Capítulo 1
El mensaje me llegó bien entrada la madrugada.
Estaba medio adormilada después de pasarme todo el fin de semana encerrada en mi habitación viendo una serie de estas que están en tendencia.
Las clases terminaron hace una semana exacta.
Y mientras mis amigas están en la playa, yo estoy encerrada en mi habitación sin querer ver a nadie o hablar con alguien.
Me froto los ojos con pereza, mientras mi teléfono no para de vibrar y encenderse la maldita pantalla.
Seis notificaciones.
Sé que las chicas me están contando con pelos y señales lo bien que se lo están pasando en Ibiza. Pero ahora mismo ese tema no me interesa en absoluto.
Desbloqueo el móvil con pereza y lo primero que ven mis ojos es una notificación de Instagram, seguido de unos cuantos mensajes en el chat grupal de mis amigas.
Miro con una ceja arqueada la notificación de Instagram.
No me suelen llegar muchas notificaciones de esa aplicación, más que nada, porque casi no la utilizo, por lo que, decir que me sorprende es quedarme corto.
Me siento en la cama, mientras cojo los cojines y los coloco detrás de mi espalda. Me apoyo dejándome caer y tras frotarme los ojos por cuarta vez, enciendo la lamparita que tengo en la mesita de noche.
Entro en la aplicación y voy directamente al apartado de los mensajes. En la bandeja de solicitudes.
Es un simple mensaje:
@adri_lpb22: holaa.
Miro el mensaje con una ceja arqueada y cero confianza. ¿Qué narices quiere y por qué me ha escrito?
Sé que hasta que no le dé a aceptar la solicitud, no verá que he leído el mensaje y eso me da un poco de paz, porque si encima hubiera visto que he pasado de él, la culpa me comería por dentro.
Y eso me pasa muy a menudo.
Vuelvo a releer el mensaje por segunda vez. Hay una simple palabra. Cinco letras. Y aún así, eso consigue que todo mi sistema nervioso colapse.
Mierda, ¿qué me pasa?
Bloqueo el móvil antes de que me lo pueda pensar dos veces, apagó la luz de la lámpara y me vuelvo a tumbar en la cama.
Con el móvil bloqueado y descansando en la mesita de noche, me obligo a mí misma a cerrar los ojos con fuerza, respirar hasta diez y centrarme en volver a dormirme.
«Eso sí que lo puedes hacer, ¿no Lily?»
💌💌💌
—¡Lilian, el desayuno ya está servido!
Los pequeños rayos de luz, se cuelan por la ventana de mi habitación, en el momento en el que abro los ojos, perezosamente.
El reloj que tengo en la mesita de noche, marca que son las ocho menos veinticinco de la mañana. «Joder mamá, me podrías haber dejado dormir por lo menos, hasta en punto.»
Me quito la colcha azul de encima. Me calzo las zapatillas de estar por casa y tras, colocarme bien la camiseta de tirantes del pijama, salgo de la habitación con un cansancio digno de admirar.
—Buenos días, bella durmiente —me saluda mi hermano, nada más pasar por su lado.
—¿Y este buen humor, Óscar? —increpo, cruzándome de brazos.
No entiendo como mi hermano mayor, puede estar de tan buen humor, un lunes por la mañana. Yo por mucho que lo intente no lo consigo y eso me cabrea.
En general me cabrea todo el mundo.
Y más, cuando me acabo de despertar.
—No todos somos unos amargados, Lily —bufa.
Ignoro a mi hermano y continúo mi camino hacia la cocina. Mi estómago está rugiendo y es que, después de pasarme todo el fin de semana encerrada en mi habitación, pocas veces he salido para ir a comer y eso ahora me está pasando factura.
—¡Lilian! —vuelve a gritar mi madre.
Pero antes de que pueda volver a llamarme la atención, entro en la cocina. Lleva su cabello rubio recogido en una coleta para no mancharse el pelo de masa.
Le lanzo una sonrisa cansada, me siento en uno de los taburetes de la isleta y cojo el café que me ha preparado. Le doy dos sorbos, cuando de golpe escucho unas risas procedentes de la puerta.
—¿Óscar? —le llama mamá—, ¿Estás con Betty?
Mi hermano lanza un gruñido desde la entrada de casa, lo que da por hecho que su novia acaba de llegar a casa.
Betty y mi hermano llevan saliendo dos años y medio, se conocieron cuando él estaba en su último año de instituto, ella había sido transferida desde otro instituto de la zona, cuando se conocieron fue amor a primera vista.
Desde que ambos entraron en la universidad, casi no han podido verse, ya que Óscar se ha ido al otro lado del país, pero aun así, su relación sigue en pie y cada día más fuerte que el anterior.
A veces me da muchísima envidia la relación de mi hermano, pero lo compenso teniendo a unas amigas geniales.
—Lily —me devuelve a la realidad mi madre—, ¿Estás nerviosa por la entrevista de trabajo?
—No, mamá.
—Seguro que la clavas, cariño —me anima.
—Lo sé.
Desde que el instituto terminó, mi madre me lleva dando la tabarra con buscarme un trabajo para el verano y así poder ir ahorrando para la universidad.
He intentado retrasar este día todo lo posible, pero al final, ha llegado y eso me está poniendo de los nervios.
Una de las razones por las que no fui con mis amigas a Ibiza, fue por esto. El trabajo. Mientras que el resto disfruta de sus merecidas vacaciones, emborrachándose y divirtiéndose, yo me pasaré las mías haciendo de canguro a medio vecindario.
¿Veis qué vacaciones más divertidas?
Me termino el café, cuando mi hermano y su novia están entrando por la puerta de la cocina. Betty me saluda, con un pequeño abrazo y la promesa de ir de compras juntas antes de que termine el verano.
—Te tomo la palabra —le digo, bajándome del taburete.
—¿Sobre qué? —se interesa Óscar.
—Temas de chicas —le resto importancia, pero mi hermano me mira con una ceja arqueada—, ya sabes, pañales, patucos, potitos…
Mi madre se atraganta con su café, mi hermano abre los ojos como platos y Betty suelta una carcajada. Me uno a mi cuñada a las risas, mientras mi madre fulmina con la mirada a Óscar y mi hermano, piensa como matarme.
Bienvenidos a mi vida.
Caótica y desastrosa, pero completamente funcional, más o menos.