𝓣𝓲𝓬𝓴... 𝓣𝓪𝓬𝓴...
Se presentaba una noche oscura, iluminada solo por el tenue brillo lunar. A pesar de que pesadas y oscuras nubes la tapaban hasta reducirla a un simple resplandor.
Las sombras deformadas de los árboles rondaban, con movimientos de precisión quirúrgica, frente al meneo de las hojas; Que susurraban y siseaban, de un modo escalofriante.
Una bella brisa veraniega movía una pequeña acumulación de extraviados frutos rojos…regados por las calles, ahora esparcidos, como si de gotas rojas se trataran.
Por la ventana el viento cálido silbaba, hasta acariciar el cabello de una chica.
A las 11:30 el reloj del pasillo resonó. Ese sonido la despertó, rechinando en sus oídos, como si alguien pasara una tiza por un pizarrón.
-30 minutos…- susurró la chica, su corazón le pesaba y sentía una tensión extraña en su habitación.
¿Estaba confundida? si, pero no titubeó, la cuenta regresiva había comenzado. Algo estaba pasando, y no esperaría para averiguarlo.
Cautelosa se puso de pie, abandonando la cama. Era consciente de que no debía tener miedo, pero aún así su cuerpo no parecía pensar lo mismo.
Ya que apenas bajó de la cama sintió un escalofrío doloroso que le recorrió lentamente la espalda.
Esa sensación que le heló las entrañas y le formaba un nudo en la garganta.
Salió de aquella habitación, no sin antes mirar de reojo, atenta, por el rabillo del ojo. Como si se asegurara de algo.
En puntillas (lo que lo hacía menos doloroso) pegaba pequeños saltitos apresurados mientras se dirigía hacia el reloj.
Su confusión solo incrementaba, frenada por un pequeño mareo que la golpeó al llegar frente a este (Aunque suspiro como si liberara una tensión).
Finalmente subió la mirada, verificando que su presentimiento no le fallaba.
Eran las 11:30.
Respiró hondo reteniendo el aire, tragó grueso, el aire que bajaba le raspaba como si de vidrio tratase, eso la dobló en dos. Repentino sudor helado brotaba de su frente. Lo cual solo la hizo alarmar más.
Qué ironía <<moriría a media noche>> pensó. Cumpliría sus dieciséis al trigésimo
“tick tack” del reloj.
Treinta minutos para la futura cumpleañera…
-TICK TACK-
<<genial>> pensó con ironía. Agachar la cabeza era lo único que le quedaba frente a semejante punzada que sintió en el corazón.
-otro minuto menos-
Alterada, se echó contra la pared, descendiendo hasta quedar sentada en el suelo.
Comenzó a pellizcarse, convencida de que estaba soñando, todo era tan extraño. El viento volvió a acariciar su cabello pero esta vez un poco más brusco, y ella se aferró a él jalando ligeramente fuerte hacia abajo. -tick tack-
Esto le estaba causando ansiedad, las náuseas la inundaban, se sentía atrapada en esa habitación, observada.
Cada -tick tack- una mirada, furtivas, acosadoras, que penetraban en su carne, profundos y persistentes.
Los pellizcos se convertían en arañazos,
Sus uñas rascando, una manía que tenía.
Pero cuando eso no fue suficiente, y los arañazos se tornaron de un rojo goteante decidió pararse. -tick tack- -tick tack-
...
Queriendo tranquilizarse, fue a buscar a la habitación de su padre.
-tick tack-
La gravedad que la atrapaba al piso se había disipado, pero las náuseas incrementaban con cada movimiento.
Se apresuró a llegar a la habitación de su padre. Abriendo con incredulidad la puerta,
Vacía. -tick tack-
Esto era lo más extraño, y lo que la terminó por enloquecer, el esternón le encogía el pecho, le costaba respirar.
No podría ser, esto no podría ser verdad. -tick tack-
Algo más estaba pasando, debía tratarse de algo más grande.
Comenzó a buscar a su padre, nada, en ninguna de las habitaciones. -tick tack-
Su respiración agitada llenaba el casi silencioso ambiente, acompañado por el molesto -tick tack-
¿Por qué?...¿Por qué le sucedía esto? Se quedó nublada, mirando a un punto fijo.
El -tick tack- retumbaba por toda la casa, las paredes, las paredes se le cerraban y las miradas se triplicaron.
Por Dios, se estaba ahogando, si no recibía ayuda terminaría muerta. Encerrada en ese escenario maldito, encarcelada, una condenada prisionera.
Creyó comprender, o eso se insistió, mientras repetía en voz alta sus atrevidas acusaciones
-ESTE DEBE SER DIOS CASTIGÁNDOME-
Se arrancó del alma, como a un quejido atrapado. Negaba frenética y alarmada, algo le quemaba, pero era frío. Su paranoia no le dejaba otra conclusión más lógica frente a su malestar, eso debía ser…
se sentó algo brusca pero tratando de poner “sus pies en la tierra” y apretó la alfombra peluda bajo sus manos hasta que sus nudillos se pusieron blancos de tanta fuerza que usaba.
Necesitaba tranquilizarse, la ansiedad la terminaría matando antes que el mismísimo tiempo. Respirar no la ayudaba, se jaló del pelo, debía reaccionar. O le vendría una taquicardia, eso la terminaría acabando…, seguro que antes que cualquier otra cosa que le pasara
-¿O quizás...no? - detuvo sus pensamientos aunque aún cargando con la ansiedad,
trató de reflexionarlo, usar el positivismo, aunque sea solo un tonto método de defensa frente a esta tortura.
-Tick tack-
Aunque un zumbido en su oreja izquierda la descolocó al instante, ese pensamiento no la calmaba, y tampoco respondía nada.
Tragó apresuradamente, la lengua le pesaba, y los ojos también, doliendo como si se fueran a salir de sus cuencas
-TICK TACK TICK TACK-
el zumbido en su oreja se unifica, pasando también a la otra. Ella comenzó a gritar, pero al no poder oír su voz, sintió que el “tick tack” se agudizaba más y más al punto de replantearse, si acaso ese ruido… era su voz.
Lo que solo causó que se echara al piso presionando sus oídos con fuerza tratando de parar.
El tiempo había pasado, muy pronto y el mareo cesó al escuchar un último
-TICK TACK-
Y con náuseas y el sudor helado cayendo sobre las lágrimas, mezcladas con las reales lágrimas que salían inconscientemente a consecuencia del dolor. Lo vio
11:46
Algo latía fuerte y pesado, en sintonía al reloj. Y bajo esa agonía delirante, donde todo se tornaba azabache, no estaba segura de si era ella o provenía del reloj. -Acaso esa máquina mortífera se convertía lentamente en un órgano- comentado como si fuera tan solo un jadeo.
Lo que se proyectaba ante su vista era un auténtico mundo de pesadilla.
Y era evidente que no era un alivio saber que estaba pronto a terminar.
Cerró sus ojos, con fuerza, y se paró con dificultad apoyándose en las cosas a su alrededor. Decidió salir a la calle, una acogedora noche de verano, con el leve calor en el aire y abrazadoras ventiscas que jugaban con su cabello. Cerró la puerta tras de sí.
El terror, la imagen de ese funerario reloj bombeante la aterraba. Y de pronto notó:
El reloj la seguía, ese -TICK TACK-
Calles vacías, las únicas expectantes a su sufrir, eran las mismas sombras de la ciudad misma, parecía desarmarse con cada paso, y procuraba agarrarse el pecho como si el corazón se le fuera a salir en cualquier minuto, ya que estaban pasando muy rápido, uno por uno, mientras ella aparentaba huir.
Ahora, aquí estaba, el aire helado invadía sus pulmones, cortando cualquier clase de pensamiento que no sea -tick tack- mientras la presión en su pecho solo incrementa, su cabello borgoña volaba tras de sí.
Y sus latidos llegaban hasta sus oídos, interrumpidos sólo por el persistente -tick tack- del reloj, algo que aún la perseguía. Tropiezos tras tropiezos, desesperados.
Los caminos se volvían de tierra y la acera comenzaba a ser pasto, atravesó un claro calmo y llegó. A un entorno de aire nebuloso, charcos de aguas opacas y protuberancias en la tierra, finalizadas con grandes rocas rugosas y musgosas.
y antes de darse cuenta se encontraba en el suelo, a los pies de un no tan gran árbol.
Las raíces sobresalían de la tierra
Un zumbido resonó en su cabeza, y se levantó con aturdimiento. ¿Habría pasado otro minuto?
El tiempo se distorsionaba pero al cerrar los ojos, aún veía las manecillas moverse.
Los segundos, los minutos.
Aquellos árboles se trataban de Rowan, o serbales en español. -Rowan- susurró, ese era su nombre.
El paisaje era lúgubre, montones de copas rojas (de un rojo que la estremecía, y abundantes ganas de vomitar), iluminadas por la luna que se asomaba tras las oscuras nubes. Olía a lluvia, que raro para ser una noche de verano.
Trató de pararse, aferrándose a las rocas y ramas a sus costados, espinas se clavaron en sus palmas, pero se aferró igualmente.
-Tick Tack- (resonó huecamente)
Cuando su madre vivía -recordó-,
amaba recolectar sus bayas, y cuando ella era tan solo un feto, en la barriga de su madre, ésta bebía el té de los frutos.
-tick tack-
Frutos de un rojo vivo e invasivo, como la sangre que corría aquel día.
-Aquel maldito día-
susurró casi para sus adentros
Cuando Rowan era solo una niña, y la acompañó, alegre y risueña a recolectar frutos de serbal (rowan). -tick tack-
(que sonido rechinante y penetrante, que le interrumpía los recuerdos).
“¿Sabes? …estos frutos son muy ácidos, ¿pero tú? Tú eres una niña muy dulce y alegre. Es divertido, ¿no lo piensas? Eres una completa antítesis” su madre se carcajeaba.
Qué linda sonrisa que tenía. Antes de que cayera, de la vieja escalera, y se borrara en una mirada perdida. Todo se tiñó de rojo -tick tack- …,y la pequeña no supo saber, si eran los frutos, o su madre, y cuando pudo reaccionar, e intentó caminar a ella, no hubo nada que hacer. -tick tack-
Gritos y llanto desgarradores, que un grupo del pueblo fue a averiguar, y al contemplar la escena, las llevaron con prisa de regreso.
Esa tarde no bebieron té de Rowan, en el reflejo rojo en la taza solo la helaba.
Rowan, miró a su alrededor, el rojo aún la aterraba. Tenía los ojos llenos de lágrimas, una migraña cortó como cuchilla volviéndola a la realidad, cortando aquel recuerdo, sus gritos pasados.
El reloj no tardó en aparecer, y un corte en seco la devolvió a la realidad, y al suelo.
Sangre, que caía de su frente y espinas, que invaden su alrededor, se aferran a su piel y a su ropa. Su respiración agitada, la ansiedad le asfixia la garganta, y se apresuró a agarrarla. Una tensión la ligaba al suelo, era un miedo muy pesado.
-Sangre... Sangre aquí no- jadeo, el recuerdo de ese momento volvía, una y otra vez.
Entonces lo sintió: El collar, ese maldito reloj de mano estaba ahí, apretado, aferrado a su cuello.
Perteneciente a su madre
-tick tack-
Esa sonrisa, el corte, la sangre.
Ruido, llanto y gritos
-tick tack-
Los recuerdos y pensamientos volaban en su cabeza, agotadores.
La tierra latía fuertemente y las ramas temblaban más rápido que el viento.
De la corteza emergió entre venas el reloj (también latiente).
-Tick tick- -tick tack- -tick tack-
¿¡Qué estaba pasando!?, un vistazo a su alrededor, más relojes entre la maleza…¿sería esto posible? -Tick tick- -tick tack- -tick tack-
Latidos al unísono, bayas rojas que caían en forma de gotas, cayendo en grandes charcos que manchaban la tierra en un rojo que se apoderaba de todo (otra vez...)
Le faltaba el aire y la gravedad la ancló al suelo, marchándose con gotas de su sangre, que se mezclaba junto a las bayas, ...por Dios, ¡¿cuál era cuál!?
¡¿Mucho jugó..., mucha sangre, ...muchas bayas?!
-tick tack-
-tick tack-
-tick tack-
Finalmente silencio, repentino y siniestro silencio. Levantó la cabeza, nada.
Solo su sangre caía gota por gota de su frente.
Eso solo la agitó más, su corazón advertía salirse, la presión en su pecho, esa palpitación apresurada, desesperada solo crecía.
Con un crujido, se lo arrancó del cuello, ese maldito "collar", se sintió como un latigazo, pero también como un alivio.
Y con él, un estremecimiento familiar, pero una sensación de que en el ahora “espacio faltante” se le clavan más espinas, una por una, y aun así no había nada.
Gotas apresuradas brotaban de sus ojos y un jadeo desesperado le recuperó el aliento, pero a medida de que las gotas caían, no pudo reconocer si eran lágrimas o más sangre.
No tenía ni idea cuánto tiempo había pasado, le aterraba la idea, pero eso ahora no importaba…
Sujetó con firmeza aquel manipulador objeto, enredó lentamente su cadena entre los dedos, apretando con odio
-Tick tack- latió
y con mirada fija y segura, penetrante hacia el objeto (aunque en aquel reflejo, aún veía aquella sonrisa), decidió.
Debía destruir ese reloj.