Capítulo 1
Antonieta y Juanma observaban, desde su rincón de apáticos, el ir y venir de los invitados por el amplio salón. Asistir a la boda de David con Marla, la que había sido su mejor amiga, era una tortura que solo la lealtad de una amistad de años pudo obligarla a soportar. Juanma, sabiendo que durante tres años Antonieta había estado enamorada del novio, se refería a él como “el zoquete”.
La orquesta empezó a tocar una melosa balada cuando los recién casados se dirigieron a la pista. Mientras todos aplaudían y Antonieta clavaba la mirada en David con una mezcla de nostalgia y amargura, Juanma chasqueó los dedos frente a su rostro.
—¡Ya sé! En la Compañía buscan una asistente para el Departamento de Diseño—.Antonieta parpadeó, sacada de su trance.
—¿Y?
—¿Cómo que ‘y’? Que yo te recomiendo y voilà… ¡tienes chamba! —Ella arqueó una ceja, incrédula.
—Juanma, no se te habrá pasado por alto el pequeño detalle de que yo no estudié diseño.
—Tonterías. Tienes talento. Me has diseñado miles de camisas.
—¿Miles, Juanma?
—Bueno… doce. A la diseñadora principal le encantan. Cada vez que me ve una, pregunta dónde la compré.
—Eso es un cumplido, no una oferta de trabajo.
—¡Jamás! Tú hazme caso. Hoy hablo con ella y el lunes te presentas para la entrevista.
Una sonrisa dulce se dibujó en los labios de Antonieta. La fe inquebrantable de Juanma en ella era un faro en ese día gris. Pero su sonrisa se desvaneció cuando su mirada castaña se cruzó de nuevo con la del novio, quien, con su impecable esmoquin y su sonrisa de rubio perfecto, se acercaba a ellos.
—Ay, no… Ahí viene David —susurró, discretamente.
—Jodelachin —masculló Juanma con fastidio.
—¡Juanma! —le dio un codazo, reprimiendo una risa nerviosa—. ¡Cállate!
—¿Qué? ¡Mi corazón brinca de gusto al ver que el zoquete viene a saludar! —dijo con una voz impostada y un ceño fruncido, mientras tomaba de la mano a Antonieta con firmeza.
—¿Qué haces? —preguntó ella, confundida y a punto de reír—. ¿Qué pretendes?
—Tú cállate y sígueme el paso.
David se plantó frente a ellos con su sonrisa amplia.
—¿Te gustó la ceremonia, Antonieta?
—Sí, bastante… —soltó con sarcasmo, pero se corrigió de inmediato—. Quiero decir… ¡estuvo preciosa! Lo de las palomas fue muy original. Y cuando lloraron al decir los votos… súper conmovedor.
David la miró fijamente un segundo antes de volverse hacia el hombre a su lado, que lo observaba con una mirada capaz de derretir acero.
—¿No me presentas?
— Soy Juan Manuel Tapia —anunció Juanma con una voz de barítono que parecía a punto de entonar ‘El Barbero de Sevilla’—. Su novio.
Antonieta elevó ligeramente los ojos al cielo, conteniendo a duras penas la risa, un esfuerzo que se volvió casi imposible cuando sintió el firme apretón de mano de Juanma.
—Oh, ya veo. No sabía que tuvieras novio —musitó David, desconcertado.
Antonieta esbozó una sonrisa forzada. Juanma se irguió, haciendo gala de su imponente estatura de 1.90 m, y clavó una mirada desafiante en David.
—Pues ya ves que sí —dijo Juanma, con una firmeza que no admitía réplica. David lo miró con incomodidad antes de dirigirse de nuevo a Antonieta.
—Creí que no vendrías.
—¿Por qué no lo haría? —respondió ella, con una dulzura que sonaba a despedida.
—Porque… —David dudó, mirando de reojo a Juanma—. No, por nada. Nos vemos el lunes.
—¿No saldrás de luna de miel? —preguntó Antonieta, casi sin pensar.
—No, bueno… sí, pero hasta dentro de un mes. Así lo quiso Marla.
—Oh, ya veo… Felicidades por tu matrimonio, David.
Él se quedó un instante mirándola, como si intentara descifrar el código secreto de su corazón. Finalmente, con una sonrisa vaga, se retiró.
Antonieta siguió con la mirada su silueta hasta perderse entre la gente. “Adiós, David”, susurró con los ojos cristalinos por las lágrimas que se negaba a derramar.
Juanma, que no había perdido detalle, la regañó con un tono que pretendía ser severo.
—El lunes… el lunes sin falta te quiero en la Compañía. ¡Sin falta! Y si no estás ahí a las nueve, voy a tu casa y… ¡te saco de las greñas!
Ella lo miró con una media sonrisa, agradeciendo la exageración.
—Vaya, Juanma, hoy andas muy agresivo. ¿No te parece?
—Lo siento, pero es que yo quisiera que fueras más cabr…
—¡Juanma! —lo interrumpió, fingiendo escándalo—. Ya deja de usar ese léxico.
—Quisiera que no fueras tan dejada —suspiró, corrigiéndose—. Que si quieres algo, vayas por ello. ¡Y ya! Si te gusta alguien, vas y se lo dices. No te esperas a ver si él se da cuenta solo.
—Ah, sabios consejos, Juanma… pero yo no soy así y lo sabes. Yo deseo que me conquisten. Si tengo que pedir el amor que mi corazón anhela, entonces no lo quiero. El amor no debe conseguirse con trucos ni artimañas; pierde su magia.
Esperaba otro regaño, pero, para su sorpresa, encontró la mirada de Juanma llena de una ternura profunda.
—Entiendo y respeto eso —concedió él, suavizando su voz—. Pero lo otro no. El lunes te quiero en la Compañía a las…
—¡A las nueve de la mañana! —completó ella—. Te prometo que iré. Pero si no le gusto a tu diseñadora, no me culpes. Yo te lo advertí.
—No digas tonterías. Le vas a encantar.
—La verdad, eso deseo y espero.
—¿A quién no le gustas tú? —Antonieta volvió la vista hacia David, señalándolo con la mirada—.¡Por favor! Ese es un pennnnd…
—¡Juanma!
—…Pendular —improvisó él sin inmutarse—. No es un hombre seguro… No me dejaste terminar—. Antonieta no pudo evitar reírse ante sus inventos.
—Pensándolo bien —dijo, serenándose—, me gustaría mucho trabajar en el mismo lugar que tú.
—A mí también. Así por fin tendrás quién te defienda de los ‘zoquetes’ y los ‘pendulares’ de este mundo.
Ella lo abrazó con fuerza y él correspondió con un cariño sincero. Ninguno de los dos se percató de que David, desde la distancia, los observaba con una expresión indescifrable.
—Eres un gran amigo, Juanma.
—Y tú la mejor. A propósito, disculpa que mañana no te vea; tengo un compromiso. Pero el lunes sin falta te quiero a las…
—A las nueve —concluyó ella con una voz robótica y fingida—. Y si no voy, tú vas por mí y me llevas a la Compañía arrastrándome del cabello…
—Absoluta y definitivamente —afirmó él, con una sonrisa pícara—. Así será.