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La bestia

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Summary

Paul y Jay se adentran en el bosque con el objetivo de fotografiar a “La bestia”.

Status
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1
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n/a
Age Rating
18+

La bestia

—Y… —preguntó el guía—, ¿qué los trae por aquí?

Era un hombre enjuto, viejo, bajito. Calvo en la cabeza y con una barba que le llegaba hasta el pecho.

—La bestia. Ya sabe —le respondió mi mujer sin quitar la vista de su cámara.

Miraba a su alrededor con mucho entusiasmo. Yo no estaba tan tranquilo.

El hombre siguió caminando a través del sendero, por delante de nosotros.

Asintió.

—Por supuesto —dijo—. Todos vienen por la bestia. Ninguno regresa.

—Así que… —inquirí—. Es cierto eso, ¿no? Lo que se cuenta.

—Tan cierto como que yo mismo la he visto en persona.

Se acomodó la escopeta en el hombro y miró a su alrededor con preocupación.

—No entiendo por qué la gente se obceca en seguir viniendo aun cuando nadie regresa.

Me encogí de hombros.

—Es una gran primicia, ya sabe. Quien llegue a capturarla en fotografía seguramente se hará rico.

Él negó con la cabeza.

—Ninguna cantidad de dinero merece la pena si el precio a pagar es tu vida, hijo.

Suspiró con cansancio.

—Y sin embargo, no me quejo. Si no fuera porque la gente sigue viniendo a intentarlo, ya me habría muerto de hambre hace tiempo.

Saltó un pequeño arroyo que cruzaba el sendero. Nosotros hicimos lo mismo.

—Aun así —continuó diciendo el guía—, no puedo dejar de sentirme mal por las pobres almas que se internan en estos bosques.

Miró al cielo con melancolía.

—Es como si los guiara a su muerte.

Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo.

Preguntamos en el pueblo más cercano, pero nadie se atrevió a hacer de guía para esta zona. Solamente uno nos dio el sí.

El hombre de la cabaña, le decían los lugareños. Lo describían como alguien huraño pero sensato.

—¿Alguno ha vuelto con vida? —preguntó Jay, mi mujer.

Se había agachado frente a un arbusto de rosas y fotografiaba una mariposa.

—Ninguno —dijo él—. No cuando se internan tan profundo. Una vez entras en su territorio, ya no hay forma de salir. Hasta donde sé, solo un hombre ha logrado entrar y salir con vida.

Solté un suspiro de asombro.

—¿Y usted lo conoció?

Él se volteó a mirarme, con una sonrisa. Sus ojos eran negros y pequeños, y reflejaban sabiduría.

Luego, se volvió y siguió caminando hacia adelante.

—Vaya… —dije con admiración—. ¿Y la viste? A la bestia, quiero decir.

Él asintió.

—No fue una experiencia que quisiera repetir, chico. Aún están a tiempo de darse la vuelta.

Yo sonreí.

—Solo quieres ahorrarte trabajo, ¿no es así? Claro, como ya te pagamos…

Él se echó a reír con fuerza. Su voz era grave y profunda. Espantó algunos pájaros de alrededor.

—Lo digo en serio, chico.

—Tranquilo, anciano. Déjanos lo más cerca que puedas. A partir de ahí, iremos solos.

Él suspiró, cabizbajo.

***

Caminamos durante alrededor de dos horas más. El sol ya se ponía y los insectos nocturnos empezaban a emitir sus chirridos entre los matorrales.

—Acamparemos aquí —dijo el guía.

—¿En medio de la nada? —preguntó Jay, sobándose los brazos. Los tenía llenos de picaduras de mosquito.

—¿Qué esperabas, niña? Estamos en medio del bosque. Y se hace tarde. Créeme, no querrás quedarte a la merced del bosque para cuando la luz se haya ido del todo.

Ella hizo algunos pucheros, pero no había mucho qué hacer.

Instalamos el campamento en un claro cercano. Había un pequeño lago, y una bandada de patos boyaban en las aguas quietas.

Cayó la noche.

El guía hizo un fuego y se sentó a mirar las llamas, la escopeta al hombro, vigilante.

—¿No trajiste una carpa? —le pregunté.

—No puedo dormir esta noche. Alguien debe quedarse a vigilar.

—¿Estarás bien, anciano?

Él se rió en voz alta.

—Déjame hacer mi trabajo, chico. Ya dormiré cuando regrese a casa. No me gusta dormir fuera de mi cama, de todas formas.

—Gracias, hombre.

Él negó con la cabeza con una sonrisa tranquilizadora.

Me interné en la carpa.

—¿Capturaste algo bueno?

Ella negó con la cabeza mientras revelaba las fotos.

—Nada lo suficientemente bueno.

Traté de sonreír. No pude.

—¿Estás nervioso? —preguntó ella con los ojos entornados hacia arriba.

Tenía una gran cantidad de fotografías desperdigadas en el suelo frente a ella.

—Un poco —dije, sentándome a su lado.

—Debemos hacer esto, Paul. No nos queda más dinero. Si no logramos hacer esa fotografía, estamos arruinados.

Me llevé dos dedos al entrecejo.

—No me lo recuerdes.

Ella me dio un abrazo desde el costado.

—Tranquilo. Lo conseguiremos.

Me incliné sobre su hombro. No supe en qué momento nos quedamos dormidos.

***

Cuando desperté, el mundo estaba boca arriba.

Miré mis pies. Estaban atados con cuerda en la rama de un árbol.

—¿Ya despertaste? —preguntó el guía.

Me dolía mucho la cabeza. Traté de hablar, pero estaba amordazado. Traté de mover las manos, pero estaban atadas a mi espalda.

Frente a mí, el guía asaba sobre aquel fuego que había encendido en la noche, un enorme pedazo de carne.

Se levantó y caminó despacio hacia mí. Me quitó la mordaza.

Miré a un lado y otro, buscando a Jay.

—¿Dónde está? —grité—. ¡Dónde está!

Él mantuvo la calma. Se inclinó sobre una de sus rodillas. Su cara quedó al mismo nivel que la mía.

—Lo siento mucho, chico. La bestia tiene que comer.

Me señaló con la cabeza a un lugar a mi izquierda.

Lo miré.

Al principio no entendí lo que veía. Mis ojos tardaron en enfocar la escena.

Entonces, la reconocí.

Era Jay. Lo poco que quedaba de ella.

Estaba frente a un árbol, en pedazos.

La cabeza, con los ojos muy abiertos, me miraba con una expresión de terror permanente. Tenía un horrible agujero en medio de la frente.

—No… —sollocé—. ¡No!

Entonces, él sonrió. Tenía por dientes dos hileras de enormes colmillos amarillentos.

—Te lo advertí —dijo—. Siempre se los advierto. Pero ellos insisten.

Empezó a llorar, sin dejar de enseñar los dientes en aquella mueca.

No. No era una sonrisa.

—Y la bestia… —dijo, con la voz entrecortada—, la bestia tiene que comer…

Entonces, descolgó el rifle de su hombro y lo apuntó hacia mí. Lo puso entre mis ojos.

Tiró del gatillo.

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Compelling Plot

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Great Character

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Strong Dialog

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