Gris como el destino

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Summary

Toda su vida, Shannon esperó que el agua la eligiera. Pero el orbe se volvió gris. Ahora está atrapada en la facción del Viento, rodeada de extraños que hablan de libertad mientras ella solo siente pérdida. El agua sigue llamándola desde dentro, pero el viento exige su lealtad. Y entonces está Jano: el instructor de ojos grises que la odia o la protege, que la destruye o la salva, que la mira como si ya la conociera. La guerra está en el horizonte. Los secretos están bajo la piel. Y cuando Shannon descubra que el agua y el viento pueden ser uno solo, tendrá que decidir no solo qué elemento la define, sino a quién está dispuesta a dejar entrar. Porque el amor, a veces, llega antes de conocerte. Una historia de magia elemental, guerra y un amor que desafía al destino.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

1 - Hoy es el día

Estaba de nuevo aquí. Sabía que era un sueño por la forma en que la superficie del agua brillaba con intensidad.

El agua siempre me había llamado. No lo hacía con palabras, solo, de alguna forma, siempre terminaba cerca de ella. No era algo que podía explicarle a los demás porque no lo entenderían y me tildarían de lunática. Pero podía sentir el agua.

Sentía el agua

Escuchaba su energía constante cada vez que me sumergía en el océano a la orilla de la aldea, cada vez que la lluvia caía sobre mi rostro o cada vez que mamá llenaba una jarra y el líquido se balanceaba dentro.

Podía haberlo dicho, al fin y al cabo estaba en la facción del Agua, ellos entenderían mi atracción por ella, pero la consideraba tan íntima, tan privada, que si me atrevía a compartirla estaría rompiendo un pacto no dicho.

La superficie del agua vibró y me agaché para sentirla. Extendí mi mano sobre ella y cerré los ojos concentrándome en la corriente que se movía debajo de mí.

Era tranquila, serena, casi...pacífica. Sonreí como pocas veces hacía y agradecí al agua en voz alta. Aquí nadie nos escucharía.

- Estamos a un paso de conectarnos para siempre. Hoy es el día.

Sonreí de nuevo y dejé que el agua me envolviera. Seguía escuchando en mis oídos “Hoy es el día” “Hoy es el día” hasta que cerré los ojos.

—Hoy es el día —dijo mamá desde la puerta de la habitación.

Me levanté sorprendida por despertar, pero en paz por el sueño que tuve.

-Hoy es el día - le dije y le dediqué una sonrisa - dame cinco minutos para bajar.

Mamá bajó las escaleras y yo me levanté hacia el espejo. La imagen que me devolvía la mirada tenía el mismo cabello castaño de mi madre, lacio y largo. En mis ojos, vi reflejado el color de aquello que tanto me llamaba, el océano se escondía detrás de mis cristalinos ojos azules.

-Es hoy. - Sonreí mientras tocaba inconscientemente el collar que siempre traía puesto. Era una pequeña concha marina con la que mamá dijo había aparecido un día en la playa y fue tanta mi insistencia por no apartarme de ella que la hizo un collar.

Caminé hacia la cama y me tomé un momento para admirar el uniforme que nos habían asignado para el día del Orbe. Era de un azul marino tan profundo que parecía beber la luz de la habitación, un color que evocaba el momento justo antes del amanecer sobre el agua. Confeccionado en seda gruesa y resistente, el mono de una sola pieza caía con la fluidez de quien conoce tanto la quietud como el movimiento. Tenía un bordado que recorría el entramado de la camisa, un hilo dorado que simulaba las olas en movimiento.

Al pasar la mano sobre la tela, casi podía sentir el poder de las olas sobre él.

Sería un honor seguir utilizando esta ropa.

Llevar las vestimentas azules no indicaban que me asignarían agua, pero honraban mis orígenes. Papá y mamá siempre fueron aguas y nos criaron a mis hermanos y a mí en un hogar tenaz, cambiante y fuerte como la corriente de un río. Quería honrarlos.

Al ponerme las prendas sentí el peso de mi decisión caer sobre mis hombros. No me quitaba la sensación de que hoy se definiría mi futuro, mi destino. Como si todas las acciones que había hecho durante mi vida me llevaran a este momento.

Bajé tomándome el tiempo para ver mi casa, mi hogar. Aunque fuese un agua, no vería este lugar en mucho tiempo. Tenía que aprender el arte de las corrientes, saber moverme con la misma fluidez que el agua.

Podría decidir vivir una vida tranquila, pero mi decisión estaba tomada desde que tenía uso de razón. Quería proteger a mi familia, mis amigos, mi aldea. Quería protegerlos a todos y para eso, debía aprender a combatir. —¿Estás nerviosa? —preguntó mi madre cuando me senté a su lado en el desayuno.

Inhalé profundamente. Llevaba dieciocho años esperando este momento. Dieciocho años donde el agua se colaba silenciosamente en mis sueños todas las noches llamándome a su encuentro. Dieciocho años imaginando el instante en que el orbe se convertía en azul bajo mis manos y me volvía eternamente lo que mi alma siempre ha anhelado: un agua.

—No —respondí sorpresivamente con honestidad—. Estoy lista.

Mamá sonrió y me apretó las manos con fuerza.

—Pase lo que pase, hija, recuerda que el agua siempre estará en ti. Nada de lo que diga un orbe puede cambiar eso.

Asentí sin siquiera pensar en esa posibilidad.

Mis hermanos pequeños bajaron corriendo y me dieron un abrazo antes de sentarse a comer con nosotros.

Me tomé un tiempo para mirarlos. Ya no estaría aquí todos los días. Sin duda iba a extrañar la forma en que Shako y Shalom se lanzaban miradas cómplices cuando escondían galletas en el desayuno o la forma en que papá se rascaba la barbilla mientras le pasaba otra galleta a los gemelos. Los iba a extrañar tanto. Pero hacía esto por ellos.

Hoy los iba hacer sentir orgullosos de mí. Terminé de comer la tostada y le di un beso a mamá y a papá en la mejilla y acaricié suavemente a los gemelos en la cabeza.

-Los espero en la ceremonia, no quiero llegar tarde. - tomé mi collar con fuerza y salí corriendo de la casa - Nos vemos allá.

Fue todo lo que dije antes de emprender mi viaje, todo lo que me permití para que no vieran las lágrimas que amanezaban con salir.

El Templo de los Orbes donde definiría mi facción, estaba en la cima de la aldea.

El camino de la montaña era bastante inclinado, un camino de piedra rodeado por palmeras naturales que crecían en toda la aldea. Tuve que cruzar varios faros antes de poder comenzar a divisar la estructura del templo. Todas las calles estaban decoradas con banderas azules que ondeaban con la brisa marina que llegaba de las playas. Los vecinos se asomaban para vernos pasar a todos los jóvenes que alcanzamos la mayoría de edad.

No pude evitar sonreír. A pesar de que este siempre había sido mi hogar, hoy sería definitivo. Esta sería la aldea por la que daría mi vida por proteger, por la que trabajaría. Este sería mi hogar.

Sentí una brisa fuera de lo usual a mi espalda, como si hubiese sido la sombra de alguien al pasar, pero antes de girarme por completo, una voz me distrajo.

—¡Shannon! —gritó una voz conocida.

Dorian corrió hasta donde estaba con una sonrisa brillante. Su cabello rubio estaba despeinado por el viento y sus ojos marrones irradiaban una emoción que no le había visto nunca. Era mi mejor amigo, con quien había crecido, jugado en los canales de riego y con quien siempre competí para ver quién aguantaba más la respiración bajo el agua.

—¿Lista para unirte oficialmente a los nuestros? —dijo, dándome un golpecito en el hombro.

Sonreí. Dorían siempre había sido así: seguro, confiado, incapaz de imaginar un futuro que no fuera el que había planeado. A veces lo hacía un poco ingenuo, pero sin duda era una característica que admiraba de él.

—El agua ya es mía —respondí—. Hoy solo lo haré oficial.

Dorian rió y su sonrisa me dio destellos de nostalgia. Hoy ya no seríamos dos niños jugando a ser agua, hoy juraríamos lealtad a nuestra aldea. Juraríamos aprender las artes de las corrientes para proteger a nuestro pueblo.

Hoy comenzamos la vida real.


Volví a sentir esa sensación de alguien caminando a mis espaldas y esta vez no pude quitarme el pensamiento de que era importante que me volviese.

Paré y miré hacia atrás. El océano se movía lentamente en el horizonte, el sol me golpeaba con una intensidad característica de las playas y las voces de los demás me llegaban como un cántico feliz. No divisé algo fuera de lugar.

Pero eso...eso a la distancia, pegado a una palmera con los brazos y piernas cruzadas, había algo familiar en esa figura.

-¿Estás bien? - la voz de Dorian me hizo volverme a él y le sonreí.

Cuando giré de nuevo, la figura había desaparecido. Tal vez la imaginé, seguro no era relevante.

Pero algo dentro de mí me decía que sí lo era, que debí seguirla, buscarla.

-Shannon - la voz de Dorian sonó preocupada y tenía su ceño fruncido mientras me miraba. Le sonreí y vi su mirada relajarse.

-Estoy bien, ¿listo para conquistar el agua? - lo tomé del brazo con afecto.

-Pensé que nunca lo mencionarías - sonrió y me abrazó con fuerza el brazo que tenía entrelazado con el suyo - Hoy seremos los novatos de las artes de las corrientes. Espero no te moleste cuando te gane como el mejor.

Reí genuinamente y lo empujé suavemente.

-Ya veremos lo que dirás cuando muerdas el polvo.

Reímos y seguimos caminando hacia el templo.

Sonreí, pero no evité mirar rápidamente hacia atrás para quitarme la sensación de estar dejando atrás algo importante. No vi nada parecido a la figura que había creído haber divisado.

Seguí adelante hacia el templo. Aquí, con Dorian tomado de mi brazo solo tenía una certeza:

Mi vida y mi destino estaban a punto de cambiar.