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Jimin tiene 26 años y es profesor de danza. Es un chico alegre y lleno de energía, pero esa faceta desaparece por completo en cuanto ve la cara de Jungkook. Su carácter cambia al instante, transformándose en pura irritación.
Jungkook tiene 29 años y es profesor de deporte. No es una persona especialmente social y suele mantener una actitud seria, pero su pasatiempo favorito es molestar a Jimin.
Ambos son vecinos y la única razón por la que se soportan en el mismo espacio es por Taehyung, quien es el hermano mayor de Jimin y, al mismo tiempo, el mejor amigo de Jungkook.
🌙Jimin🌙
🌙Jungkook🌙
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Jimin se levantó cuando los rayos del sol se colaron por su ventana. Como todos los días, se dirigió directo al baño, dejando que el agua templada recorriera su cuerpo para despejar su mente antes de comenzar su jornada en la academia de danza.
Al salir, comenzó su meticulosa rutina de belleza. Aplicó con suavidad un tónico hidratante, seguido de una esencia ligera para darle brillo a su piel. Con movimientos expertos, colocó un poco de corrector para unificar su tono y un toque sutil de bálsamo labial con color, asegurándose de que cada detalle fuera perfecto. Se vistió con ropa cómoda pero con estilo, sintiéndose listo para conquistar el día.
Se asomó por su ventana para disfrutar del hermoso día soleado, pero la calma duró poco. Justo del otro lado de la cerca estaba Jeon Jungkook, apenas envuelto en una toalla que colgaba peligrosamente de su cadera, dejando ver su torso aún húmedo.
-Qué fastidio.
Susurró Jimin para sí mismo, frunciendo el ceño al ver a su vecino insoportable.
En ese momento, Jungkook levantó la vista y sus miradas chocaron.
-Qué tanto me miras, nene? No me van los hombres, así que no te hagas ilusiones.
Le gritó Jungkook, apoyándose en el marco de su ventana con una sonrisa burlona que le tensó los nervios a Jimin.
Jimin torció los ojos, sintiendo cómo la irritación le subía por el cuello.
-Tal vez me haría ilusiones si te operas la cara, simio.
Replicó Jimin sin dudarlo, antes de apartarse de la ventana con desprecio.
Y así eran todas sus mañanas. Jimin y Jungkook se conocían desde pequeños, ya que Jungkook siempre fue el mejor amigo de Taehyung, el hermano mayor de Jimin. Sin embargo, la familiaridad no trajo afecto: desde la primera vez que se vieron, se detestaron.
Jimin lo odiaba porque sentía que Jungkook le robaba la atención y el tiempo de su hermano. Por su parte, Jungkook nunca perdía la oportunidad de molestarlo, diciéndole que parecía más una muñeca que un chico de verdad.
Sus familias y conocidos creían que, con el paso de los años, ambos madurarían y dejarían atrás esa rivalidad infantil, pero el tiempo solo perfeccionó sus métodos de ataque. Jimin solía ponerle pica pica en la ropa interior a Jungkook, y este, en venganza, solía romperle sus maquillajes más caros.
Incluso ahora, siendo adultos con sus propias vidas y responsabilidades, nada había cambiado. Seguían viviendo como perros y gatos, incapaces de estar en el mismo código postal sin buscar la manera de sacarse de quicio.
🌙
Jimin bajó las escaleras y encontró a Taehyung, quien ya le tenía listo el desayuno.
-Buenos días.
Saludó, aunque su rostro era el vivo retrato del fastidio.
Taehyung comenzó a reír al notar que su hermano ya venía con los cables cruzados. Era más que obvio que ya se habían visto las caras.
-Ya discutiste con Jungkook?
Preguntó divertido.
-Es insoportable, se cree la gran cosa con esa cara fea que tiene.
Respondió Jimin, torciendo los ojos.
Taehyung soltó una carcajada; para él, las peleas de esos dos eran el mejor entretenimiento del día.
-Te dije que podíamos cambiar de habitación, pero no quisiste.
Le recordó, ya que los dormitorios de Jimin y Jungkook quedaban exactamente uno al lado del otro, separados apenas por la cerca y la distancia entre las ventanas.
-No pienso darle el gusto a ese idiota.
Sentenció Jimin mientras se sentaba a desayunar.
Taehyung lo observó con una chispa de malicia en los ojos.
-No entiendo por qué no se soportan, si al final terminaron trabajando en la misma escuela y todo. A veces pienso que se gustan.
Jimin hizo una mueca de asco inmediato, casi atragantándose con el bocado.
-Ni en mis peores rugidos de tripas estaría con ese simio.
La situación era casi una ironía del destino. Cuando los padres de Jimin y Taehyung fallecieron, ambos hermanos decidieron mudarse y comprar su propia casa con el dinero de la herencia. Jungkook, con la excusa de que no quería dejar a su mejor amigo solo, decidió mudarse justo a la casa de al lado. Y como si eso no fuera suficiente castigo para Jimin, a los dos días resultó que ambos trabajaban en la misma institución educativa, extendiendo su guerra particular desde el vecindario hasta el lugar de trabajo.
Cuando Jimin salió de su casa, listo para subir a su auto, el día se le volvió a amargar en un segundo. No había caminado ni tres pasos cuando la voz de su vecino lo alcanzó como un dardo.
-No crees que tienes mucho trasero? Deberías operarte.
Soltó Jungkook con una risa burlona.
Le encantaba ver cómo a Jimin se le ponía la cara roja de puro enojo; era su pasatiempo favorito. Jimin se detuvo en seco y fulminó con la mirada a Jungkook, quien acababa de abrir la puerta de su propio vehículo con una suficiencia que desesperaba.
-Tal vez deberíamos ir juntos, así de paso te operas la nariz.
Retrucó Jimin, soltando una carcajada sonora mientras disfrutaba de ver cómo la sonrisa de Jungkook se borraba de golpe.
Subió a su auto rápidamente, escuchando de fondo cómo Jungkook lo maldecía entre dientes mientras arrancaba el motor. Definitivamente, la tregua no estaba en los planes de ninguno de los dos, ni siquiera camino al trabajo.
En la academia, el secreto era a voces: todos sabían que el profesor de danza y el de deportes no se soportaban. La tensión entre ellos era tan evidente que incluso los estudiantes hacían bromas al respecto; en los pasillos se comentaba, entre risas, que parecían niños chiquitos que solo buscan molestar a la persona que les gusta.
Aquella dinámica se repetía en cada rincón del instituto. Si Jimin estaba en el salón de danza ensayando una coreografía delicada, Jungkook pasaba por el pasillo haciendo rebotar un balón de baloncesto con fuerza innecesaria, solo para interrumpir su concentración. Si Jungkook estaba en el patio organizando un entrenamiento, Jimin cruzaba el lugar con la música a todo volumen en su altavoz portátil, ignorando olímpicamente las quejas del pelinegro.
-Bájale a esa cosa, Park! Mis alumnos no pueden escuchar mis instrucciones!
Gritaba Jungkook, con el silbato colgando del cuello y una expresión de fastidio absoluto.
-Pues grita más fuerte, Jeon! A ver si así se te quita lo amargado!
Respondía Jimin sin siquiera mirarlo, continuando su camino con una sonrisa triunfal.
Los alumnos solo intercambiaban miradas cómplices. Para ellos, era el espectáculo diario de la academia: dos adultos profesionales que perdían los papeles en cuanto se cruzaban, alimentando una rivalidad que, a ojos de los demás, empezaba a parecerse demasiado a una obsesión.
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