo.
Al terminar el recorrido se dio cuenta que había vuelto al punto donde había comenzado, había hecho una vuelta.
Martí, esperando que hubiesen sido lugares al azar, se sorprendió y se dio cuenta que esto era lo que le faltaba, que ahora ya podía saver de que iba en realidad El caso fantasma.
Corrió a su casa y al llegar, Oslo, estaba más tranquilo pero estaba un poco incómodo todavía, Martí le dio una galleta como premio y busco al gato. El gato se había meado en sucama, había tirado una maceta de flores y se había puesto a morder las fotos que tenía encima de la mesa. Martí se mosqueó un poquito, cogió al gato y volvió a mirar la chapa intentando encontrar un nombre o alguna cosa que pudiera dar informacion que quien era el dueño, pero no pudo encontrar nada, asique dejo la búsqueda y decidió que a partir de ahora sería su mascota, la cual tendría el nombre de Niebla.
Después de dejarla en el suelo abrió su ordenador e investigó las zonas que estaban dentro del círculo. Aparte de casas, tiendas y restaurantes, había un lugar abandonado del cual solo se había visto interacción por la noche, pues era más como una discoteca. Quiso ir allí de inmediato, tenía demasiadas intrigas, y decidió ir solo para echarle un vistazo a todo aquello, dejando a Oslo y a Niebla solos de nuevo.
Ese lugar era un hospital abandonado del cual un grupo se acabó apropiando de esas ruinas. No se sabe bien bien qué es lo que hay ahí pues no se ha esparcido ningún tipo de información del interior y tampoco los policías, si consiguen entrar, a la salida no dicen ni un solo comentario de que hacen allí dentro. Aquel sitio que se hacía llamar “El barrio zombie” tenía diferentes entradas.
Martí, decidió entrar por una entrada que estaba más apartada de las demás. Se sorprendió de que no hubiese ningún tipo de seguridad por la noche, pues por el día el lugar estaba abandonado totalmente, mientras que por la noche es cuando se podía ver El barrio zombie con todo su esplendor.
Al entrar todos los colores del interior le empezaron a envolver. Mientras más se adentraba por los pasillos más quería. Era como estar en una montaña rusa dando vueltas sin parar entre luces de colores y olores todos diferentes.
Cuando consiguió mantener la cordura, pudo ver mejor donde estaba. Todo el edificio estaba envuelto de luces de colores chillones, música y gente en los pasillos. En las consultas es donde estaban los puestos, de los cuales podían ser de diferentes cosas como; drogas, armas, unas cintas de video curiosas, fotos de personas, animales…
Todo era ilegal, Martí no podía creer lo que veían sus ojos. Quiso salir de inmediato de allí, pero al llegar a la puerta por donde había venido, había dos guardias. Uno de ellos sacó una navaja y le dijo que no le sonaba la cara, que posiblemente él sea nuevo y que en ese caso le tenían que explicar cómo van las cosas allí. Cuando Martí salió de allí y se sentó en un parque se miró la larga raga en el brazo que tenía del cual le goteaba la sangre. Se acordó de las palabras que le dijo uno de los guardias; “para que te quede como advertencia, si se lo cuentas a alguien, a quien sea, me da igual, pero si se lo cuentas a alguien, mataremos a tu querido perro llamado Oslo delante de ti mientras te desangras por la garganta”.
Cuando Martí volvió en sí, sacó de su bolsillo un papel para limpiarse las lágrimas y otro para limpiarse la sangre. Miro hacia el edificio y vio unas cámaras de seguridad totalmente nuevas de las cuales se movían mientras pasaban las personas y ahí lo entendió todo.
Había alguien controlando quién entraba y quién salía, y, seguramente con sensores dejaban que las personas abrieran la puerta o simplemente bloqueaban las puertas para que la gente no entrase.
Martí todavía seguía con una duda en la cabeza, ¿cómo es posible que sepan que tengo un perro, y que se llama Oslo? Eso significa que… Martí se levantó de un salto y, aterrado corrió hacia su casa. Eso significa que sabían que vendría al Barrio zombi y que dejaría a Oslo y a Niebla solos.
El corría entre lágrimas y con preocupación por si esos misteriosos de las cámaras le hubieran hecho algo a Oslo. No podía permitir que le pasase nada a él, había estado toda su vida con Oslo, él y Oslo se habían criado desde pequeños y Martí quería morir junto a él.
Cuando por fin llega a su casa, apresuradamente abre la puerta y…
Ve a Oslo tumbado en el suelo, lo llama dos veces, Oslo no reacciona, mira hacia los lados y no encuentra a Niebla, al acercarse a él y ve un charco de sangre acercándose a él. Cuando se agacha con tantas lágrimas que casi no puede ver, nota que Oslo tiene dos puñaladas en una de sus patas, la barriga abierta y un cuchillo clavado en un ojo.
Martí, llorando desconsoladamente en el cuerpo sin vida de su querida mascota Oslo, decidió ir a vengar su muerte.
Corrió hacia El barrio zombi, se acordó que detrás del hospital abandonado había un gran almacén que antiguamente lo servían para el hospital pero desde que el hospital cerró, el almacén se quedó abandonado de inmediato.
Al llegar no había nadie afuera vigilando, por lo tanto aprovecho para entrar en esa entrada directamente. Justo cuando abrió de una patada las puertas sacó la pistola que había cogido antes de irse de casa, y apuntó al frente. Cuando se dio cuenta, no había nadie, estaba todo vacío, excepto una cosa que estaba tirada en el suelo. Cuando se fijó bien qué era eso se dio cuenta que era Niebla. Al acercarse vio un gran charco de sangre con una bolsa de polvos blancos y marrones blancos esparcidos por el suelo. Cuando se quiso fijar que le había pasado a Niebla, se quedó aterrorizado, tenía el estómago abierto y los intestinos fuera desparramados en el suelo.
Martí se quedó paralizado y empezó a entenderlo todo.
Las víctimas eran camellos de droga u otros tipos de cosas. El intercambio se hacía en las afueras de El barrio zombi y cojian a jovenes que habian conocido El barrio zombi a los pocos días de cumplir los dieciocho años, para engancharlos a las drogas y como perritos falderos hacían lo que ellos quisieran, y si por algún casual les pillaban, los jóvenes eran mayores de edad de tal manera que podían ir a la cárcel. Lo que seguramente ponía en el papel era la dirección donde tenían que ir para entregar el contenido de la mochila.
A parte de utilizar jóvenes como camellos también utilizaban animales, metiendoles las drogas en bolsitas dentro de sus cuerpos.
Martí acabó resolviendo el caso, pero a un precio muy alto. Acabo contandoselo a la policía y ese lugar llamado “El barrio zombi” acabó desapareciendo. Martí acabó destrozado después de este último caso, sin poder borrar ninguna sola imagen de su cabeza.
Una semana después, sale en las noticias; “El mejor detective de la ciudad, Martí, se ha encontrado su cadáver colgando de una soga con los restos del cadáver de su perro a su lado. En el suelo la policía ha encontrado un papel arrugado con las letras medio borrosas”
Fin